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Julio Basulto: “Entre las cosas que más influyen en la alimentación infantil está el poco tiempo que le dedicamos a los niños”

 

Pese a que cada vez hay más información en torno a la relación que existe entre hábitos de vida y salud, la normalización de determinados productos insanos junto a una legislación demasiado laxa en torno a la publicidad de los mismos, provocan que no acabe de producirse un cambio en la población. En este sentido la labor divulgativa de dietistas – nutricionistas como Julio Basulto se hace incuestionable. Padre de tres hijas, docente, colaborador en ‘Materia’, la sección de ciencia de El País, de programas de radio como ‘Gente sana’(RNE) o ‘Ser consumidor’ (Cadena SER) y autor de libros como ‘Se me hace bola’, ‘Mamá come sano’ o ‘Más vegetales, menos animales’, es, sin duda alguna, uno de los nutricionistas más conocidos de la Red. En ella se siente como pez en el agua y, consciente de su valor como altavoz divulgativo, no duda en seguir diciendo las cosas muchas veces, “con metáforas y sin ellas”, pero siempre apoyado en la evidencia científica, para que sea complicado llevarle la contraria.

 

Eres titulado en Nutrición Humana y Dietética por la Universidad de Barcelona. ¿Cuándo comenzaste a interesante por la alimentación y qué te llevó a seguir este camino profesional?

Bueno, yo accedí tarde a la universidad. Lo hice ya pasados los 25 años, y por aquel entonces tenía un trabajo que nada tenía que ver con la nutrición. Era cartero de Correos, y antes me saqué el título oficial de cocinero. Me gustaba la cocina pero no trabajar como cocinero, entre otras cosas, por el ambiente autoritario que sentía en ellas. El caso es que mientras trabajaba de cartero tomé la costumbre de leer el Diario Médico a la hora del almuerzo (antes de entregarlo a su destinatario, un médico del barrio) y fui tomando cada vez más conciencia de la relación existente entre nuestro consumo de alimentos y las enfermedades crónicas. Y precisamente fue a través de Diario Médico que descubrí que la Universidad de Barcelona había hecho oficial el título de su carrera de Nutrición Humana y Dietética; así que me animé a ello. Yo, que había sido un mal estudiante durante toda mi vida, destaqué bastante en las notas. Y no por haberme vuelto inteligente de golpe (sigo siendo el mismo), sino porque estaba muy motivado.

Desde hace años, además de colaborar en diversos medios como Radio Nacional de España, El País o Cadena Ser, ejerces como docente. ¿Qué ves entre tus alumnos?

Trabajé como profesor asociado en la Universitat Rovira i Virgili pero ahora ejerzo como docente en diferentes posgrados de varias universidades. A lo largo de este tiempo diría que he visto que hay diferencias notables entre los alumnos de un posgrado que pueden venir de diferentes campos y los que están estudiando Nutrición Humana y Dietética. En el caso de los primeros sí que observo que todavía perduran muchos mitos alimentarios, como el de que la carne es imprescindible o cosas parecidas. Entre los segundos lo que veo es gente muy motivada, apasionada por la nutrición, y con ganas de cambiar el mundo. Pero estoy generalizando mucho: es posible que lo que acabo de decir no sea más que un prejuicio.

 

Redes Sociales

Tienes más de 50.000 personas en Facebook y casi 30.000 en Twitter

¡Y no he comprado a ninguno! Empecé hace cuatro años y lo hice con la autoestima suficientemente alta como para soportar las críticas cuando digo lo que pienso.

Mencionabas el poder de la publicidad de productos insanos en las redes sociales. ¿Qué percepción tienes de las redes en cuanto a nutrición?

Estoy convencido de que buena parte de las redes sociales están compradas por la industria alimentaria. La publicidad de productos insanos es tremenda. En cuento a la gente, tengo la percepción de que está mejorando la información que se tiene sobre alimentación. De nuevo, es mi opinión, y puede ser muy sesgada porque, como digo, solo es una percepción. Sea como fuere, estoy seguro de que hay esperanza y de que merece la pena seguir divulgando.

 

 

Mejores hábitos de vida

Pese a que cada vez hay más información no sé si eso se está empezando a traducir en mejores hábitos de vida. ¿Falta decir las cosas más claras en nutrición o crees que, en el fondo, no queremos saber?

Creo que la gente sí lo quiere saber, pero hay tanta presión desde diferentes frentes para convencernos de que no pasa nada por tomar un refresco, bollería, un postre azucarado, una copa de vino, cárnicos procesados, fast food, zumos, etc., que hace falta repetirlo muchas veces con datos sólidos, con libros, con información. Digo las cosas muchas veces, con metáforas y sin ellas, y siempre intento acompañar lo que digo con pruebas científicas sólidas detrás, para que sea muy difícil llevarme la contraria (si me demuestran que me equivoco, lo agradezco y corrijo, por supuesto). Además, son muchos los investigadores que están detrás de la lucha por la defensa de la salud pública, y citarlos es una manera de reconocer su labor.

A veces creo que es un poco como decirle a alguien que fuma que deje de fumar; suele haber una actitud un poco a la defensiva o se relativiza…

Bueno, yo nunca le digo a nadie, a no ser que me lo pregunte, que cambie sus hábitos. Hago una excepción si esa persona esté dañando a un tercero. Por ejemplo, si va a conducir bajo los efectos del alcohol, si se trata de una mujer embarazada o si un padre está fumando delante de los niños. En tales casos sí me siento en la obligación de decir algo.

¿Cual es el secreto de la gente sana?

Yo lo resumo con el acrónimo REMAR, que definí en el libro ‘Secretos de la gente sana’. Es decir, tener objetivos que sean Realizables, Específicos, Medibles, Acotados en el tiempo y Relevantes. Si tú te planteas que algún día vas a “comer mejor”, por ejemplo, pues será algo indefinido y, por tanto, es difícil de lograr. Otro ejemplo: si el médico te dice “intente no engordar”, te está dando un consejo tan poco realizable como si a mí me dijeran “intente que no se le caiga más pelo de la cabeza”. En todo caso, yo creo que el secreto de la gente sana es lo que se conoce como la “competencia inconsciente”: cuando haces las cosas bien sin ser consciente de que lo estás haciendo bien. Eso es a lo que tenemos que aspirar a llegar: disfrutar dando el pecho, comiendo alimentos saludables, teniendo unas relaciones sanas, bebiendo agua cuando tenemos sed, realizando ejercicio con la misma rutina con la que nos vestimos cada mañana… Sin ser conscientes de ello, sin esforzarse. Es algo que se puede conseguir teniendo en cuenta el acrónimo REMAR.

 

La alimentación infantil hoy

Has escrito seis libros, bien en solitario o como coautor (‘No más dieta’ , ‘Secretos de la gente sana’, ‘Se me hace bola’, ‘Mamá come sano’, ‘Comer y correr’ y ‘Más vegetales, menos animales’). De ellos, creo que ‘Se me hace bola’ es un imprescindible para muchos padres recientes, y no tan recientes.

‘Se me hace bola’ es un homenaje al pediatra Carlos González. A mí me cambió la vida, y creo que a mucha gente le ha cambiado la vida Carlos González. En el prólogo del libro lo digo: es una manera de amplificar lo que él ya ha dicho, de ponerlo con otras palabras. Pero también aproveché para añadir la importancia de la dieta sana en la vida del niño, algo en lo que Carlos no insistió tanto (en un libro no cabe todo, claro). Con la presión que existe actualmente para que comamos mal creo que el libro es necesario.

Muchos padres se preocupan cuando sus hijos “no comen”. Por ejemplo, cuando los niños no quieren desayunar y para que lo hagan optan por galletas y productos “atractivos” pero de bajo interés alimenticio. ¿Necesitamos de verdad desayunar?

El desayuno es la comida más importante del día para quien vende cosas para el desayuno. ¿Y es realmente la comida más importante del día? Bueno, pues si solo vas a comer una vez al día, entonces claro que será la más importante; pero, realmente, el desayuno no solo no es la comida más importante del día sino que muchas veces es la más desequilibrada de todas porque se desayuna bollería, galletas, cereales cargados con azúcar, cacaos, postres lácteos… Sería entonces mucho mejor no haber desayunado que desayunar.

Está demostrado, además, que obligar a un niño a desayunar incrementa su riesgo de padecer obesidad. Desayunar no es necesario para el rendimiento deportivo ni académico, sino que funciona al revés: los niños con buen rendimiento académico son más proclives a desayunar en familia, y los niños con un buen rendimiento deportivo son niños que hacen mucho ejercicio y que por la mañana tienen más hambre. No funciona al revés, no es que desayunar les haga estar más activos, sino que la actividad les hace tener un mayor apetito.

Galletas, lácteos, zumos… se han normalizado mucho en nuestro día a día.

Sobre ese tema es imprescindible citar a Carlos Casabona porque es un referente. A ‘Mi niño no me come’ y ‘Se me hace bola’ creo que le falta un complemento, y ese es el libro ‘Tú eliges lo que comes’. En él, Casabona explica muy bien cómo se ha llegado a normalizar la presencia de estos productos malsanos en nuestro día a día, y demuestra cómo de ninguna manera podemos compensar con ejercicio físico la cantidad de grasas, azúcar y calorías que nos aporta la ingesta de tales productos. La gente que nos rodea los consume de forma habitual, y eso contribuye a su normalización. Pero influye mucho más que los medios de comunicación insinúen continuamente mentiras como que el azúcar es necesario para el cerebro y los músculos del niño.

También influye que tenemos una legislación que tolera que podamos ver publicidad dirigida al público infantil de productos insanos. Y se utiliza a personajes públicos y conocidos que tienen un efecto brutal de atracción sobre el niño. Para mí, uno de los factores más determinantes para conseguir que nuestros hijos coman mejor es la prohibición de la publicidad de alimentos insanos dirigida al público infantil y juvenil.

¿Y cómo “controlar” ese bombardeo permanente de comida insana al que están sometidos los niños cuando en casa no se toma ese tipo de productos?

No sé si vale la pena luchar contra el entorno, pero sí sé que el control encubierto puede ser eficaz: no ir a determinados eventos, evitar determinadas situaciones… sin que el niño lo sepa. Es difícil, pero no es imposible.

¿Nos liamos mucho con la alimentación de los niños? ¿Quizás es más fácil de lo que nos han hecho creer?

Cerca del 85% de los padres coaccionamos a nuestros hijos con lo que comen.Como expliqué hace poco en un texto titulado “Decir “cómetelo todo” no es alimentar bien”, alimentar bien es ofrecer una alimentación saludable a la vez que respetamos tanto las preferencias particulares del otro, como sus sensaciones de hambre y saciedad. Pero, incluso antes que entender esto, es más importante saber que cuantas más veces comamos con nuestros hijos, mejor; porque el propio niño es el que te enseña a ser padre a base de prueba y error. Yo creo que entre las cosas que más influyen en la alimentación infantil está el poco tiempo que le dedicamos a los niños. Si solo pudiera dar un consejo dietético a los padres, sería que comieran más con sus hijos, en familia.

Los estudios muestran que los niños que comen a menudo con sus padres acaban comiendo mejor, lo que se relaciona con menos riesgo de de obesidad, menos trastornos alimentarios, con mayor autoestima, con mejores notas en las escuelas, con menos violencia… Todos ellos son factores que van a repercutir en la salud del niño.

¿Incluso si en casa no se lleva una alimentación saludable?

Los niños en las escuelas comen mejor: comen más variado dentro de la oferta de alimentos saludables, toman más frutas y hortalizas, más legumbres, menos comida basura. ¿Por qué? Porque en las neveras y congeladores de los hogares españoles hay alimentos superfluos; y es habitual encontrar, por ejemplo, postres lácteos azucarados, helados, etc. Esto se traduce inevitablemente en una peor calidad dietética. Pero, a largo plazo, los niños que comen con sus padres acaban comiendo mejor. ¿Cómo puede ser? Era de esperar pensar que los niños que comían en las escuelas acabaran comiendo mejor porque estaban comiendo mejor. Sin embargo, debemos tener en cuenta dos cosas. En primer lugar que si un niño come en el comedor infantil a lo largo del año solo ha realizado aproximadamente el 9% de las ingestas en el comedor.. Y en segundo lugar que una alimentación saludable tiene efecto a veinte o treinta años vista y que patologías como diabetes, hipertensión u obesidad se van a desarrollar a largo plazo. ¿Qué queremos, que nuestros hijos coman bien hoy o que siempre coman bien? Si yo aspiro a que mis hijas durante muchos años coman bien lo mejor es que comamos con ellas, aunque comamos peor, porque la buena nutrición va mucho más allá de la comida en sí misma. La educación nutricional se aprende en casa; la aprenden los niños, pero también los padres.

Yo no quiero que mis hijas coman, quiero que mis hijas disfruten comiendo comida sana. Pero sobre todo que tengan ganas de vivir. En los jóvenes mayores de 14 años, el suicidio es la tercera causa de mortalidad, según el último informe de la OMS. Pues bien, el suicidio es menos prevalente cuando hay un contacto frecuente con los padres y un entorno más cálido, con menos hostilidad. Es más, te diría que antes incluso que decir a los padres que coman a menudo con los hijos, les diría que fomenten el buen ambiente en el hogar.

Has mencionado que la educación nutricional la adquieren todos, los niños pero también los padres. Además de dietista-nutricionista, divulgador o docente eres sobre todo padre de tres hijas, ¿qué te ha enseñado a ti la paternidad?

Principalmente que tu corazón se hace más grande con cada hijo, que cada vez amas más. Además, estoy convencido de que los hijos te dan ganas de vivir, que son una gran motivación para esforzarte en ser mejor persona. Pero la paternidad me ha enseñado, ante todo, que no hay nada más importante que dar ejemplo, por lo que mi mujer y yo, además de cuidar a nuestras preciosidades y procurar un buen ambiente en el hogar, intentamos ser felices, para que tengan un modelo a seguir.

 

 

 

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    Diana Oliver

    Diana Oliver

    2 comentarios

    1. Genial entrevista Diana, la verdad es que sigo a Julio Basulto hace mucho tiempo y no me canso de escucharle o leerle. Para mí Se me hace bola fue todo un descubrimiento precisamente cuando mi hijo rondaba el año y medio, y para mí supuso un clic en mi cerebro… Luego llegarían Secretos de la gente Sana y por supuesto Más vegetales, menos animales, imprescindible cuando te estás planteando frente a las presiones del entorno comer menos carne… Gracias por traerle por aquí.

      • ¡Gracias a ti por leerla, Laura! La verdad es que siempre es recomendable leer a Julio en todos los formatos. Nosotros hemos aprendido mucho, la verdad, y estamos muy agradecidos al trabajo que hacen profesionales como él. Un abrazo grande.

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