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Lo casero no tiene por qué ser (siempre) saludable

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Lo casero ¿es siempre saludable?

Llevo tiempo pensando en este tema a raíz de una entrevista que le hice recientemente al nutricionista Julio Basulto para un portal de salud y en la cual, no sé por qué, le acabé comentando que yo hacía nocilla casera. Y me dijo algo al respecto que me hizo pensar: “se corre el peligro de pensar que como está hecho en casa se puede comer de manera habitual“. ¡Zas! Me pareció algo totalmente coherente y en lo que nunca había reparado. Lo casero, no siempre es saludable.

hecho-en-casa-no-siempre-es-sanoSoy una firme defensora de que lo hecho en casa es siempre más rico y sano que lo que un establecimiento de, por ejemplo, comida rápida o un producto prefabricado nos puedan ofrecer. Sin embargo, aquella afirmación me hizo pensar, y mucho, en que realmente esto es así en parte porque realmente todo dependerá de qué es lo que hacemos en casa: no es lo mismo hacer un bizcocho para merendar que merendar un par de piezas de fruta y unas almendras crudas, al igual que no es lo mismo hacer para comer pasta integral con verduras y frutos secos que hacer un bocadillo de panceta frita.

Los peligros del “hecho en casa”

Pensar que lo podemos comer sin problema de manera habitual porque “lo hacemos en casa” no vale para todo lo que cocinamos. Y creo que este pensamiento encierra varias cuestiones que deberíamos tener presentes:

– Por mucho que hayamos hecho, por ejemplo, nuestra versión de bollería en casa con productos ecológicos absolutamente maravillosos sigue siendo un tipo de alimento para consumir con moderación o de forma puntual.

– Sustituir unos productos por otros a la hora de elaborar una receta no siempre tiene una repercusión importante ni en los datos nutricionales de la receta ni en nuestra dieta. Esto es algo que me ha costado ver porque hasta ahora pensaba que si, por ejemplo, un bizcocho estaba hecho con harina integral, huevos camperos de gallinas felices y azúcar moreno ya era “sano”. Pero no lo es. Sigue siendo algo que podemos hacer de vez en cuando pero no para desayunar cada día.

– También me pregunto qué puede entender Mara si hacemos de manera habitual en casa determinadas recetas y si yo hasta ahora pensaba que por hacerlo en casa ya era mejor, supongo que ella con casi tres años pues poco a poco irá también relacionando que “como está hecho en casa” se puede comer todos los días.

– Por último, no dejo de pensar que también esas recetas que queremos ver como sanas por ser caseras pueden sustituir otro tipo de alimentos que sí sean verdaderamente saludables. Por ejemplo, si hago unas flores de hojaldre y manzana para merendar cada tarde probablemente esté dejando de consumir otro tipo de meriendas más sanas.

Lo menos saludable sólo en momentos puntuales

Así que, en conclusión, en casa intentamos que las cosas menos saludables se hagan solo en momentos puntuales como, por ejemplo, cuando hay un cumpleaños o si alguna vez vamos a merendar a casa de alguien.

Unas magdalenas, un bizcocho o unas galletas, por muy caseras que sen, no deberían ser un producto de consumo corriente (por mucho que la industria alimentaria nos lo quiera vender como saludable en sus anuncios de desayunos para campeones). Son productos que si consumimos de manera ocasional no van a afectar a nuestra dieta pero, aún así, no podemos pensar que son sanos por el mero hecho de hacerlos en casa.

 

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¿Qué pensáis vosotros? ¿No opináis que no siempre es sano algo por el simple hecho de hacer lo en casa?

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    Diana Oliver

    Diana Oliver

    15 comentarios

    1. Yo siempre digo que es mejor una tarta hecha en casa que una comprada. Controlas más los ingredientes y las cantidades. Pero sigue siendo una tarta y, de la misma manera que no compraría tarta a diario, tampoco me da por hacer tarta todos los días en casa.
      Otra cosa es que, si puedo elegir, elija hacer yo la tarta (o galletas o magdalenas…) que comprarla. Me la como más a gusto y se la doy a mis hijos más tranquila también. Pero, como bien dices, en ninguno de los dos casos debería convertirse en la comida habitual de todos los días. De la misma manera que tampoco comeríamos ese bocadillo de panceta todos los días por mucho que la hiciéramos en casa. Y ahora me ha entrado hambre, jejeje

      • Jejeje… Así es. Completamente de acuerdo 🙂 En lo que sí me he fijado es que mucha gente piensa que “como está hecho en casa” es muy sano. Y realmente una magdalena no es muy sana sea casera o industrial… Al menos, eso pienso yo que, como tú, hago todas estas cosas de forma puntual.

    2. Totalmente de acuerdo, y mira que somos nosotros también amigos de lo casero. Supongo que la única ventaja en cuanto a salubridad será el control que tenemos sobre los ingredientes: usar AOVE en lugar de aceite de palma, reducir la cantidad de azúcar añadido y sal o eliminarlas por completo, ahorrarnos aditivos que no aportan nada desde el punto de vista nutricional y que solo tienen justificación industrial… Pero unas galletas de mantequilla como las que hicimos en casa el otro día como te conté, siguen siendo pura mantequilla, por mucho que busquemos un sustituto mejor para el azúcar.

      Lo que es innegable es que tiene muchas otras ventajas que no tienen que ver directamente con la salud. No es difícil que esté mucho más bueno que el equivalente industrial, disfrutamos cocinándolo si somos amantes de la cocina o si convertimos las elaboraciones en ratos en familia, o nos sirve como punto de apoyo para empezar a modificar nuestros patrones de consumo hacia uno que sea algo más amigable con el medio ambiente y la economía de los demás. Desde luego lo casero algo tendrá cuando tantas marcas se esfuerzan por copiarlo y vendernos su tomate frito «casero» industrial, ¿no?

      ¡Que no se nos olvide esta reflexión!

      • Siempre de acuerdo contigo al 100%. Así lo veo yo también, es cierto. Disfrutar de hacer algo hecho en casa, sabiendo lo que tú le pones, no tiene precio. Y es incomparable con lo que podemos comprar en su versión industrial. Eso me recuerda a la lactancia materna y la lactancia artificial. Ahora que no me lee nadie nunca será lo mismo una leche que otra, por mucho que se empeñe quien quiera empeñarse. Igual que no es lo mismo una fabada de bote que ir a Asturias y tomar un buen plato de fabada in situ.

    3. A mí este tema me trae loca. Yo no soy de cocinar nada, y menos repostería y dulces. Lo básico y a la plancha para salir del paso. Pero más de una vez he pensado en intentarlo para huir de lo que ya viene envasado de forma industrial. Porque de un tiempo a esta parte, mi bichilla ha descubierto el chocolate, y no hay día que no tengamos un drama o una rabieta descomunal con el antojo de algo dulce. Como gorda y mal alimentada que estoy, trato de no tener nada de esto en casa pero ¡ay, como le entre el antojo y no lo encuentre a mano! No sé por qué ha empezado a reaccionar así con estos productos. ¿Tendrá síndrome de abstinencia o algo? Si sólo los ha consumido de higos a brevas.

      • ¡Pues a lo mejor es precisamente por eso! Justo ayer Mara tomó varios zumos en un evento. En casa no tenemos zumos, y nunca los toma tampoco fuera de casa. Lo de ayer fue algo puntual pero no había manera de que la tía dejase de querer más y más :-S Adrián decía que precisamente era porque nunca le dábamos estas cosas por las que las toma con ansia… Yo no sé qué pensar pero desde luego que me quedo completamente descolocada. ¡Qué poder tiene el azúcar!

    4. Totalmente de acuerdo contigo, lo que ocurre es que si bien es cierto que no siempre lo casero es saludable peor será darle nocilla comprada que hecha en casa (por cierto, riquísima tu receta…). Y hay momentos que cuando “no queda otra” porque hay algo que celebrar o en nuestro caso para los bocadillos de los viernes en el cole, prefiero hacer algo en casa que tirar de lo comprado, porque eso de “total por un día, de vez en cuando no pasa nada…” que me suele decir mi madre, siempre “pasará menos” si los ingredientes los controlas tú misma que si optas por la versión industrial. Y en estas precisamente estamos con la abuela de la criatura, que preocupada porque apenas toma leche ahora casi todas las semanas le hace quesada (“así toma calcio”) o le da galletas (compradas) cada mañana (“porque es que la avena no la acaba nunca, así por lo menos come algo”). Eso sí, por mi parte tengo la conciencia tranquila porque mi hijo dice que “yo como chuches todos los días, porque con abuela como galleta para desayunar”.. y el fin de semana “descansa la tripa”…o eso intentamos, pena que estaba de vacaciones cuando el post sobre la alimentación y la batalla contra el mundo y no te llegué a dejar comentario, porque me sentí muy identificada. Gracias por el post (por los dos), creo que era muy necesario.

      • Jo Laura gracias por tus palabras, de verdad. Me alegro de que compartamos la misma opinión y de que nos sintamos identificadas <3
        El tema de la alimentación es tela marinera con los peques. Yo no era consciente de esto hasta que llegó Mara. Al final parece que hay alimentos que "no son nada" cuando en realidad son mucho mejor. Nosotros ahora, por ejemplo, estamos felices con el cole: todos los días toman fruta a media mañana (cada vez un niño lleva fruta para todos). El menú del cole está bastante bien y de postre 3 o 4 de los 5 días escolares tienen fruta de postre (1 o 2 días yogur, natillas caseras o flan casero como algo puntual). Y por la tarde come siempre para merendar fruta, frutos secos y pan integral. Y el entorno lo facilita porque sus amigos del cole también meriendan lo mismo cuando vamos al parque, algo que hemos agradecido hasta el infinito. Sé que esto no siempre va a ser así, de hecho hasta hace no mucho era todo lo contrario, pero me tranquiliza en parte...

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