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Niños con autonomía, no con independencia

 

En muchas ocasiones veo como los términos independencia y autonomía se utilizan indistintamente para referirse a lo mismo, cuando en realidad no creo que sea lo mismo ser autónomo que ser independiente. Yo deseo que mis hijos tengan autonomía pero no lo tengo tan claro con la sobrevalorada independencia; entre otras cosas porque no creo que ni adultos ni niños seamos independientes sino, como diría Marta Ausona, “interdependientes”.

El fomento de la autonomía en casa

En el número 117 de Padres y Colegios, perteneciente al mes de abril, escribía un artículo sobre la importancia de promover la autonomía desde los primeros meses de vida de los niños. Para ello hablaba con dos psicólogas que me explicaron cómo la autonomía afecta a múltiples ámbitos de nuestras vidas, desde la alimentación hasta la higiene, y que, por tanto, era muy fácil fomentar la autonomía de los niños en casa a través de pequeñas acciones como, por ejemplo, que puedan acceder por sí mismos a cuentos y juguetes, a su cepillo de dientes o al agua y la comida.

En este sentido la pedagogía Montessori trabaja muchísimo precisamente que los niños sean autónomos y hay muchas ideas que probablemente podamos adaptar de manera sencilla a nuestras rutinas domésticas. Bei Muñoz, experta en el tema y autora del blog ‘Tigriteando’, recoge algunos tips en este completo post del que seguro que sacáis inspiración.

¿Y por qué es importante la autonomía? Pues porque, según los expertos, es una buena manera de fomentar que tengan seguridad en sí mismos y una autoestima saludable. Pero para mí, además, es una manera estupenda de que en el futuro se conviertan en adultos capacitados para poder desenvolverse en la vida. O lo que viene a ser lo mismo: que cuando lleguen a los treinta sean capaces de tomar decisiones por sí mismos, puedan hacerse solos un huevo frito y tengan una mínima tolerancia al error y la frustración.

A veces no es fácil darles esa autonomía porque a las prisas del día a día y a la falta de paciencia o empatía, se une un entorno que mira con recelo que permitas que tu hija se ponga las botas de agua cuando no llueve o que meta los cacharros en el lavavajillas. Pese a ello, nosotros no nos rendimos y les animamos de muchas maneras: desde el BLW para que experimenten con la comida hasta, en el caso de Mara, limpiar con nosotros la casa, poner y quitar la mesa o sacar la ropa de la lavadora. Somos un equipo para muchas cosas y nos encanta hacerla partícipe de ellas.

 

El valor moral de la independencia

En el número 10 de Madresfera Magazine dedicábamos el dosier central a la lactancia materna sin fecha de caducidad. En él analizábamos la condición cultural de la lactancia materna y cómo se veía en nuestra sociedad actual el amamantamiento más allá de un determinado momento. Entre otros, entrevistamos a la antropóloga Marta Ausona que nos explicaba que “el hecho de pensar que una madre que da mucho tiempo el pecho pueda sufrir una patología porque no quiera que su hijo sea independiente o que, incluso, el niño se va a apegar a la madre demasiado y va a acabar con algún problema psicológico porque no ha sabido diferenciarse de ella”, viene causado porque en nuestra sociedad tiene un gran valor moral el valor de la independencia. Una independencia entendida como “absoluta”, cuando en realidad todos somos interdependientes en todos los sentidos.

“El hecho de que ensalcemos este valor de independencia y que entendamos la libertad como una separación corporal del otro, hace que la lactancia, que justamente lo que resalta es la interdependencia, se vean como extrañas y se confundan como un acto de simbiosis. En otras sociedades, sin embargo, el hecho de saber que tú eres tú, pero también eres los demás, hace que no se disuelva la identidad, sino que gracias a la interdependencia se genera la identidad. La fusión con el otro nosotros lo vemos como una confusión de identidades”, nos explicaba Ausona.

Ese ensalzamiento de la independencia lo podemos llevar a muchas cuestiones relacionadas con la crianza de un niño: que duerman en su habitación, que a los tres meses se queden al cargo de un cuidador fuera de la familia, que no les cojamos en brazos, que caminen, que no se duerman con el pecho, que no tomen pecho más allá de una determinada edad… Generalmente se busca o se espera una independencia en lo afectivo cuando en realidad ni nosotros mismos, ya adultos, no somos seres independientes sino que, como dice Marta Ausona, somos “interdependientes“. “Yo soy yo pero no puedo ser yo sin el otro”. Todos necesitamos que nos cuiden. Y que nos quieran, claro. Y dependemos unos de otros para infinidad de cosas: del casero que nos alquila el piso, del panadero que nos hace el pan, del agricultor que cultiva el campo, del amigo que nos escucha cuando estamos tristes…

 

 

Niños con autonomía, no con independencia

No creo por tanto que cuando nos referimos a la independencia estemos hablando de niños con autonomía porque en realidad son conceptos que, aunque pueden confundirse, son totalmente diferentes. Una persona autónoma, sea un adulto o sea un niño, para mí es aquella capaz de desenvolverse, de asumir determinadas responsabilidades, de tener la capacidad de tomar decisiones por motu proprio. La independencia supone que todo lo ponemos hacer solos, que no necesitamos de nadie para nada, salvo de nosotros mismos. Y no creo que eso sea real porque entonces solo conoceríamos la soledad.

Me gustaría que en casa todos fuéramos autónomos, pero no independientes porque en realidad sí que dependemos en cierto medida unos de otros, aunque solo sea para recibir el calor de un abrazo o un beso churretoso con sabor a sandía.

 

¿Y vosotros qué pensáis? ¿Autonomía o independencia?

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    Diana Oliver

    Diana Oliver

    8 comentarios

    1. Estoy muy de acuerdo con lo leído, es muy interesante contar con tanta información que podamos utilizar en pro de la crianza de nuestros hijos y en mantenernos en la línea que hemos escogido pese a las opiniones de terceros.
      Gracias por compartir.

    2. entiendo tu matiz y lo comparto por completo, hay que educarles para que se valgan por sí mismos, pero no por ello sin tener en cuenta a los demás. lo único, que los términos independiente y autónomo no son conceptos diferentes, si no más bien al contrario..
      (RAE: independiente
      1. adj. Que no tiene dependencia, que no depende de otro.
      2. adj. autónomo.)
      pero que en esencia, me parece una muy buena reflexión. bss!

      • No creo que sean sinónimos puesto que una persona autónoma es aquella que tiene autonomía (Condición de quien, para ciertas cosas, no depende de nadie). Los matices son importantes (casi) siempre, y creo que aquí lo es 🙂

        Gracias por tu comentario. Saludos.

    3. Me ha encantado el post y no puedo estar más de acuerdo. Yo procuro favorecer mucho su autonomía porque además lo veo fundamental para que tenga una buena autoestima. Saberse capaz y útil es muy importante. Además, es un buen momento para enseñarles a ser autónomos porque entre las ganas de imitar que tienen y el “yo solito” jajaja.

    4. Como dice mi hijo, ¿por qué tengo que dormir yo solito y vosotros que sois tan mayores podéis dormir juntos? Como bien has puesto de relieve la gente se lía mucho con la autonomía y la independencia. Yo quiero que mi hijo sea autónomo, por todo eso que tú dices y también porque en el día a día permitirle que se ponga él solito los zapatos desde bien pronto o la ropa al final te das cuenta de que es una inversión para andar mejor en el día a día y sobre todo un chute de autoestima para el niño que no necesita “tanto” de los adultos. Mi madre me ha dicho alguna vez que de padres vagos hijos espabilados… pero simplemente no quiero que mi hijo tenga que aprender las cosas de mayor…

      Y aun así yo también le di pecho hasta que él solito decidió que ya no más, pasados los tres años y medio, y tuve que escuchar de todo claro “es que esa dependencia física…” Y cuando termina cómo se echa de menos, esos momentos de intimidad, de descanso juntos, de volver a la calma tras un golpe o un momento de tensión…

      En fin, que a mí tampoco me gustaría que sea independiente de nosotros, autónomo sí pero sabiendo que siempre nos tiene ahí para lo que necesite… me ha encantado el tema y el enfoque que le has dado.

      • Gracias, Laura. Tu peque tiene toda la razón del mundo y yo siempre lo pienso: les pedimos cosas a ellos que ni nosotros hacemos 🙂 Lo de la lactancia y la independencia es otros tema que da para un post. Precisamente Marta Ausona centró su tesis es la lactancia materna a partir del año. También te recomiendo un artículo de Marta sobre este tema que puedes leer a partir de la página 57 aquí. Un beso 🙂

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