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10 cosas que no puedo hacer en invierno por la alergia al frío #DaleLaVueltaALaUrticaria

cosas que no puedo hacer en invierno

 

La alergia al frío o urticaria a frigore en invierno, y en una ciudad como Madrid, se hace difícil de llevar. En mi colaboración con la campaña #DaleLaVueltaALaUrticaria os cuento qué cosas no puedo hacer cuando llega el frío.

 

Tras casi veinte años de convivencia con la alergia al frío ya debería haberme acostumbrado. Sin embargo, lejos de eso, cada invierno parece ponerse más cuesta arriba que el anterior. Y no sólo por el frío que hace en una ciudad como Madrid en invierno sino por la cantidad de cosas que no puedo hacer. Cosas tan simples como salir a la calle sin unas medias polares bajo el pantalón o con más capas que una cebolla son impensables para mí. Por no hablar de deportes de nieve o excursiones al aire libre. ¡Hasta respirar el aire frío!

Así que aprovechando mi colaboración con la campaña #DaleLaVueltaALaUrticaria, os cuento qué diez cosas no puedo hacer en invierno por la alergia al frío y que a mí me tienen desesperada.

1. Salir a la calle cuando hace mucho frío

Si bien es cierto que los días de frío cada vez son menos, lamentablemente para nuestro planeta, yo los vivo con una intensidad y una angustia tremenda. Normalmente con 15 grados ya noto los efectos del frío, así que cuando el termómetro marca 1, 2, 3 grados o cifras bajo cero, para mí es impensable pasar mucho tiempo en la calle. Incluso, si hace mucho frío, prefiero quedarme en casa si no tengo obligación de salir porque por mucho que me abrigue es imposible que no vuelva a casa con la cara, las manos y las piernas llenas de habones, la piel roja como un tomate y un dolor en las articulaciones de mucho cuidado.

2. Ir a la nieve

He ido muy pocas veces a la nieve. De hecho, creo que tan sólo la he pisado un par de veces en toda mi vida. Y parece que basta que no puedas hacer algo para que lo desees con más intensidad pero lo cierto es que ahora que tengo dos niños pequeños me encantaría poder disfrutar con ellos de una escapada a la sierra de Madrid cuando la nieve la cubra para poder tirarnos unas cuantas bolas de nieve. O hacer un muñeco de nieve con su bufanda y su zanahoria por nariz. O incluso aprender a esquiar, algo que siempre me ha parecido tan divertido como difícil.

3. Patinar sobre hielo

Esto sí que lo echo de menos muchísimo. Me encanta patinar. Y sobre hielo más. Soy muy fan de esas pistas de patinaje que montan en el centro cuando llega el invierno y que tienen su máximo esplendor en Navidad, como si fuera algo tan típico como el turrón duro o Cortylandia.

4. Salir sin bufanda, guantes y gorro

Salir a la calle en invierno sin gorro, bufanda y guantes es algo impensable para mí. Antes, ir cargada siempre con ello no lo llevaba mal del todo pero ahora que además de un niño porteado llevo una mochila repleta de fruta, pañales, toallitas y mil cosas más la verdad es que me produce una pereza absoluta. Sin gorro y sin guantes mi cara y mis orejas se ponen fatal, y sin guantes las manos se me hinchan muchísimo y también se llenan de habones. Utilizarlos no lo evita completamente pero minimiza en parte los efectos del frío.

5. Respirar el aire frío de la calle

Contaba en este post que cuando hace mucho frío, me agobia mucho respirar el aire de la calle porque siento una presión en la garganta así que acabo respirando dentro de la bufanda o del abrigo el aire calentito. Creo que esta es una de las cosas que más me agobian de tener alergia al frío y tener que pasar los inviernos en una ciudad como Madrid. Decía Vanesa de ‘Una madre como tú‘ en un post en el que contaba su experiencia con la alergia al frío que quizás la alergia sea una buena excusa para mudarse a vivir al sur y la verdad es que yo no sé la cantidad de veces que lo he pensado. Sin embargo, al final, después de pensar una y otra vez dónde podríamos vivir nos seguimos quedando con Madrid no sé muy bien por qué. Quizás es el tema del trabajo, o del colegio, o un poco todo.

6. Permanecer mucho tiempo en el parque

El parque es el lugar favorito de Mara cuando sale del colegio (pese a que a mí me horrorice). “¿Vamos al parque?” es lo primero que nos dice cuando la recogemos y es imposible negarse a la dulzura de su petición. Pero claro, en invierno, por muy abrigada que vaya, pues la idea de ir me horroriza porque no aguanto mucho tiempo en él sin sufrir las consecuencias del frío.

7. Tomar bebidas y alimentos fríos

Lo de no poder tomar nada frío es válido para todo el año, claro. Ni agua fresca, ni comida de la nevera, ni nada que no esté a temperatura templada.

8. No llevar medias polares debajo del pantalón

Cuando empieza a hacer frío las medias polares y los leotardos se convierten en mis mejores amigos. Los utilizo debajo del pantalón y ya no me los quito hasta bien entrada la primavera; así que son unos cuantos meses de compañía. Si salgo sin ellos vuelvo a casa con las piernas aún peor que si me los pongo: rojas, llenas de habones y con un picor absolutamente insoportable.

9. Dejar de ser una cebolla con capas de ropa

Camiseta de tirantes, camiseta de manga larga o/y camisa y chaqueta o jersey bien gorditos, por arriba; medias polares y vaqueros, por abajo. Y encima de todo esto mi abrigo de porteo, que más calentito no puede ser. En invierno me transformo en una cebolla con patas y la verdad es que mentiría si dijera que es cómodo.

10. Los cambios bruscos de temperatura

En invierno el transporte público, el mercado, los supermercados y ¡hasta el cine! adquieren una temperatura tropical que ríete tú del verano cubano. Y, claro, después de esto sal a la calle con un frío impresionante. El cambio de temperatura es tremendo por mucho que me quiera quitar ropa en los sitios y ponérmela después al salir. En verano ocurre lo mismo pero al revés: aire acondicionado helador en los sitios y calor espantoso al salir. ¿No hay un término medio?

Bonus. Hacer deporte al aire libre

La primavera pasada volvimos a hacer algo de deporte después de un montón de tiempo sin poder dedicarnos un ratito. Yo estaba feliz de haber vuelto a correr y de moverme un poco porque el sedentarismo al que nos obliga el trabajo me tiene (bastante) preocupada. La cuestión es que en cuanto llega el frío la posibilidad de hacer cualquier deporte al aire libre desaparece. Ni correr, ni andar (con lo que me gusta), ni montar en bici… Y no sólo al aire libre, el gimnasio tampoco resulta una alternativa mejor precisamente por el cambio brusco de temperatura del interior (sudada después de hacer ejercicio) al exterior.

 

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¿Tenéis vosotros o alguien a vuestro alrededor alergia al frío? ¿Qué llevaríais peor de las cosas que no puedo hacer en invierno?

 

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Diana Oliver

Diana Oliver

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