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Los niños solo quieren querer (y que les quieran)

Amor incondicional

En el número nueve de Madresfera Magazine, que publicábamos a finales de marzo, tuve la suerte de poder entrevistar a la cantante británica de adopción murciana Alondra Bentley para un reportaje sobre música “para niños” apta para adultos. Cuando le pregunté acerca de las diferencias que encontraba entre actuar para un público adulto o hacerlo para uno familiar, ella, que además de cantante también es profesora de inglés con peques, me regalaba una respuesta que lleva un tiempo rondándome la cabeza:  “La inocencia y la capacidad de fascinación de los niños hacen que cuando actúas para ellos encuentres un sentido más profundo a lo que estás haciendo, y además los niños te dan su cariño incondicionalmente ¡quieren querer todo el rato! Con los adultos todo es mucho más complicado“.

La cuestión es en qué momento de nuestra vida todo pasa a ser más complicado. Cuándo esa necesidad de “querer todo el tiempo” es reemplazada por otros menesteres o si en realidad no es reemplazada sino que seguimos queriendo de otra manera, sin que sea tan clara esa incondicionalidad. Pero entonces nos convertimos en madres y en padres y de repente recuperamos con más fuerza que nunca ese amor incondicional de la mano de nuestros hijos. Y nos damos cuenta de que en realidad lo único que necesitamos es “querer y que nos quieran“, como me dijo un día Carles Capdevila. Lo necesitamos nosotros. Y lo necesitan ellos.

Cuando más lo necesitan

Observo a mis niños y, aunque suene enormemente maternal o incluso ñoño, veo en ellos unas máquinas de dar amor. De amor incondicional. Incluso en los momentos peores, en esos en los que hay rabietas o cansancio a porrillo, en los que los “noes” se suceden sin tregua o en los que tu propio agotamiento te hace olvidar cómo has llegado a ese caos absoluto de días eternamente cortos, ellos solo siguen necesitando querer. Y, sí, que les quieran. Lo buscan con la mirada y con los abrazos. También con sus lloros o sus enfados. Y entonces recuerdo aquello que decía Rosa Jové de “Quiéreme cuando menos lo merezca porque será cuando más lo necesite“. Lo recuerdo porque es a nosotros a los que nos cuesta ofrecerles ese cariño incondicional en todos esos momentos.

Inevitablemente pienso en quienes opinan que un bebé ya desde que nace “es muy listo”, “que te tiene tomada la medida” o que “los niños solo te quieren por el interés”, como nos dijo un día el pescadero del mercado. Se olvidan de que somos los adultos los que pervertimos ese amor sin restricciones ni réditos a golpe de chantajes. De chantajes emocionales pero también materiales; como cuando ese mismo pescadero le ofrecía a Mara un caramelo si “era buena” y se lo comía después de cenar.

Con mirada de niño

Y luego está la inocencia de la que hablaba Alondra. Hasta hace no mucho era yo la que pensaba que los niños eran “malos” por naturaleza y no encontraba rastro alguno de inocencia. Supongo que haber sufrido acoso infantil hasta bien entrada la adolescencia no ayudaba a ver a los niños de otra forma que no fuera como seres horribles que solo buscaban el mal ajeno. También yo me culpaba de ser como era, no le iba a echar toda la culpa a ellos. Ahora, con el paso de los años, y la perspectiva que me ofrece mi propia maternidad, me doy cuenta no solo de que estaba completamente equivocada sino, además, de que me equivocaba con el culpable porque el origen de aquel mal no creo que se encontrara ni entonces ni ahora en los propios niños, sino en el entorno en el que crecemos. En lo que se les transmite a los niños día a día. En el amor que no reciben o en el que no les dejamos dar.

Supongo que por eso la lectura que pudiera hacer ahora de “El señor de las moscas” poco tendría que ver con la que hice en mi época universitaria; y hoy se posiciona más en el lado de que cómo tratamos a los niños desde que nacen, cómo les educamos, cómo les reprimimos, repercute de una u otra forma en su futuro. El inmediato y el siguiente. Y que, al final, es lo que les ofrecemos lo que les convierte de adultos en monstruos o en máquinas de amar.

¿Qué pensáis vosotros de ese amor incondicional? ¿Pensáis que los niños quieren querer y que les quieran todo el tiempo?

 

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    Diana Oliver

    Diana Oliver

    15 comentarios

    1. Qué preciosa reflexión, Diana. Y además, muy acertada.
      Yo llevo un tiempo de berrinches y pataletas continuos de mis mellizos que me supera en muchos momentos. Ayer cuando se durmieron me puse a reflexionar y llegué a la conclusión de que lo único que puedo hacer es quererles mucho y hacérselo saber. Estar ahí para ellos. Siempre, siempre.

      • Qué bonito lo que dices 🙂 Yo también lo veo así. Un abrazo grande y gracias por tus palabras.

    2. Qué curioso, justo en el post que he escrito hoy sobre cosas que aprender de nuestros hijos coincido en muchas de las cosas que aprecia la cantante en los niños, y es que ellos son pura inocencia, luego el entorno hace muchísimo y nos influye sin parar al crecer; estudie Educación Social y una de las cosas que se ve en la mayoría de adolescentes problemáticos es que viene de familias y ambientes desestructurados….
      Que tristeza da la verdad, tan difícil será dar amor?

      • Yo pienso lo mismo… A mí me da pena porque de verdad que no encuentro que necesiten nada más, incluso en los momentos más difíciles.

    3. Qué bonito, Diana! Y cuánta verdad en tus palabras. Los niños necesitan querer y ser queridos por encima de todo.
      Muy fan de Alondra Beantley, por cierto

    4. Que bonito Diana!! La verdad es que con ellos redescubres muchas cosas…. Entre ellas ese amor incondicional. La inocencia, la pureza, las cosas que de verdad importan… Al final los adultos también queremos solo eso, querer y que nos quieran!

    5. “Quieren querer todo el rato”, Alondra Bentley y El Señor de las Moscas desde la comprensión y el respeto… tú sí que estás pa’ quererte incondicionalmente.
      Estoy que me lloro toa. Sí, creo que son amor y se convierten en lo que reciben.

    6. ¡hola! es así, no tienen filtros, quieren ser felices, y sentirse queridos es fundamental para eso.. y también ver cómo sentimos que nos quieren! anda que no se pone contenta mi gordi cuando me dice “te quiero mucho” y me da un beso y ve que se me cae la baba..
      y qué cierta la frase de “quiéreme cuando menos lo merezco” porque es verdad que cuando está con una rabieta, en modo retador, que me desespera, al final le doy un abrazo y es como mejor se calma y se acaba “la tragedia”, bss!

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