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Lucía Martínez: “El poder preventivo de la alimentación es muy potente y se ignora porque no da dinero”

 

En 2010, la dietista – nutricionista Lucía Martínez abría el blog ‘Dime que comes’ para hablar alto y claro de las dietas proteinadas. Siete años después de ese post ha logrado atesorar un montón de entradas más, y un buen número de seguidores en redes sociales: más de 50.000 en Instagram, 16.500 en Twitter y casi 57.000 en Facebook. Le ha dado tiempo a escribir los libros ‘Veganos con ciencia’, en solitario, y ‘Cocina vegana’, con la chef Virginia García, y a fundar junto a Aitor Sánchez (Mi dieta cojea) y Bárbara Sánchez, el Centro de Nutrición Aleris. Y todo pese a que reconoce que en su gremio “las cosas no son fáciles”, sobre todo cuando “la población tiene mucha pero mala información y desconoce la figura del dietista-nutricionista”.

 

He leído que elegiste ser dietista cuando ya tenías otra profesión para la que, incluso, te habías formado. ¿Qué te llevó a reorientar tu vida profesional?

Mis intereses personales. Yo quería ser dietista. Y aunque tenía un buen trabajo fijo como Jefa de Partida, que me gustaba y que a veces echo de menos, me puse a estudiar la FP (Técnico Superior en Dietética), luego la carrera de Nutrición Humana y Dietética y luego el máster en Nutrigenómica y Nutrición Personalizada. Todo ello trabajando siempre a jornada completa. Por suerte para mí, desde que terminé la FP trabajo como dietista, en uno u otro campo (empecé en hospital), por lo que cuando acabé la carrera ya tenía bastante experiencia y mi propia consulta en Palma. Cuando finalicé el máster, Aleris ya estaba funcionando. Y sigo aprendiendo, esto no se acaba nunca.

Dices también que volviste a empezar de cero y que todavía no te has arrepentido, pese a que en vuestro gremio “las cosas no son fáciles”. En abril de 2016 fundaste junto a los dietistas-nutricionistas Aitor Sánchez y Bárbara Sánchez el Centro de Nutrición Aleris. ¿A qué retos se enfrenta hoy un profesional de la nutrición humana?

Se enfrenta a los mismos que cualquier profesional: precariedad, falta de oportunidades, puestos con mucha exigencia y poco salario… Además, a todo esto hay que sumar que la nuestra es la única profesión sanitaria sin opción a trabajar en sanidad pública (las plazas que hay son anecdóticas), a un mundo plagado de intrusismo profesional contra el que no se hace prácticamente nada a nivel legal y a una población que tiene mucha pero mala información sobre alimentación y que además no conoce la figura del dietista-nutricionista. Un cuadro. Supongo que por eso somos un gremio tan reivindicativo.

Nuestra alimentación

Observar los carros en los lineales de los supermercados debería ser objeto de estudio (que no sé si ya lo ha sido porque me parece muy curioso). Hacer una buena compra no siempre es fácil para un consumidor si éste no tiene información y se deja guiar por las buenas intenciones de la publicidad. ¿Confiamos demasiado en esas buenas intenciones?

La industria alimentaria no tiene “buenas intenciones”, su única intención es vender más y ganar más dinero. No les preocupa nuestra salud, les preocupa su bolsillo. Y aprovechan cualquier resquicio legal para engrosarlo, sobre todo con la población más desprotegida: los niños. El Código PAOS (que autoregula la publicidad dirigida a niños) es un adorno que se incumple sistemáticamente, sólo sirve para lavar la cara a las grandes empresas que lo suscriben.

No podemos confiar en la gran industria alimentaria, hay que saber leer entre líneas y entender qué nos están vendiendo de verdad. Y eso es difícil para la población, que no tiene por qué tener formación en ese tema. Pero siempre queda el “comprar sin etiqueta”, es decir, materias primas (verdura, fruta, legumbre, frutos secos….). Eso siempre serán buenas elecciones. Y por supuesto, mientras tanto, pelear por etiquetados más claros y campañas informativas y formativas.

¿Hasta qué punto dejamos nuestra salud en manos de la industria alimentaria?

Pues depende de cada uno, pero a nivel general, hasta un punto insostenible. El consumo de productos ultraprocesados es una de las grandes lacras en la salud de la población. Por eso mi gremio insiste en la vuelta a la “comida real”, aquella que decíamos antes que no lleva etiqueta, y que no va empaquetada.

Desde niños nos conducen a depender de papillas industriales, potitos, galletas y yogures especiales para bebés, cacaos especiales para niños. Crecemos enganchados a esos productos por su alta palatabilidad, su dulzor, sus texturas homogéneas, etc. Es un drama que haya padres y madres que crean, con toda su buena intención, que una galleta especial es mejor para su bebé que un plátano. Y eso viene inculcado por la industria alimentaria y sus potentísimas estrategias de marketing.

¿Puede nuestra alimentación prevenir enfermedades?

Sí, por supuesto. El estilo de vida previene enfermedades, y dentro de él, la alimentación es un pilar básico, junto a la actividad física y el no fumar y no beber. Una dieta saludable hace que tengamos menos posibilidades de tener obesidad, algunos cánceres, diabetes de tipo II, enfermedades cardiovasculares, hipertensión… El poder preventivo de la alimentación es muy potente, y se ignora, porque no da dinero. Los fármacos si lo dan.

 

Dieta vegetariana y dieta vegana

Formas parte de Unión Vegetariana Española y has escrito dos libros; ‘Cocina Vegana‘, junto a la chef vegana Virginia García, con recetas estupendas y consejos (que aquí nos encanta y hojeamos muy a menudo) y ‘Vegetarianos con ciencia’, con información sobre nutrición y alimentación vegetariana. ¿Cómo llegaste a interesarte por este tipo de alimentación?

Creo que la alimentación es un acto político. Y yo no quiero sostener determinadas prácticas ni a determinadas industrias. Y como vivo en un mundo privilegiado y puedo elegir qué como y que no como, pues elijo no pagar por productos insostenibles o que provienen de una cría de animales totalmente cruel, o que se cargan la soberanía alimentaria de otros países, por poner algunos ejemplos. Al menos hasta donde esté en mi mano; igual que intento hacerlo con el resto de bienes de consumo.

 

 

Entonces, ¿podemos hacer de éste un mundo más sostenible cambiando nuestra alimentación?

Sí. De hecho es de las cosas más potentes que podemos hacer, porque comer, come todo el mundo varias veces al día. Otras cosas muy impactantes, como por ejemplo los viajes transoceánicos en avión, no es algo que la población general haga muy habitualmente. Para muchas personas es mucho más fácil cambiar el filete por garbanzos que, por ejemplo, prescindir del coche, según donde vivan, su trabajo y demás. Si puedes hacerlo todo, genial. Pero si no, algo siempre es mejor que nada. Y cambiar la alimentación está al alcance de cualquiera, en menor o mayor medida.

Se tiende a confundir muchas veces el vegetarianismo con el veganismo. ¿Qué diferencia hay entre ambos?

El veganismo es un estilo de vida, que además de una dieta vegetariana estricta (sin ningún producto de origen animal), comprende otras facetas como la vestimenta o la cosmética. Así como la lucha por los derechos animales. El vegetarianismo es un término más amplio, y aunque hay debate sobre ello, creo que al menos a nivel coloquial engloba a todos los tipos de dietas vegetarianas.

¿Qué cambios se producen en nuestro cuerpo (si es que se producen) cuando optamos por este tipo de alimentación?

Eso no se puede contestar, porque la dieta vegetariana no es algo homogéneo. Depende de cómo la aplique cada cual, se puede llevar una dieta vegetariana fatal planteada y totalmente insana, o una dieta vegetariana muy saludable. Evidentemente los efectos en el organismo serán distintos en cada caso.

La epidemiología dice que la población vegetariana tiene menor riesgo de obesidad, de padecer diabetes de tipo II, de ciertos tipos de cáncer y de enfermedad cardiovascular. Pero eso no significa que se aplique a todas las personas que la siguen, ya que dependerá de muchos factores individuales.

Imposible no mencionar a la vitamina B12. En el caso de dietas basadas en vegetales, ¿cuándo es necesario suplementar con ella?

Seré breve: siempre. Todos los vegetarianos (incluidos los ovolacto) se deberían suplementar la B12. No vamos a extendernos aquí, pero en el blog tengo muchos posts sobre el tema, para quien quiera ampliar la información (Preguntas frecuentes sobre la B12).

 

El blog

Sigo Dime qué comes desde hace muchísimo tiempo y siempre he valorado la información que ofreces pero también la honestidad a la hora de decir las cosas tal y como son. Sin florituras. ¿Qué te llevó a crear un blog?

Estaba cabreada y necesitaba contarlo. El primer post del blog, hace siete años, critica la moda de las dietas proteinadas. Hoy lo hubiera escrito mucho mejor, por cierto.

¿Dirías que son “necesarios” blogs como Dime qué comes?

No son necesarios, tampoco flipemos. Los blogs son para entretener, la gente no lee un blog si no se divierte (salvo casos concretos muy enfocados a profesionales), así que no hay que magnificarlos. Si además de entretener con tu blog, puedes transmitir algo que le sea útil a esa persona, en mi caso para mejorar su comida diaria, pues eso que nos llevamos. Que la lucha contra los desmanes de la industria alimentaria esté en gran parte en los blogs, es un síntoma de que donde debería estar, ni está ni se la espera. Esto es, en la actividad legislativa, en el Ministerio de Sanidad, en los servicios de salud, en la televisión

¿La satisfacción más grande que te ha dado hasta el momento haber abierto el blog?

Los amigos que he hecho gracias a él. Sin ninguna duda.

 

Redes Sociales

Cuentas con un montón de seguidores en tus perfiles de redes sociales: casi 60.000 en Facebook y más de 16.000 en Twitter. ¿Qué aporta el social media a la alimentación?

Aporta, sobre todo, la respuesta inmediata; y poder “neutralizar” muchas veces falsas informaciones casi en tiempo real.

Decía Alba Padró en una entrevista que “Internet ha democratizado la información sobre lactancia materna”. ¿Dirías que también ha democratizado la información sobre nutrición?

Internet ha democratizado el acceso a la información en general, y la nutrición no iba a ser menos. Aunque a veces nos “infoxicamos”, entre tanta información es difícil distinguir la que es fiable de la que no y a menudo ello lleva a perpetuar mitos, a difundir ideas erróneas sobre alimentos o a que muchos se lucren con ello.

También sé que se forman grandes debates en torno a la alimentación. Y muchas veces incluso grandes disputas que no llevan a ningún lado. ¿Nos cuesta asumir que algunas cosas no son como pensábamos? ¿Es difícil cambiar de opinión a alguien cuando tiene sus ideas muy arraigadas. ¿Qué piensas?

Sí, creo que nos cuesta. Pero nos pasa como “humanos” con todo en general, ¡no sólo en temas de alimentación!

 

 

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Diana Oliver

Diana Oliver

4 comentarios

  1. ¡Anda! ¡Qué sorpresa! Me encanta Lucía, por escrito y, todavía más, en vivo y en directo (o al menos en vídeo). Qué importante es el papel que están desempeñando profesionales como ella de un tiempo a esta parte. Aunque esté costando, yo creo que el mensaje va calando poquito a poco, y cada vez es más la gente que se preocupa por lo que come y huye de falsos mitos. Eso sí, queda mucho por hacer: ahora no solo hay que luchar contra la falta de información de hace unos años, sino contra el peligro de desinformación y mala información que nos trae ese fácil acceso a todo tipo de contenido del que hablabais.

    • La “infoxicación” 🙂 Totalmente de acuerdo, de hecho, esto se traslada a todos los ámbitos, no sólo a la alimentación. Abrazo grande.

  2. ¡Me ha encantado la entrevista Diana! Justo en mi blog de Mamá curvy me he estado quejando precisamente de que en mi centro de salud no valoran nada la prevención de enfermedades relacionadas con la alimentación. Yo estoy obesa, y ni plantándome en la consulta del médico para que me obligue a adelgazar, aunque sea con una dieta de esas manidas de hace 30 años, me ha hecho caso. Que estoy muy sana y muy bien según los análisis de sangre. Total, que al menos, por mi cuenta y riesgo, he empezado a limitar el azúcar en casa, que me parece lo más sencillo de controlar sin tener una guía clara. Ahora voy al supermercado y pierdo una mañana en leer etiquetas, ahorro minutos en pasillos que me salto por completo y vuelvo a casa pagando 20 euros de más y trayendo medio carro de menos. Llevamos 1 mes con este propósito familiar y por ahora no está siendo difícil de seguir. Pero claro, me gustaría que la Sanidad sí se tomase en serio estos problemas y que se incluyeran a los nutricionistas para valorarnos a cada uno según nuestras circunstancias.

    • Qué alegría, Lucía 🙂 Me alegro mucho de que te haya gustado. Lo que no me gusta es que pidas soporte en tu centro sanitario y no te hagan caso. Qué bien que te animes a cambiar pequeñas cosas; al final yo creo que se trata de dar pequeños pasos y de (re)aprender a comer de otra forma. Creo que tiene mucho valor el trabajo que hacen nutricionistas como Lucía. Ojalá algún día lleguen a la Sanidad pública. Beso grande.

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