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¿Es posible comer mejor sin renunciar al placer de la comida?

comer sano sin tiempo

 

Hace unos días un comentario en el blog me hacía pensar en nuestra alimentación: ¿qué es eso de “comer sano”?, ¿se necesita tiempo para comer mejor?, ¿podemos mejorar nuestros hábitos realmente con el día a día frenético que llevamos? Y creo que, como en todo, es una cuestión de actitud, de deseo, de información y de prioridades. 

¿Qué es comer de forma saludable?

A lo largo de los últimos años he tenido la oportunidad de entrevistar a diversos dietistas – nutricionistas (Julio Basulto, Juan Revenga, Lucía Martínez, Aitor Sánchez, Silvia Gutierrez…) y expertos en alimentación (Carlos Casabona, Azahara Ruiperez…). En mi opinión, algunos de los mejores. También he leído artículos, libros y posts sobre nutrición, porque es un tema que me gusta y que me interesa mucho. Por supuesto, ni soy experta en nutrición ni pretendo serlo, para eso ya hay grandes profesionales. Sin embargo, todo esto me ha servido para aprender, para tomar mis propias decisiones, para construir mi propia opinión con respecto al tema y para modificar algunas ideas que tenía anteriormente.

Dicho esto, ¿qué es para mi comer de forma saludable? Pues básicamente comer lo menos mal posible. Es decir, no tomar o tomar de forma puntual alimentos superfluos (refrescos, productos muy procesados o insanos…), basar la alimentación principalmente en alimentos de origen vegetal (frutas, verduras, legumbres, arroz integral…), reducir el consumo de azúcar y de sal, cambiar las harinas refinadas por harinas integrales (incluye productos hechos con harina como la pasta) y no consumir alcohol.

El famoso ‘hay que comer de todo’ es una mentira ampliamente desacreditada, que proviene de épocas en las que el hambre era la norma”. Julio Basulto.

Por supuesto, mi alimentación no es perfecta ni pretendo que lo sea. Como digo, creo que lo ideal es comer lo menos mal posible y ser conscientes de lo que comemos, tener información de lo que comemos y ser responsables y consecuentes con lo que comemos a todos los niveles.  Sin justificaciones ni culpabilidad.

Para mí es importante no solo recoger el menor número de papeletas posibles para vivir en un cuerpo enfermo (diabetes tipo II, enfermedades cardiovasculares, sobrepeso u obesidad, etc.) sino también para mostrar a quienes me rodean (mi familia, mis hijos, mi pareja…) que se puede disfrutar de lo que comemos sin que tenga forma de refresco, bollería o Happy Meal.

La normalización de alimentos insanos

Creo que el marketing alimentario ha “normalizado” el consumo de productos prescindibles o superfluos de forma cotidiana, incluso diaria. Y esto hace que muchas veces comamos peor de lo que pensamos.

productos buenos y malosEn muchas ocasiones he escuchado la frase “Si lo venden, es que no es malo” o “Si la gente lo compra es que tan malo no será”. Y a mi siempre me viene a la cabeza el tabaco: lo venden, cierto, pero a día de hoy creo que ya estamos todos bastante informados y concienciados sobre los efectos del tabaco para la salud. De hecho, no hace tantos años hasta los propios médicos anunciaban cigarrillos o los fumaban en sus consultas.

Proyectos como sinazucar.org demuestran que el impacto visual tiene mayor efecto que la información que aporta una etiqueta para saber lo que estamos comiendo. Al final, Antonio R. Estrada utiliza las mismas armas que la industria alimentaria: fotos cuidadas, profesionales, impactantes.

Comer de forma saludable cuando no se tiene “tiempo”

Que nuestra alimentación no sea más o menos saludable no creo que esté relacionado con la falta de tiempo sino con tres condicionantes: el deseo de querer comer mejor, la información para saber qué comer y, por último, que comer mejor sea una de nuestras prioridades.

1. Deseo. Creo que lo primero que uno necesita para comer menos mal es querer comer menos mal. Desearlo. Hay personas que consideran que no comen como les gustaría pero no desean cambiarlo, y merecen todo el respeto en sus decisiones. Creo que debemos tomar nuestras propias elecciones sin remordimientos ni martirizarnos. Sin justificación, excusas ni culpabilidad. También pienso que debemos ser flexibles con nosotros mismos y con esas elecciones; adaptarnos a las circunstancias. Estar lo más “en paz” con nosotros que podamos.

2. Información. Cada vez estoy más convencida de que la información nos hace libres; libres para tomar decisiones con total libertad. No todo el mundo dispone de información actualizada sobre nutrición y aún son muchos los mitos alimentarios que circulan en todos los ámbitos (desde el centro de salud al colegio de los niños pasando por el entorno social y familiar). Muchas veces creo que no es “no querer” sino “no saber”. Dile a mi abuelo con 80 años recién cumplidos que lo de una copa de vino al día no es tan buena idea que ya sé de antemano la respuesta que te dará. También es cierto que hay personas para las que la información no es importante, no les interesa o tienen sus propias ideas muy interiorizadas y no desean cambiarlas.

3. Prioridades. Y finalmente creo que comer o no de forma más saludable depende de un condicionante importante: nuestras prioridades. Poco a poco mi cabeza intenta transformar un mensaje que repetía (a todos y a mi misma): “No tengo tiempo de…”, “No tengo tiempo para…”, “No tengo tiempo nunca”. Creo que muchas veces no es una cuestión de tiempo sino de prioridades y de elecciones. ¿Es para mí una prioridad comer mejor? Entonces me organizaré y dedicaré parte de mi tiempo a hacerlo. Y volvemos al punto uno: deseo de hacerlo. El problema aquí es aprender a priorizar y a repartir nuestro tiempo dado el ritmo de vida que, por lo general, llevamos. Como dice mi amiga Rocío, “se tarda lo mismo en freír un san jacobo que en hacer un filete a la plancha”. Pero muchas personas eso ni se lo plantean. Y creo que aquí volvemos al punto dos (información) porque no todo el mundo sabe qué comer; más aún cuando la publicidad le está diciendo a esa persona lo saludable y lo “natural” de su producto ¿para qué voy a invertir tiempo en hacer un arroz con verduras si me dan un arroz congelado ya casi hecho?).

 

comer bien

No, comer de forma más saludable no es aburrido

Una idea muy arraigada en nuestra sociedad es que “comer sano es aburrido” y creo que es una idea completamente errónea. Se puede comer mejor sin renunciar a disfrutar de la comida.

Me encanta comer, probar platos distintos, cocinas diversas y hay un sinfín de ideas saludables que van más allá del pescado hervido y la ensalada de lechuga y tomate. Existen muchas recetas fáciles, deliciosas, rápidas y saludables. De hecho, fue una de las razones por las que empecé este blog y creo que el 90% de las recetas que he ido recopilando a lo largo de estos años lo son.

Y no es solo “lo que comemos”. También hay muchos gestos sencillos que mejoran las comidas: comer con agua en lugar de refrescos o alcohol, reducir el consumo de productos preparados, huir de la comida basura o echar menos sal o menos azúcar en lo que cocinamos. Con esto ya añadimos un plus a nuestra alimentación.

Imposible no mencionar las famosas “dietas“, especialmente las “dietas milagrosas” o las “dietas de los famosos”, porque creo que le han hecho un flaco favor a la forma en la que nos alimentamos; y más que nunca estoy convencida de que lo único que verdaderamente es útil es aprender a comer (y vuelvo aquí al epígrafe anterior: deseo, información y prioridades). Por cierto, imprescindible para saber más sobre este tema el libro ‘No más dietas’.

 

la alimentacion de los hijos

El respeto

Los padres son capaces de morir por sus niños: es un mandato genético, un recurso de supervivencia de la especie, pero también es un movimiento de corazón que te hace mucho más completo, más humano“.

Rosa Montero, “La rídícula idea de no volver a verte”.

Dicho todo lo anterior, tengo que añadir que en general intento vivir como pienso, aunque no siempre lo consigo. Tengo un defecto: soy humana y, por tanto, imperfecta (como me dice siempre la gran Pilar Cámara). Y, además, no siempre tengo los medios para ello. Con respecto a la alimentación intento en la medida de lo posible ser coherente con mi forma de pensar y actuar en consecuencia.

alimentacion de los hijosMi deseo no es que mis hijos coman “bien” sino intentar que coman lo menos mal posible. Por ello, dentro de casa actuamos consecuentemente: no compramos precocinados ni productos muy procesados o elaborados, tampoco refrescos, aperitivos salados o dulces más allá de alguna tableta de chocolate negro y primamos lo vegetal frente a lo animal.

Con respecto a la forma de pensar o de hacer de muchas personas con respecto a la alimentación, propia o de sus hijos, puedo no compartir la forma de verlo o de actuar pero todas y cada una de ellas me parecen absolutamente respetables. De hecho, muchas de ellas son de lo más amoroso y tierno, libres de maldad alguna o egoísmo. Todos necesitamos sentirnos respetados aunque nuestras opiniones sean como un choque de trenes con respecto a lo que piensan otros. Y como a mi me gusta que me respeten, intento hacer lo mismo para con los demás.

 

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12 comentarios

  1. Ufff, me ha encantado el post, pero voy a tener que leerlo un par de veces más y tomar conciencia del tema, lo cierto es que no llevamos (yo la primera) una vida saludable… en cuando a la alimentación y, si es posible comer bien (me gusta comer, para qué vamos a engañarnos) y además dieta saludable, mejor que mejor y, muchas veces son malos hábitos que nos han inculcado que no tienen porqué ser buenos, pero ni te lo planteas (ahora, tras leerte sí, por eso tengo que leerlo más veces, jejeje). Muchas gracias por el post, me has abierto los ojos y planearme cosas que antes no, (y seguro que mi organismo agradcerá (y la salud sobre todo). Completo post, saludos y buen fin de semana

  2. Desde que descubrí tu blog hace un par de semanas estoy instaurando ciertas premisas de tus recetas y en tan poco tiempo ya he notado diferencias positivas,no solamente yo, también mi familia.
    Quiero agradecer todos los comentarios también, ya que me ayudan muchísimo a conocer más sobre alimentación.
    Un saludo y feliz semana
    Paula

  3. Nosotros hace dos años cambiamos las “frutas y verduras de gran superficie” por una cooperativa que nos da una cesta con frutas/verduras de temporada cada semana. Es un pelín (pero poquísimo) más caro que en Carrefour y la diferencia es… Puf!! Es volver a encontrar el auténtico sabor de las frutas y verduras. Además es todo bio, con lo que no tienes problemas en comerte la manzana o la pera con piel.

    Como bien dices, es simple si uno aprende ciertos hábitos y si tiene el interés de hacerlo. Un saludo

    • Nosotros lo hemos pensado varias veces pero al final no nos lanzamos… Compramos casi siempre en el mercado, aunque tengo que reconocer que últimamente no me puedo arreglar de otra forma que no sea a través de la compra online… Y me da mucha rabia. ¡Ay!

  4. Muchos posts sobre cómo alimentamos a nuestros hijos me estresan mucho, éste no. Me ha dejado una sensación super positiva de que es posible ir alimentándonos y alimentando mejor a nuestros hijos poco a poco cambiando hábitos sencillos pero eficaces.
    Me parece estupendo empezar por intentar conseguir que mis hijos coman lo menos mal posible. Gracias.
    A mis hijos les gustan las verduras y pescados mucho pero también los dulces, las chuches y las galletas.
    Yo este año me he hecho el propósito de intentar reducir el nivel de azucar de los alimentos procesados que comen como galletas e intentar hacer por ejemplo bollería para el desayuno en casa tipo bizcochos caseros, etc.
    Paso a pasito.
    Gracias por el post.

    • Muchas gracias, Ana 🙂 Me alegro de que te haya gustado y de que te haya dejado una sensación positiva. Un abrazo.

  5. Ante todo, que sepas que ese comentario al que aludes o más bien tu respuesta, se lo leí el fin de semana a mi marido y lo tengo guardado en la bandeja de entrada porque me pareció tan acertado… Que ahora no puedo por menos que agradecerte que hayas dedicado un post a este asunto. Yo creo que como ya he comentado alguna vez esto de la alimentación saludable es un poco como la lactancia materna. Hay que querer y hay que estar informado y dispuesta a ello. Y estoy convencida de que si hubiera más información disponible en ambas cuestiones el deseo por alimentarnos mejor o hacerlo con nuestros hijos sería mayor, a pesar de tener que bregar a contracorriente.

    Y ha sido especialmente desde que mi hijo comenzó a comer de todo (pasados los tres años y medio, pues hasta entonces sólo purés…) cuando me he concienciado mucho sobre ello y me preocupo por no cenar lo fácil (que en nuestro caso y según los hábitos de mi familia era simplemente carne/pescado con patatas fritas) y cuidar también el aporte de verduras, no comprar alimentos procesados/bollería, y sobre todo seguir aprendiendo para mejorar día a día y disponer de un amplio abanico de recetas sanas y que tampoco me lleven mucho tiempo porque llegando a casa después de diez horas fuera tampoco es que me apetezca gran cosa ponerme a cocinar pero como bien dices ahora le doy prioridad a cenar sano así que espero a que mi peque esté dormido para preparar algunos días la cena del día siguiente.

    Precisamente el otro día en el patio mientras salían los niños por la tarde hablábamos de esto y creo que la mayoría vamos a lo fácil, a lo rico (bocadillo de embutido…) y yo les decía que hay otras cosas (no tan malas) que también están ricas y es cuestión de concienciarnos porque yo no quiero estar dentro de diez o veinte años pendiente de tomar pastillas para diabetes/colesterol/etc… y sobre todo tenemos un ejemplo que dar a nuestros hijos.

    Por supuesto Diana me quedo por aquí porque en este camino de la alimentación saludable tu blog para mi familia es fundamental.

    • Jolin Laura, me dejas siempre muda. Muchas gracias por tus palabras, y no sabes cuánto me alegro de que sirva de utilidad este espacio. Últimamente no llego a actualizarlo como me gustaría; no me quedan horas ya para más (y cuando se ponen los peques malos ni te cuento). Trabajar en casa es un privilegio pero también es muy difícil a veces. ¡Ay! Pero bueno, con este comentario ya me has hecho muy, muy feliz y es un empujón maravilloso. Un chute de energía. Gracias.

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