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“Ese plátano no está pocho, está maduro”

Y llegó el día en el que dije una de esas frases de madres que tanto he criticado: “Ese plátano no está pocho, está maduro”. Acto seguido me comí el plátano yo, claro. Sálvese quien pueda.


 

 

Supongo que pasamos toda nuestra infancia y juventud diciéndonos que nunca vamos a repetir aquella frase de madre, tan de madre, que tanto nos molesta por pura ignorancia. La realidad es que una vez metidos de llenos en eso que llaman maternidad / paternidad, no hay mucho que hacer para escapar de ellas. Bueno, vale, en realidad de muchas sí, pero no de todas. Las hay más o menos graciosas, más o menos cansinas. Pero todas son como muy identificadoras de padres y madres. Una de las mejores es ésta:

“Ese plátano no está pocho, está maduro”.

Y, como no podría ser de otra forma, ahí estaba yo, un día cualquiera, asegurándole a Mara que el plátano era perfectamente comestible. Que “sólo” estaba maduro y que, pese a su aspecto, estaría delicioso. Obviamente no la convencí. No esperaba menos. Así que terminé por comerme yo aquel plátano maduro con aspecto poco amable pero efectivamente, igual de rico.

 

 

Es una de esas frases que seguro que van a recordar de mí porque se ha incorporado a mi vocabulario con una alegría pasmosa junto a “Me paso el día recogiendo” y “La comida no se tira“. De hecho, esta última, la ha incorporado tanto Mara que a los Reyes Magos les pidió una nevera “para no tirar la comida que no quiere”. La comida de juguete, claro.

 

 

La frase de madre, que no de padre

Siempre cuento aquí que el verdadero protagonista de esta sección debería ser nuestro papá en prácticas porque él es el que más afinidad tiene con este tipo de frases. Pero, en este caso, Adrián no quiere ver un plátano maduro ni de lejos. De ellos huye como un fugitivo. A toda velocidad. Así que soy yo la receptora de los plátanos más pasados.

Lo curioso, además, es que creo que hasta ahora no había salido el tema de la fruta “pocha”. No sé si es una cuestión de la edad, una etapa más, o es que realmente Mara tiene un paladar exquisito que le hace rechazar todo aquello que no es perfecto en aspecto. Sea como sea, ¿conseguiré dejar de decirla? ¿Continuaré diciendo esta frase toda mi vida? Quien sabe, puede que “Ese plátano no está pocho, está maduro” no sea una frase de madre sino de un paladar poco fino como el mío. Sálvese quien pueda.

 


¿Y vosotros? ¿Habéis dicho alguna vez eso de”Ese plátano no está pocho, está maduro”?

 

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2 Comments

  1. Ay, la de veces que me ha dicho eso mi padre! “Pero no lo quites, que lo negrito del plátano es lo más rico!” Y más de una vez me he escuchado a mí misma decírselo a Laura… jajajaja. Pero ni por esas, la textura esa de plátano pocho no nos convence a nadie en la familia. Pero he encontrado la solución! Batido de plátano!! Metes a la batidora los plátanos que estén ya pasaditos, un chorrito de leche y listo! Como es verdad que al estar más maduros están más dulces, queda buenísimo sin tener que echarle nada más, rico rico!

    • Rescato tu comentario de SPAM. ¡Pero bueno! Sois del club de Adrián, entonces je je je
      Muchas gracias por la recomendación porque en esta casa no se tira nada de nada 🙂 ¡Ñam!

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