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Por qué hay que apoyar una huelga feminista

 

El pasado 8 de marzo tuvimos una gran oportunidad para dejar de invisibilizar las injusticias que padece la mujer a través de una huelga feminista. Aún queda mucho camino por recorrer para lograr la igualdad de derechos y hay que recordarlo por justicia social y por solidaridad.

 

Reconozco que a lo largo de mi vida he tenido mis más y mis menos con el feminismo. A día de hoy, desde otra perspectiva muy diferente, sé que ese vaivén se debía en primer lugar al desconocimiento de lo que realmente es este movimiento,  pero también a la falta de referentes en mi entorno con conciencia feminista y, por supuesto, al intento permanente de desprestigio por parte de terceros. Lo vemos en los medios de comunicación casi a diario. Tampoco han ayudado mis desavenencias con algunas corrientes del feminismo que, a mi entender, se alejan del verdadero objetivo de éste, y que no es otro que hombres y mujeres tengan los mismos derechos. Porque para mí, los cuidados y la crianza también son feministas por mucho que haya quien lo ponga en duda.

Dicho lo anterior, creo que puedo decir que en 2018 sí sé un poco más de feminismo, al menos algo más de lo que he sabido en toda mi vida. Y, aunque soy casi una analfabeta al respecto, si tengo mayor conocimiento es gracias a lo mucho que he aprendido de las mujeres que he ido conociendo a lo largo de estos años. De mujeres con un gran espíritu crítico, con ganas de saber, de contar, de visibilizar, de reivindicar. Con ganas de cambiar las cosas. De aportar. Porque como dice mi querida Pilar Cámara, “feminismo es todo aquello que aporta”. Y mi suerte ha sido recibir tanto de mujeres como ella.

8 de marzo, entre la cobardía y la ceguera

El pasado 8 de marzo tuvimos una fantástica oportunidad de denunciar que aunque hemos podido avanzar mucho, queda bastante por hacer. La reivindicación no era otra que dar un golpe sobre la mesa y decir ¡Ey! ¡Oye! Que estamos aquí, y que ya basta, que queremos los mismos derechos, por mucho que haya quien la haya querido decorar con tintes políticos o desprestigiarla. Una “huelga pija” decía Paco Marhuenda en su cuenta de Twitter.

Aquel día hubo quien paró y quien no, quien salió a la calle con una pancarta y quien no, quien derivó los cuidados y quien no, quien colgó su delantal en el balcón y quien no. Sin embargo, yo sigo sin entender cómo alguien puede no apoyar las reivindicaciones que se hacían; unas reivindicaciones que además de justas son clamorosamente necesarias. No entiendo cómo alguien puede cerrar los ojos y hacer como que no pasa nada, que no es necesario. Supongo que todo se ve distinto desde la comodidad de su atalaya.

Siempre ha habido personas con alergia a las huelgas y a toda aquella manifestación en contra del orden establecido, compartan o no la denuncia social o laboral en cuestión. Lo he visto durante años en la empresa en la que trabajaba, y en la que formé parte durante años del comité de empresa. Pese a los despidos, a las injusticias laborales y a los despilfarros varios que se produjeron una y otra vez hubo quien jamás acudió a una huelga, a un paro o a una protesta. A veces me daba la sensación de que había quien pensaba que si cerraban los ojos y no lo veían aquello no sucedía en realidad.

Y sí, sin duda alguna creo que las huelgas asustan, puede que porque en cierto modo amenazan nuestro estatus, nuestro orden, nuestra comodidad. O quizás porque puede que nos hayan domesticado para seguir a pies juntillas cada precepto sin ponerlo en tela de juicio, sin cuestionarlos. Refunfuñar, sí, pero en silencio, o sin armar mucho ruido.

Un buen resumen de todo esto lo encontré el 8 de marzo en un valiente Manuel Jabois que decía sin pelos en la lengua en La Ser que siempre ha habido quien no ha apoyado reivindicaciones que a día hoy sería impensable no tener ganadas como derecho. Véase por ejemplo quienes se manifestaban en su momento en contra del divorcio.

“En su momento se perdieron todas las fiestas y hoy se están perdiendo ésta. Perdieron la oportunidad de mirar más allá de sus narices, y hoy los que están y las que están diciendo que no hace falta huelga y que no hay desigualdad entre el hombre y la mujer, se están perdiendo la última oportunidad de todas.”

 

 

Una cuestión de justicia social

Es cierto, no basta con hacer una huelga feminista sino que hay que seguir educando a la sociedad en el feminismo. No sólo a nuestros hijos, claro, también a nosotros mismos (¡cuánto trabajo por hacer!) y a nuestro entorno.

Pero también hay que salir a la calle por justicia social. Por solidaridad. Porque tal vez tú no hayas sufrido nunca una violación ni te hayas enfrentado al acoso sexual. Tal vez tú no hayas sufrido discriminación en tu puesto de trabajo por ser el simple hecho de ser mujer. Tal vez a ti no te hayan preguntado nunca si piensas tener hijos, si vas a pedirte una reducción de jornada o si la excedencia pasará por tu mente cuando des a luz. Tal vez no te hayan despedido por estar embarazada ni hayan bromeado delante de ti sobre tu género. Tal vez tampoco hayas sufrido los celos enfermizos de un novio “posesivo”, ni la violencia de género en su máxima o su mínima expresión. Tampoco violencia obstétrica. Tal vez no hayan insinuado nunca que tú no podrías hacer aquello que querías por ser mujer. Tal vez tengas una pareja en casa que se corresponsabiliza. Quizás hasta te hayas casado con un marido feminista. Incluso, tal vez te de igual la cosificación de la mujer, la hipersexualización de las adolescentes o la publicidad sexista. Tal vez no te haya pasado nada. O tal vez te ha pasado pero no lo hayas visto, o no lo hayas considerado “tan grave”. Tal vez. Pero hay otras muchas mujeres que sí que sufren, y por eso hay que visibilizarlo, no podemos dejar que sigan siendo invisibles. Deben saber que estamos con ellas, que las creemos, que las entendemos. Que las cosas van a cambiar por ellas pero también por ti y por mí. Por todas nosotras.

Silvia Federici en la breve introducción de la séptima edición de Calibán y la bruja que descansa en mi mesilla esperando ser devorado (gracias, por cierto, a la recomendación de una de esas mujeres de las que tanto aprendo), dice escribir para “garantizar que las luchas que las mujeres han llevado adelante y las lecciones que hemos aprendido de ellas no sean enterradas ni tergiversadas, como a menudo ocurre en la actualidad”; pero también incide en que esa memoria histórica tendrá efectos limitados si ésta no se acompaña de “fuertes movilizaciones” que señalen la lección que podemos aprender de esos hechos.

Gracias a todas por contribuir a ese aprendizaje.

 

¿Qué pensáis de las reivindicaciones de la huelga feminista?

 

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Diana Oliver

Diana Oliver

4 comentarios

  1. Enhorabuena! Te ha quedado un post chulísimo. Y tan lógico todo… Yo a veces creo que vivo en un mundo diferente, porque no entiendo que haya gente que no vea estas cosas, viven otra realidad? Es que no puede ser. Pero claro, todos conocemos el dicho “no hay más ciego, que el que no quiere ver”. Un saludo!

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