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El impacto emocional de la urticaria a frigore (y una buena noticia)

 

La alergia al frío o urticaria a frigore también afecta a nivel emocional a quien la padece. En mi colaboración con la campaña #DaleLaVueltaALaUrticaria os cuento hasta qué punto condiciona la vida una urticaria grave (y os doy una buena noticia).

 

A lo largo de los últimos seis meses he ido contando mi experiencia personal con la alergia al frío o urticaria a frigore, compañera de viaje desde hace casi veinte años. Para cerrar mi colaboración con la campaña #DaleLaVueltaALaUrticaria os cuento cuáles son las consecuencias emocionales que tiene una urticaria crónica grave y aprovecho para contar una buena noticia con la que no puedo acabar mejor el año: en noviembre volví al hospital y ya tengo tratamiento. ¡Y me va bien! (Al menos, de momento). No encuentro una manera mejor de poner el broche final al año, y a mi colaboración.

El impacto emocional de una urticaria grave

Una urticaria crónica como es la urticaria a frigore no sólo limita la vida de quienes la padecen, e incluso de su alrededor (comidas, ocio, salidas en invierno…) sino que también acaba afectando a nivel emocional. Y mucho.

En mi caso he pasado por muchas temporadas (casi dos décadas dan para mucho), desde momento de “pasotismo” total y de intentar ignorar los síntomas, hasta de auténtico terror de salir a la calle en invierno, tomar algo que pudiera estar algo más frío que “del tiempo” o meter ni un pie en la piscina. Pero, en general, puedo afirmar que la urticaria a frigore me ha limitado enormemente el día a día tanto en invierno como en verano.

Además del miedo a las reacciones graves, y la tensión y el estrés que produce vivir así, me he sentido muy incomprendida, e incluso avergonzada muchas veces. Por un lado, contar a un desconocido, o incluso conocido, que no puedes tomar cosas frías o hacer según qué cosas porque tienes alergia al frío siempre me ha producido una pereza absoluta porque puedo afirmar que en el 90% de las ocasiones he recibido las mismas respuestas: “¡A mí me pasa igual, tampoco me gusta el frío”, “Ja, ja, ja… ¡Sí claro!”, “¿Es broma? ¡Venga ya!”. También es un rollo pedir cosas del tiempo en lugar de frías: “Pero es que así calentorro no te lo puedes tomar”.

Tampoco el entorno familiar creo que lo haya entendido nunca y me he sentido como una exagerada en infinidad de ocasiones. Recuerdo a mis abuelos decirme muchas veces que “por un poquito de helado” no iba a pasarme nada, por ejemplo, o a mis suegros poniendo el aire acondicionado en su casa a su gusto, sin reparar, para mi disgusto, en que a mí me producía unos picores tremendos. “Si no está tan alto”. No les culpo, la verdad, todo lo que se sale de lo “normal”, de lo habitual, sorprende. Y cuesta sentir empatía hacia quien lo sufre si no has pasado por lo mismo.

 

 

Una buena noticia

La verdad es que no imaginaba cuando empecé mi colaboración con la campaña #DaleLaVueltaALaUrticaria que acabaría escribiendo un post de cierre con la mejor noticia que 2017 me podía regalar: he empezado un tratamiento y he dicho adiós a los síntomas. Llevaba meses con el run, run de volver a la revisión en el Hospital La Paz (ya conté aquí que en 2013 acudí para que me derivaran al Hospital del Mar (Barcelona), pero finalmente encontré aquí mismo seguimiento para mi urticaria), así que pedí cita para retomar la posibilidad de empezar a tratarme. Llamé en octubre con la idea de que me darían cita para 2018 pero para mi sorpresa me citaron el 23 de noviembre. Tras ir durante tres días a hacerme varias pruebas (prick test, temp test, prueba del cubito y análisis de sangre) confirmaron que la alergia estaba ahí de manera muy clara pero para mi sorpresa la prueba del cubito no fue “muy positiva” al minuto uno, como en 2013, sino que se manifestó pasados 5 minutos.

 

* Mi brazo tras 6 minutos de exposición al cubito de hielo.

Así que decidieron pasar a medicación oral en dosis altas antes de empezar con la artillería pesada de las inyecciones. Y para mi sorpresa… ¡Me va bien! Desde el minuto cero en que empecé con el tratamiento no he vuelto a tener ningún síntoma, ni siquiera un leve habón o un ligero dolor o picor. Nada. He vuelto a poder fregar los cacharros con agua fría, a salir a la calle con frío, a estar en un parque horas con los peques sin morir de picor por las piernas y tener la cara como un monstruo, he vuelto a tomar cosas de la nevera sin que la lengua se me quede como dormida y a respirar el aire frío de la calle sin sentir como si me estuvieran agarrando de la garganta.

El 28 de diciembre vuelvo para valorar el primer mes de tratamiento y que me den los resultados de los análisis de sangre de noviembre. Ahora mi miedo es que me deje de hacer efecto y que vuelva para atrás pero, de momento, me queda un largo invierno que disfrutar. Tantas son mis expectativas y esperanzas en él que hasta me he comprado unos patines para aprender a patinar y voy a retomar salir a correr. ¡En invierno! Algo impensable hace un mes. Y no puedo ser más feliz.

 

 

 

¿Qué llevaríais peor de sufrir urticaria a frigore?

 

Webs de interés:

 

 

 

 

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Diana Oliver

Diana Oliver

16 comentarios

  1. ¡Qué alegría! Me encanta saber que podrás venir a Valladolid a vernos… bueno y que podrás tener una mejor calidad de vida tanto en invierno como en verano. Me alegro infinito! Un beso!

    • Ay, Raúl, y lo estoy disfrutando taaaaaanto 🙂 Estoy como una niña con zapatos nuevos. Ahora sí que sí tenemos que hacer esa quedada jejeje

  2. ¡Qué buena noticia Diana! ¡Me alegro muchísimo que tu cuerpo esté respondiendo al tratamiento! Lo que vas a poder disfrutar ahora con los dos peques, en invierno y luego en verano… me acuerdo tantas veces de ti sobre todo al sentir el viento en la cara estos días y recordar lo que para ti supone (o suponía ;)) Un besazo!

    • Gracias, bonita mía. La verdad es que estoy feliz, feliz, no podía acabar mejor el año. Ahora ya no tengo excusa para ir al norte que tengo muchas ganas de visitaros a muchas. Ojalá en 2018 podamos conocernos 🙂 Besazo enorme.

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