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El reto de tener hijos en una sociedad que infravalora los cuidados

 

Criar en una sociedad en la que infravalorar los cuidados es la norma complica mucho más una labor que ya de por sí es más que compleja.

 

Plantea Cristina Carrasco, investigadora en Economía feminista, en el artículo El cuidado como eje vertebrador de una nueva economía que “la responsabilidad del cuidado no debería ser privada ni individual, sino social y política”. En ese sentido, cree Carrasco que “avanzar en esta línea significaría comenzar a revalorizar el trabajo de cuidados a la vez que reconocer la aportación a la sociedad y al bienestar de este tipo de trabajo, y así romper con la centralidad del trabajo mercantil como eje del funcionamiento social en términos generales y como generador de derechos sociales en términos más específicos”.

Sobre esa línea que plantea la investigadora camina también la antropóloga María José Garrido, autora de Etnopediatría: infancia, biología y cultura, para quien es innegable que la reciprocidad, la ayuda mutua y la cooperación han sido esenciales para la supervivencia a lo largo de la historia de la Humanidad. “Nuestra cultura ha dado la espalda a lo que nos ha permitido llegar hasta aquí, negando una parte de nuestra esencia”, me decía Garrido en una entrevista mantenida para la elaboración del reportaje La soledad de la maternidad, que publicaba el pasado 19 de enero en la sección De mamás y de papás de El País.

Cuando me convertí en madre hace cuatro años este fue precisamente el aspecto que más me removió, que más cambió todos y cada uno de mis esquemas mentales: ser consciente de que uno de los aspectos en los que más se pone de manifiesto ese choque que existe entre naturaleza y cultura es en el de la maternidad. Y creo que esto se hace aún más evidente si eres tú quien quieres criar a tus hijos sin delegar esos cuidados al Estado o a empresas privadas, porque se hace muy complicado encontrar las condiciones para hacerlo. Las condiciones, claro, pero también el apoyo necesario. “Cada vez es más difícil compaginar trabajo y crianza en una sociedad que no está diseñada para los cuidados. En realidad, para una sociedad que no está diseñada para nada que no esté dentro de una cadena de producción”, se lamentaba Pilar Cámara en otra entrevista para ese mismo reportaje.

 

 

Necesidades no satisfechas

Los cuidados, que han sostenido y sostienen las relaciones humanas desde el principio de los tiempos, pese a ser una necesidad vital no son considerados como algo importante y a tener en cuenta. Ni a nivel político ni a nivel social. Muchos no somos consciente de ello durante años, hasta que algo hace clic y ¡zas! Para otros, incluso, esa toma de conciencia no llega nunca.

En el caso de la maternidad, lo que una madre reciente necesita es apoyo emocional y logístico. Lo necesita ella y, obviamente, su hijo y el resto de la familia, y sin embargo, estamos a años luz de cubrir esas necesidades. Lo vemos, por ejemplo, en que no tenemos permisos de maternidad y de paternidad a la altura; permisos que oscilen, como mínimo, entre un año y dos. Mejor no hablar del caso de los autónomos, para muchos de los cuales ese parón es una quimera. También necesita respeto a sus decisiones, algo que brilla por su ausencia en muchas posturas que, en boca del feminismo, disparan dardos envenenados contra todas aquellas actitudes que defiendan el derecho a la crianza y a los cuidados por encima de cualquier otra cuestión. Lo explicaba muy bien Eva Janeiro de MamaMail en este post que escribía como respuesta a este artículo de Laura L. Ruiz: “Nosotras existimos y nos duele ser escupidas de la lucha por vivir nuestra maternidad a tiempo completo y ser felices con ello”.

Este panorama no debería sorprendernos si, como reflexionaba Carolina del Olmo en ¿Dónde está mi tribu? Maternidad y crianza en una sociedad individualista, vivimos en un mundo “que no está hecho a la medida de los niños, ni de los viejos, ni de quienes no disfrutan de buena salud”. Un mundo que te arroja a “una crianza que adiestre a los niños para reducir su impacto en la vida adulta”.

Malabares

Si ya de por sí criar a un hijo es una tarea compleja, las condiciones en las que la mayoría lo hacemos aún le ponen más emoción al asunto. Cuando nos lanzamos a crear Tacatá Comunicación en 2014, lo hacíamos con el firme convencimiento de que haríamos de la conciliación una realidad. Dos hijos y cuatro años después, mi experiencia me ha demostrado que es muy difícil hacer todo a la vez. O al menos que es complicado hacer todo a la vez “bien”. Siempre hay alguna renuncia y alguna prioridad que pasa a sustituir a otra casi igual de importante.

Y es aquí cuando tomo más conciencia de todo lo anterior. De lo difícil que fue a ojos de muchos el día en que decidí dejar un trabajo “fijo” para “sólo” criar a mi primera hija, pero también de lo complicado que ha sido después avanzar profesionalmente sin abandonar aquella decisión en firme de querer seguir cuidando. Sin renuncias. Sin derivar la crianza a otros. Porque hagas lo que hagas, da igual. Vivir en una sociedad en la que infravalorar los cuidados es la norma te obliga inevitablemente a aprender a hacer malabares para que la crianza no se convierta en una utopía; y también a asimilar que esa maternidad y esa crianza vas a tener que aprender a vivirlas con cierta soledad.

 

¿Qué opináis? ¿Creéis que se tiende a infravalorar los cuidados?

 

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Diana Oliver

Diana Oliver

16 Comments

  1. He llegado a este blog de casualidad, y a este artículo igual. Y me parece que explicas muy bien algo que que parece se está convirtiendo en un tabú: ¿qué pasa si quiero dedicarme a cuidar de mis familia (que no es poca cosa) en exclusiva? Pues que serás excluida sin más de la sociedad, así mismo. En alguna ocasión he comentado con amigas el hecho de que el estado reconociera de alguna manera (algo tipo “renta básica” para personas que cuidan a sus hijos en exclusiva) y la respuesta que eso lo que hace es reproducir los roles tradicionales. Ese es el problema, y no lo que yo quiera o sienta. Porque ya me han dicho lo que tengo que sentir y querer: trabajar por un sueldo de m.. y que mis hijos se escolaricen con tres meses.

  2. Es una pena, pero es así, los cuidados están infravalorados, y además se reciben críticas por todas partes. Ahora lo que le gusta a la sociedad es la productividad y la independencia y ganar para gastar cuanto más mejor. Me da mucha pena, de verdad.

  3. Yo añado el problema de que puede que lo que quieras sea criar en un momento dado, pero no para siempre, sino solo un tiempo. Y puede que, después de ese tiempo, volver a trabajar a un nivel parecido al que estabas sea imposible (en ocasiones volver a trabajar sin más) Así es que siempre llegamos a la renuncia.
    También digo siempre que los que trabajais en casa con niños en casa, me pareceis heroes, me parece complicadísimo. Yo tengo la opción de teletrabajar algunos días, y pero nunca lo hago cuando no voy a estar sola en casa, porque para mi es imposible sacar 7 u 8 horas de trabajo efectivo con niños alrededor.

    • Estoy completamente de acuerdo y siempre digo que ¿cuánto tiempo nos van a necesitar “intensamente”? Creo que los tres primeros años son los más demandantes en ese sentido. ¿Y qué son tres o cuatro años en comparación al resto de una vida?

      Sobre lo de trabajar en casa con peques no es cuestión de heroicidad, eso son palabras mayores que merecen otros y otras 🙂 Pero es cierto que requiere de una capacidad de concentración, organización y de gestión des estrés que ríete tú del trabajo de un broker de la Bolsa.

      Un abrazo y gracias por tu comentario, Teresa.

  4. Siempre tan acertada Diana. Ya lo dice Carlos González la conciliación en España no existe, si trabajas no puedes cuidar a tus hijos. Yo estoy de excedencia 4 años, básicamente esto supone ya una renuncia, porque no creo que aceptaran que volviese al trabajo, y por otro lado, yo no voy a dejar a mi hija al cuidado de terceras personas que no le siguen el hilo por ser una niña bastante activa con 3 años y medio. Criticada, apartada de la sociedad y escuchando la típica frase semanalmente ” si te lo puedes permitir” . Pues va a ser que hemos tenido que hacer reajustes económicos, no salimos mucho, gastamos lo justo y necesario y poco más. Pero que el hecho de querer criar a tu hijo sea cuestionado continuamente, es algo que me remueve las entrañas.
    En fin, lo dicho Diana, me encantan tus artículos. Un abrazo

    • Muchas gracias por tus palabras, Paula. Qué bien que pensemos parecido en este aspecto. Entiendo perfectamente lo que dices, a veces también parece que estamos siempre sometidas a la crítica hagamos lo que hagamos. Como dices cuando se opta por el camino de afrontar la crianza sin derivarla a terceros hay detrás un reajuste importante a todos los niveles.
      Lo estáis haciendo fenomenal, estoy segura. Mucho ánimo y un gran abrazo 🙂

  5. Totalmente. La maternidad nos hace débiles a ojos de los de más y muchas acaban tragándoselo.
    Otra cosa es que no cualquiera puede plantarse y reivindicar por que no está en una posición económica que se lo permita. De hecho, esa posición económica débil es la que hace que traguemos y aguantemos.
    Pero otras podemos y nos plantamos ante quien sea y por narices nos oyen.
    Veremos nuestras hijas como lo tendrán.
    Besooooooooooo!!!!

    • Ojalá que más fácil que sus generaciones pasadas. Gracias por pasar, Marina, besazos enormes desde España 🙂

  6. Totalmente de acuerdo contigo y con todo el artículo! En esta sociedad cuidar es una “tarea de segundas o terceras”. Si decides cuidar y criar, parece que te acabas de salir de la sociedad, cuando más bien es todo lo contrario, es cuando más estás haciendo por esta sociedad; o al menos así lo veo yo. Hasta que no valoremos la importancia del cuidado, un cuidado que queramos o no todos necesitamos, hemos necesitado y necesitaremos; hasta que no llegue ese día, serán muchas madres (algún padre también), las que seguirán haciendo malabares. Yo sueño con una sociedad en la que los cuidados se consideren algo imprescindible, y ojalá nuestros hijos no tengan esta lucha, porque ya la hayamos ganado nosotros! Un abrazo

    • Miles de gracias, Maribel 🙂 Ojalá, como dices, nuestros hijos e hijas habiten un mundo más amable con respecto a los cuidados. Un abrazo y mil gracias por tu comentario.

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