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Cuando la alimentación de los hijos se convierte en una batalla contra el mundo

La alimentación infantil en un entorno insano

La alimentación infantil en un entorno insano

Decía el pediatra especializado en alimentación infantil Carlos Casabona en la entrevista que le hicimos para el quinto número de Madresfera Magazine que “Los padres tienen buenas intenciones pero quedan diluidas en el ambiente obesógeno de nuestra sociedad actual”. Creo que es imposible describir mejor lo que nos sucede a nosotros en casa y, por lo que hemos podido comprobar a muchos padres a nuestro alrededor.

Cuando Mara llegó a nuestras vidas comenzaron a preocuparnos más algunos temas que hasta ahora quizás habíamos pasado por alto dejándonos llevar por lo aprendido. Era lo que social y culturalmente habíamos mamado y ¿quiénes éramos nosotros para revelarnos ante el orden imperante? Pero había cosas que ya no nos cuadraban. Leíamos, preguntábamos, nos informábamos y ¡zas! Ya no había marcha atrás: estábamos destinados a ser un poco más infelices por nadar  a contracorriente.

Comenzar con la alimentación complementaria dejando que fuera Mara la que comiera en función de su necesidad y a su ritmo ya nos anunciaba que el camino de la alimentación no sería un recorrido sin piedras, baches y hoyos imposibles. Y no por ella (¡pobre mía!) sino por el entorno que nos rodeaba; un entorno que ya veía con desconfianza que unos padres primerizos le dieran a su hija la comida en trozos, y no purés de frutas, verduras o papillas. ¡Y encima lo comía ella sola! “Insensatos”, pensarían. La cosa es que nuestra experiencia con el baby led weaning fue estupendamente y, supongo que para sorpresa de muchos, transcurrió sin incidentes más allá de un incremento de limpieza en la cocina. No se ahogó, no le dio anemia, y sobrevivió pese a los terribles pronósticos familiares.

Confiamos en Mara en aquel momento y lo seguimos haciendo a día de hoy. ¿Quién mejor que ella sabía lo que necesitaba comer?

A lo largo de este tiempo en casa le hemos ofrecido alimentos saludables, a excepción de alguna celebración muy puntual en la que ha caído algo más festivalero. Ha tenido a su alcance los mismos alimentos que comíamos nosotros. A veces adaptados, pero en esencia muy similares. En nuestros armarios y en nuestra nevera no va a encontrar productos demasiados procesados (más allá del aceite de oliva virgen, los yogures naturales sin azúcar ni sabores o similares). Tampoco bollería industrial, galletas, refrescos, zumos, batidos o cantidades ingentes de embutido más allá de pavo en lonchas que le gusta al Papá en Prácticas y que toma algún domingo por la noche cuando ya no nos queda ánimo para cocinar nada elaborado más allá de una tosta o bocadillo. Lo que probablemente sí va a encontrar será frutas, verduras, hortalizas, legumbres, cereales integrales (arroz, avena, pasta…), especias, quesos de calidad, frutos secos naturales (especialmente almendras y nueces), huevos, leche o bebidas vegetales sin azúcar ni otros añadidos. También carne y pescado. ¿El problema? Poner un pie fuera de nuestra pequeña burbuja y lanzarnos de lleno a un entorno social y familiar que normaliza una amplia variedad de alimentos superfluos, desde refrescos o chucherías a bollería, zumos, batidos, helados y embutidos. Esto ha sido más o menos controlable hasta los dos años. Nos resulta mucho más complicado a partir de entonces: ella es mucho más consciente de su alrededor y ya ha probado algunas de esas cosas.

alimentación infantil

La milla de las piruletas

En un sólo día podemos volver a casa con un historial de piruletas que ni el de aquel señor que en la cabalgata de Reyes te planta el paraguas del revés en plena lluvia de caramelos y se vuelve a casa pensando en montar un quiosco con el botín. En el mercado el señor de la frutería no le ofrece a Mara una pera o un plátano. No. Le ofrece dos piruletas de corazón, de las grandes, que siempre “visten más”. Después, compramos el pan y allí la panadera, muy amorosa, le cambia a mi hija un bizcocho de soletilla por un besito. Bajamos a la segunda planta y si vamos a la pollería, el pollero le ofrece “un caramelito” y sumamos otra piruleta porque la niña la ha cogido antes de que me diera tiempo a decir que ya teníamos suficientes. Con tres piruletas y un bizcocho de soletilla conseguimos salir del mercado. Nos la jugamos: vamos a cortarle el pelo a la peluquería. Esa tan molona en la que las chicas se derriten con sus rizos rubios. Por supuesto, a la salida le ofrecen un chupa chups “por lo bien que se ha portado” y lo guapa que es. Continuamos la ruta. Nos dirigimos al parque, ese lugar donde todos los niños a excepción de ella cargan una bolsa de gusanitos, de patatas fritas, galletas o un sándwich de mortadela. Seguro que bio, claro, que todos sabemos que es mucho mejor. Y zumos. Bifrutas, Tropical, con leche. Todos con su pajita y su cajita en miniatura. Allí Mara observa la merienda de alguno de ellos. Seguramente optará por galletas o gusanitos y la madre, con toda la buena intención del mundo le dirá aquello de “¿Quieres un poquito, bonita?”. En ese momento ya sé para quien va a ser el melocotón y la pera que llevo en la mochila.

Volvemos a casa y nos preguntamos, ¿qué va a cenar Mara? Probablemente nada podrá competir con semejante botín y no nos equivocamos. Adiós a la tortilla francesa.

piruletas y niños

¿Qué hacer?

La verdad es que ante este panorama nunca sabemos muy bien qué hacer. Si nos lanzamos a negarnos, y ella ve que nuestra actitud una y otra vez es la de negación, creo que al final conseguiremos el efecto contrario: que le llamen mucho más la atención este tipo de cosas. Tampoco ayudan las frases de los abuelos del tipo “Mamá/Papá no quieren que comas esto” porque lo único que hacen es reforzar el deseo, entre otras cosas. Considero que tampoco podemos dejar que normalice estas situaciones y que se hinche a dulces pero explicarle eso a una niña de dos o tres años no es nada sencillo; diría que es más bien inútil.

No somos los únicos que sufrimos ante el tema de la alimentación. Mientras este post reposaba en borradores otros padres vivían como nosotros la angustia de ese gusanito o esa piruleta inoportuna que se colaba a la hora de la merienda.

 

 

También nuestro amigo Enrique (‘Papá llega tarde’) lo contaba muy bien en un post que bajo el título “Por una vez se murió el pez” recogía su pataleta acerca de ese empeño en ofrecerle a los niños chucherías, galletas y demás con la bella excusa de que “por una vez no pasa nada”.

Si bien las salidas a la calle no están libres de tentaciones tampoco lo estuvo su corta experiencia en la escuela infantil donde comían gusanitos, galletas, zumos y chucherías prácticamente cada día con la excusa del “refuerzo positivo”. Y no hablemos de las visitas familiares. En la última sorprendimos a la abuela dándole Nestea a la niña y nos enteramos de que al día siguiente había probado el Aquarius.

Llegados a este punto, ¿somos unos exagerados? Yo no lo creo. Al final pienso que normalizamos cosas que no tienen porqué ser “normales”. Les enseñamos desde muy pequeños que “no pasa nada” por tomar determinados alimentos y, al final, les transmitimos hábitos que son insanos y perfectamente evitables. Todos deberíamos remar en la misma dirección pero no todos tenemos la misma información. Ni los mismos hábitos. Ni los mismos intereses. Tampoco a todos nos preocupan las mismas cosas. Nosotros por nuestra parte seguiremos predicando con el ejemplo y en casa ella seguirá viendo y encontrando las cosas, los hábitos, que consideramos mejores.

¿Y vosotros? ¿Qué hacéis ante estas situaciones? ¿Os preocupa la alimentación de los peques?

 

Diana Oliver

Diana Oliver

30 comentarios

  1. Nosotros en nuestra vida no somos tan cuidadosos, sí comemos embutidos xej, con moderación, pero por lo demás me veo muy reflejada en too lo q dices. Eso de ir al parque y ver como sacan bolsas, galletas… Los míos se pegan a los padres en cuestión.y no puedo hacer mucho para evitarlos. Todos podíamos llevar manzanas, tortitas a una mala…pero na, sologuarradas. Y lo q dices de q regalan caramelitos en cada esquina igual…y a mi es q no me gustan nada de nada. En fin, que lasociedad aún no está metalizada de comer un poco bien, y los niños cada vez empiezan antes a recibir guarradas (así lo llamamos nosotros)
    Besotes!!

    • Estoy de acuerdo con vosotras solo a medias. Yo también le di de comer en trozos, la niña como de todo y de lo que comemos nosotros, pero eso incluye alguna vez chocolate, galletas o embutidos. Tengo la experiencia de dos amigas que tienen hijos mayores, una dejó de venir a tomar café con sus amigas porque los niños miraban con desconsuelo los pasteles. En serio me daba hasta pena, no creo que prohibir siempre sea bueno. Yo miro las etiquetas intento hacer o comprar dulces caseros pero si un día come algo no pongo el grito en el cielo. A mí hija si le das frambuesas o uvas las prefiere a unas galletas. Cuando iba a algún cumpleaños o a casa de algún amiguito a dormir se empachaba.
      Otra de mis amigas estaba obsesionada con que los niños no vieran la televisión, no tenían en casa, el resultado era que cuando iban a algún sitio donde hubiera una los niños se quedaban hipnotizados y ahora que tienen un smartphone no salen de casa… Tal vez hubiera pasado lo mismo si hubieran visto 15 minutos diarios de tele o tal vez no.
      Creo que nos ha tocado vivir una época diferente a la nuestra pero no podemos ir totalmente contracorriente, creo que lo mismo que con la tecnología no sirve de nada prohibir sino enseñar a hacer un buen uso.

      • Uy… se me han mezclado un par de frases al escribir desde el móvil, evidentemente el que se empachaba era el niño de mi amiga.
        En la guarde de mi hija ponen un cesto con fruta y piden llevar comida sana para el desayuno y la merienda aunque un día a la semana les dan cola cao si hay cumpleaños piden que llevemos bizcocho casero.

      • Yo no sé quien ha hablado aquí de prohibir; supongo que te refieres a tu amiga. En nuestro caso no prohibimos el consumo de productos como galletas y mierdecillas varias pero en casa simplemente no lo consumimos porque ni siquiera los compramos. Y no, no es un esfuerzo ni una tortura ni una pena. Hace muchos años que optamos por suprimir determinadas cosas de nuestra lista de la compra sin que aquello supusiera ningún drama ni esfuerzo. Me canso de insistir en que comer mejor no es renunciar al placer de lo que comemos. Es un cambio de hábitos. Sin más.
        Yo no pretendo ir a contracorriente. Pretendo hacer lo que me de la gana con mi familia, como hacen los demás. Solo que yo lo tengo más complicado porque el entorno me obliga a nadar con ellos.

        • Perdona no pretendía ofender, el tema es complicado y lo que yo decía era que entiendo que hay mil cosas innecesarias e insanas en el mundo pero que están ahí y los niños las van a ver.
          Entiendo que “prohíbes” en el momento en que no quieres que le den caramelos (los familiares ) o que coman cuando van a un cumple…
          Yo voy al supermercado con la niña y le dejo siempre elegir una cosa. Sé que un huevo kinder no es lo más sano pero generalmente le digo que lo comparta (conmigo) y al final se come muy poco.
          Por supuesto si no existieran no nos pasaría nada ni a ella ni a mí.
          Solo pretendía dar mi opinión basada en la experiencia estadística de mis amigas y la mía propia.
          Yo si compro galletas porque me gustan y si puedo las hago yo, tomo refrescos y vino en casa y mi hija sabe que eso es cosa de mayores…
          En el momento en que no se coma un tomate, una judía verde o un trozo de pescado en mi casa dejará de haber de vez en cuando una galleta, un trozo de chocolate o un poco de helado. El día que haciendo sol mi hija prefiera ver la tele a salir a jugar a la arena tiraré la tele por la ventana…

          • Que no quiera que le den dulces no quiere decir que si se lo ofrecen lo prohíba, no sé si me explico. Mi deseo, insisto, no es que la niña coma estupendo sino que coma lo menos mal posible. Mi deseo, insisto. Aunque lo tengo complicado. El tema es más largo que todo esto…

        • Hola Diana!! En mi caso llevamos un año mas o menos intentando llevar una vida mas saludable, en casa ya no entra ninguna galleta, helado, batidos….ni productos de este tipo. Pero es como tu dices parece que todo el entorno esta en tu contra. Mis hijas tienen 6 años. Yo no quiero tener q prohibirles y me siento muy mal cuando estamos por ejemplo en la playa y todos los niños sus mamas le compran helado y ellas se quedan mirando. Es algo que me hace sufrir mucho. Pero si todos los dias o vamos a la playa o van de la abuela o de los titos, siempre es algo y si las dejo elegir se que van elegir lo insano. Ademas lo hacen peor porque saben q los demas lleban cosas y empiezan ” Tengo haaaambreeee” (bueno una de ellas la otra no tanto) “pero no quiero fruta” así hasta q alguien le da algo. Y si intento no prohibirles pero cuando ves que todos los dias oasa igual. Ya empiezas a decir que no. Y siento que lo estoy haciendo mal y nose como arreglarlo.

          • ¡Hola, Tatiana! Así andamos nosotros también no te creas. Hace poco un gran amigo nutricionista me dijo, relájate, se trata de no ofrecer, no prohibir. Y poco más podemos hacer ante un entorno así.
            Mucho ánimo y un gran abrazo.

  2. hola ,me siento identificada con los comentarios, yo tengo dos hijos de 5 y 2 años y cuando vas al parque con los primos mas o menos de la misma edad y sacan las galletas y te mira como diciendo la puedo coger,…si digo no…soy la estricta, la q me paso por dejar comer una galleta q luego será otra y otra…y si digo si queda en mi consciencia de no haber actuado bien a favor de su salud…por supuesto que la galleta no permito q sea antes d merendar su fruta…ahí vuelve la estricta, la loca d la alimentación…etc
    yo noto que me hijo de 5 años le chifla la porquería, chocolate, tartas, galletas… y cuando va a cumple (otro momento de subirme por las paredes), noto que no controla la ingesta… come de manera rápida, y mas y mas… y claro y luego los comentarios ,es que como nunca le dejas comer nada de esto…hiervo por dentro…en fin ..seguiré luchando contra marea y en casa intentar compensarlo, insistiendo lo importante que es comer sano a diario.

  3. Me siento totalmente identificada soy Lic. Nutrición con 2 hijos el primero de 4 años el 2do de 5 meses ha sido toda una odisea navegar en el ambiente obesinogeno sobre todo en reuniones tratando de cuidar el aspecto psicologico de mi niños, pero la verdad aun que hablo con los mas cercanos parecen no escuchar bueno seguir igual que tu predicando con el ejemplo animo compañeras no estamos solas me alegra saber de mas mamas que se preocupan por cuidar su alimentacion sin ser expertas

    • Es muy complicado, la verdad. Lejos de dar ejemplo y de que en casa hagamos una burbuja no se me ocurre otra cosa. Gracias por comentar, Katia, y mucho ánimo 🙂

  4. Mismamente el otro dia en la piscina, yo con mi tuper de fruta para la merienda y mi hermana con los palitos de nocilla para la de mi sobrina de tres años, mina preguntandole ¿que es eso tita? Y mi hermana que se saca otro paquetito de palitos con nocilla y va y me dice ves? Si ya sabia yo que iba a querer… Y claro la fruta para mi, el caso es que mi familia dice que mi sobrina esta gordita y hermosota y mi nena esta flaquita (en parte debido a la cardiopatia congenita que tiene pero eso no lo entienden), lo que pasa es que esta muy inculcado que un niño sano es un .niño gordito, y nosotros aqui, a seguir nadando contra corriente, un besazo

    • Así es… Los niños más gorditos siguen identificándose con salud 🙁 Mucho ánimo con ello porque es durete. Un beso.

  5. Completamente de acuerdo, ya lo sabes. Este pasado fin de semana tuvimos que repetir —y ya no sé cuántas van— la conversación de las galletas con los abuelos. Y ellos erre que erre con que no pasa nada por darles una galleta, no hay manera de que les entre en la cabeza que el problema no es esa vez, nada. Me enfada muchísimo. ¿De verdad es tan difícil de entender?

    Por añadir algo distinto a todo lo que ya comentas, hoy hablaba con Vanesa de algo relacionado con esto. Por nuestra forma de ser española somos muy dados a insistir en que los niños acepten esos regalos que les da la gente por la calle, en la compra, o donde sea. Nos ponemos pesados y les explicamos que tienen que dar las gracias y decir cuánto les gusta (me gustaría que el plural aquí fuera una forma de hablar, pero seguro que me descubro a mí mismo haciendo lo mismo más de una vez por costumbre : P). ¿No contradice eso lo que intentamos inculcarles luego de que no acepten nada de parte de desconocidos? Para ellos toda esa gente que nos saluda y quiere darles besos, tocarles la cabeza y regalarles golosinas no son más conocidos que cualquier otro.

    Pero en fin, volviendo al tema: lo que más rabia me da es ese sentimiento que siempre te queda, esa duda de si estarás siendo un exagerado por enfadarte por cosas así. Porque la mayoría de la gente no se lo plantea y enseguida te ve como el loco del azúcar / el tabaco / la lactancia / los juguetes sexistas / lo que sea. El problema con todas esas cosas no son los momentos puntuales en que ya acabamos saltando para hacer ver a alguien que nos están jorobando; el problema es que todas son costumbres sistematizadas en el entorno, y la única forma de luchar contra ellas y el ambiente imperante que rodeará a nuestros hijos durante toda su infancia es tratar de ser todo lo radical que haga falta al principio. Porque somos menos y porque a la larga es imposible evitar perder el control de lo que los rodea.

    Ánimo en la batalla, Diana. Haremos lo que podamos, pero no estamos exagerando. Y gracias por la mención 😉

    • Qué te puedo decir más allá que como siempre muy de acuerdo con todo lo que dices. Y qué miedo dar pensarlo, ¿verdad? Pero a parte de hacer en casa lo propio, poco podemos hacer. Lo peor creo que está por llegar… cuando son más mayores y ya deciden lo que comen y ven a los demás amigos del cole comer… Ahí sí que ya no sé muy bien qué pasará. Prefiero no pensarlo 🙂
      El tema de los besos que mencionas da para otro post (lo tengo en borradores jijiji), es algo que no puedo entender.
      Seguiremos luchando, amiguito.
      Beso enorme <3

  6. Tal cual en nuestro caso, pero con una excepción, comercios en los que paramos habitualmente, avisados desde que tenía 4 meses y empezaron a ofrecer cosas, que ni de broma ofrezcan NADA, en algunos he tenido qie ser maleducada, o hasta dejar de comprar, no tan maleducada claro está xomo quien insiste en pasar de lo que le dices.

    En nuevos comercios pues he avisado, cuando mi hijo ya entendía, sin estar el.

    • ¡Luz al final del tunel! ¿Sí? ¿No? He aquí el gran dilema…aquí una que esta AMARGADA…lo primero: MIL GRACIAS POR ESTAR Y ESCRIBIR ESTO DIANA…No estamos locas, sabemos lo que queremos…ojalá fuera tan alegre como este verso y esta canción. Mi peque cumple 3 años en breve y en breve entrará a su primera experiencia de escolarización y en la pública. Tengo el mismo pasado que vosotros, la misma toma de consciencia, el mismo afán de cambiar nuestro ambiente en casa, la misma despensa saludable que se ha ido transformando con esfuerzo y trabajo durante estos años, el mismo niño que hasta hace muy poco, no sabía lo que era un chupa chups y que ahora, sin haberlo siquiera probado, lo identifica a leguas. Una galleta, un helado industrial, otra galleta para que “no llore”, los gusanitos de los cumples, las tartas, los zumos envasados (“¡oye! 60% de fruta”)…y ha pegado un cambiazo increíble. Aún no llega a casa saturado pero todo se andará…¿o no? ¡qué dilema! Yo hago el pan, las rosquilletas, estoy planificando sus meriendas “saludables”, me veo a la profe diciéndome que es que el niño no come de lo suyo y va por los rincones comiéndose lo de los demás en plan “sicario del azúcar”…(ahora río por no llorar) Yo es que lo de “no ofrecer, no negar”, me lo aplico más para casa pero para el ambiente obesogénico de fuera, no estoy tan preparada y veo que sí que va con cierta “ansiedad” por ese nuevo descubrimiento: el azúcar. Siento que si “no niego” se nos va todo al carajo y nosotros de momento, aún comemos la pera y la sandía en el parque, que no sólo me toca a mi, quiero decir…¡ains!

      • Ay qué difícil Laura. Es tal cual lo describes 🙁 Para mi lo peor empieza a partir de los dos años, cuando todo el mundo empieza a ofrecerles todo lo que comentas y creo que lo peor está por llegar: el cole, los amigos del cole, las casas de los amigos del cole… Y los “yo quiero esto como fulanito”.
        En fin… Mucho ánimo. Un beso y gracias por comentar.

    • Qué buena idea, Chus. Nosotros a la segunda que hemos dicho ya que no le den en algunos sitios no lo han vuelto a hacer pero siempre hay algún sitio nuevo en el que tienen una bolsa gigante de piruletas o similar esperando niños felices 🙂

  7. Yo creo que soy un punto medio. En mi casa no hay chucherías, zumos, batidos ni bebidas aparte de agua y leche. Cuando salimos saben que lo primero es su merienda, su bocadillo y fruta. Pero luego, si alguien les ofrece algo, tampoco digo que no. Con la condición de que para cenar cenen al menos algo del plato principal y la innegociable fruta. De momento nos va muy bien, comen absolutamente de todo, y las chucherías se limitan a las de “los demás”. Pero tampoco tienen un trauma por no probarlas. Ya tienen 8, 7 y 3 años, y prohibir es lo mismo que incitar

    • Pienso también que prohibir es lo mismo que incitar. Se consigue el efecto contrario al deseado. Nosotros no le decimos que no si ya se lo han dado, por supuesto, pero en casa igual que tú nada de nada…

  8. Hola! A mí me pasa como a ti, con lo que no puedo es con lo de los refrescos y los caramelos. Porque lo de que los procesados son malos no es tan de dominio público (yo me he empezado a interesar por estos temas cuando nació el nene y aún tengo muchísimo que mejorar en mi propia casa), pero que los refrescos y las chuches son malos e innecesarios lo sabe todo el mundo!!
    El otro día justo le comentaba a mi hermana que me ponía muy nerviosa esa manía que tiene todo el mundo de “a ver que cara pone si le doy ‘x’ xq esa ‘x’ siempre es algo insano, no se le ocurre a nadie querer ver que cara pone al probar el mango por primera vez, no. Y que con lo que le gusta la fruta no me cabía en la cabeza que siempre saliésemos de la frutería con gusanitos en lugar de con un plátano de regalo. Si hasta es buenl para el negocio, así promocionarían sus productos XD

    • ¡Totalmente, Ana! 😀 El otro día alucinamos porque hemos encontrado una frutería donde no le dan chuches sino ¡fruta! Así que, como además nos encanta lo que tienen, ya hemos encontrado frutero de referencia en el barrio jejeje…

  9. Yo he llegado a decir que es alérgica, claro que mi hija aún no ha cumplido los dos años y no se da cuenta en ese momento de lo que le ofrecen. El otro día un conocido iba con su hija de dos años y medio y llevaba gusanitos, le quisieron dar a mi niña y amablemente le dije, -déjalo, no come gusanitos- , pues la pregunta del millón fue , que¿ por qué ? a lo que no cabía otra respuesta que – porque no le hace falta-. se quedó un poco chafado , perooo….Y en cuanto al baby led weaning sufrimos lo mismo, padres primerizos , miradas y críticas por todas partes. Como a mi hija no le salieron los dientes hasta los 13 meses , una compañera de mi marido enfadada como si de su hija se tratara le dijo – Claro, a tu hija no le salen los dientes porque está haciendo callo con las encías por no darle purés- Estuvimos mucho tiempo riéndonos. Además de la poca confianza que pone la familia ,
    Es de locos, la cantidad de niños obesos que se ven, es triste, que la gente no quiera informarse , ahora que tenemos al alcance tanta información.

    • Yo también he pensado muchas veces decir que es alérgica 🙂 La información está ahí pero hay mucho ruido alrededor 🙁

  10. Creo que es la forma de ganarse a los niños. Yo le doy chuches para caerle simpático y ya serás tú la que le enseñe a comer bien y tengas tu lucha con ella. Eso lo veo en mis padres. Toda la vida obligándome a comer cosas que noe gustaban y ahora quieren darle siempre galletas y chocolate a su nieto. Para mí el marrón de enseñarle a comer de forma sana. Y lo peor es que no puedo hacerlo porque debido a cómo lo hicieron conmigo, mi relación con la comida es nefasta. No como fruta ni verdura, soy incapaz de probar alimentos nuevos, me chiflan las golosinas y he padecido bulimia nerviosa. Así que ya no sólo tengo que lidiar contra el mundo sino contra mi trauma.

    • Vaya, lo siento mucho Eva 🙁 Yo creo que al final la única manera de “enseñar” a comer es comiendo nosotros bien y aún así a veces dudo y pienso que el tiempo nos dirá.

  11. Me siento muy identificada con lo que dices. Con mi hija de dos años me pasa igual que a ti, y la mayor es imposible que algún día no coma galletas, pues siempre algún compañero lleva para la merienda y le ofrece. No le encuentro solución, simplemente insistirle en casa de lo que es sano para que se vaya metiendo en esas cabecitas.

    • Así es Sonia. Yo lo que realmente llevo mal es el tema de los caramelos y los refrescos y los niños. No puedo entenderlo en este momento de mi vida. Probablemente yo era así también. Creo que al final nos luce hacerles sonreír. Agradarles. Y ofrecerles algo que les gusta siempre es un punto a nuestro favor. En fin, nosotros en casa seguiremos manteniendo nuestra hoja de ruta y a ver qué pasa 🙂

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