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La conciliación no existe

 

Da igual que tengas un “buen” horario o que trabajes desde casa: la conciliación laboral no existe en España porque es imposible hacer dos cosas tan demandantes de nosotros al mismo tiempo.

 

El pasado mes de marzo se cumplieron cuatro años desde que dije adiós a mi puesto fijo en el área online en un grupo editorial como redactora y responsable de social media. Cerraba así la puerta de una extensa etapa de mi vida que me tuvo enganchada al ritmo de una oficina durante casi una década, que se dice pronto. Lo hacía sin saber muy bien qué iba a pasar después y tras mis intentos infructuosos de teleteabajar al menos durante un tiempo. Pudo más la obsesión por el trabajo presencial de quienes organizan y mandan en la empresa española actual; aunque yo casi que lo he agradecido después.

No sé si aquello fue un episodio de locura producido por la oxitocina que corría por mis venas, sobre todo si una de para a pensar en la precariedad de nuestro entorno laboral y en el precio medio del alquiler en la comunidad de Madrid, pero lo cierto es que la idea de dejar a mi hija de pocos meses en una escuela infantil me atormentaba cada día desde que me quedé embarazada.

De la necesidad de reivindicar el valor de los cuidados y de lo imposible que lo tenemos quienes no queremos delegar esos cuidados a terceros nació este blog a las pocas semanas de dejar aquel trabajo. Medio año después, del deseo de buscar una vía de conciliación más real, nacía Tacatá comunicación, el proyecto que Adrian y yo pusimos a andar y con el que pretendíamos seguir haciendo comunicación y percibiendo un salario sin tener que renunciar a la crianza. Una utopía.

A lo largo de estos años, precisamente gracias al trabajo que ambos hacemos como periodistas freelance, hemos conocido muchísimos proyectos que han llegado bajo el brazo de un bebé. Todos con el mismo espíritu: hacerle trampas al sistema, y seguir trabajando sin tener que renunciar a cuidar de los hijos. Proyectos que nacen en definitiva para no tener que elegir entre comer o tu familia. ¿La realidad? Pues, al menos en nuestro caso, hemos comprobado que la conciliación, trabajes dentro o fuera de casa, no existe. Que es una gran mentira. Que lograr sobrevivir al caos de los primeros años de la crianza es casi imposible si no hay elecciones. Si no hay una parte que se resiente. Que criar es algo mucho más complejo y demandante de lo que parece.

 

 

La precariedad laboral y la ausencia de medidas facilitadoras

A lo largo de mi vida he desempeñado muchos trabajos (¡muchísimos!), y siempre haciendo malabares para poder estudiar y trabajar al mismo tiempo. Me siento como Superwoman por haberlo logrado si, además de esos malabares, pienso en mis circunstancias familiares y personales. Por aquel entonces tampoco tuve el gusto de encontrar eso que llaman conciliación, pero quizás no me lo planteaba con tanta preocupación como ahora porque al final por aquel entonces sólo tenía que gestionar mi propio tiempo y mis necesidades; y lo hacía con el convencimiento de que el esfuerzo no sería permanente, que podría medrar y lograr que algún día todo fuera más fácil. Menos angustioso. Esa, la otra mentira de nuestra generación: estudia y tendrás un futuro más fácil y satisfactorio. ¿En serio? No way.

Durante los últimos cuatro años nos hemos propuesto encontrar (por fin) la manera de conciliar, eso que la RAE define como el arte de “hacer compatibles dos o más cosas”. Pero hemos descubierto que tal capacidad es imposible cuando en esa definición se olvidan de que para una de esas “cosas” que queremos compatibilizar no hay descanso ni vacaciones. En los cuidados no hay tiempo muerto, ni botón de pausa. Además de nuestras propias necesidades tenemos que cubrir las de otra persona que depende de nosotros, de nuestra presencia y disponibilidad. Las 24 horas al día, los 365 días del año.

Jamás he trabajado tanto como estos últimos años. De lunes a domingo, noches enteras, madrugones imposibles, jornadas interminables. Hoy me produce espanto pensar que a las 24 horas de parir estaba con Leo frente al ordenador terminando encargos pendientes. Qué injusto que con él no haya podido ni siquiera disfrutar de las migajas miserables que ofrece la baja de maternidad en España. Al mismo tiempo me he sentido enormemente afortunada por no haberle tenido que dejar en una escuela infantil a las 16 semanas de vida. Ni a él ni a su hermana en su momento; he podido estar con ambos cuando me han necesitado, cuando han estado enfermos, cuando ha habido festivos, vacaciones y días de guardar. Y eso que detrás ha habido mucho estrés, mucha desesperación y mucho agotamiento por querer llegar a todo. Y llegar bien. La maternidad es bipolar.

En esta casa no hemos parado de trabajar en el plano laboral y en el de los cuidados. Sostenemos una casa a cuatro y pese a esta implicación al 50%, pese a la fortuna de no tener que salir de casa cada mañana hacia una oficina, no sentimos que a lo que hacemos se le pueda llamar conciliación. Podemos llamarle malabares o superviviencia porque si hay algo que hemos sacado en claro es que si estás metido en la rueda de producción, me da igual dentro que fuera de casa, no puedes estar cuidando a la vez. Es imposible. La conciliación no existe.

 

 

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14 Comments

  1. Que cierto es…
    Yo he crecido con esos valores de ser productiva, independiente, de no renunciar a tu carrera y de q total si existen las guardes y los abuelos ya está todo solucionado.
    Que duro fue al tener a mi hija en mis brazos por primera vez darme cuenta de q no me quería ni podía separar de Ella. Que no, que a pesar de lo q me había imaginado que no podía volver a un trabajo a jornada completa y dejar a mi hija todo el dia en la guarde. Volví al trabajo a los dos años con una reducción de horas y dias a la semana. Si no hubiera sido posible esta reducción habría dejado el trabajo.
    Y claro que no es lo mismo, no puedo ir a todas la reuniones y no me dan los proyectos más interesantes. Pero para mi no hay otra solución. Era eso lo máximo que podía hacer.
    Tengo otras compañeras que piensan que vivo muy bien por ello y q Ellas son mejores por llevar más dinero, por poder conseguirlo todo y q sin Ellas la empresa no funcionaría…
    Hace un tiempo se fueron los jefes de nuestra área, vinieron otros jefes y todo siguió igual. Les dije una vez q estaban hablando sobre ello: en el trabajo somos todos completamente prescindibles. Para los únicos que no lo somos y q si nos echan de menos son nuestros hijos.
    La verdad se quedaron pensando y sin saber que responder.

    • No puedo estar más de acuerdo 🙂 Me sentí exactamente así. Y qué cierto lo que dices de ser imprescindibles, es así. Nuestros hijos nos necesitan, sobre todo los primeros años y qué menos que intentar como sea hacerle trampas al sistema para estar con ellos. Un abrazo.

  2. Totalmente de acuerdo contigo. En España no se concilia, se elige dentro de las posibilidades que tenemos cada uno.

    Siempre he pensado lo mismo, que estos últimos años se “pinta” el emprender como el camino a la conciliación, y yo, aunque no lo he hecho, lo he visto muy de cerca en mi familia, y no veo que emprender ayude a conciliar, ni trabajando desde fuera ni desde casa. Mi hermano por ejemplo es emprendedor y te aseguro que echa muchas más horas que yo, y con muchas más preocupaciones que yo, que trabajo fuera de casa por cuenta ajena.

    A mi trabajar bien, dedicándole sus buenas horas de rendimiento, con un niño en casa, me parece dificilísimo. Los días que he trabajado desde casa con alguno de mis hijos conmigo no he conseguido hacer ni la mitad de lo que hago estando sola o en la oficina.

    En mi caso, he llegado a un equilibrio más o menos trabajando fuera de casa con reducción de jornada mientras están en el cole, y teniendo ayuda en casa para desde que las recojo, poder estar plenamente con ellas y no haciendo tareas de casa, y normalmente nos va bien así. Como todo, no es perfecto tampoco, y cuando alguna se pone malita o tengo algo urgente que entregar en el trabajo, pues se complica la cosa. Y ahora con el bebé de dos meses volveré a pasar mi crisis cuando me incorpore a trabajar y tenga que dejarle, que espero que sea al menos cuando tenga 9 o 10 meses (si puedo, cruzo dedos) Pero al final lo que hemos hecho en nuestra familia es elegir buscando un equilibrio, pero ni estando al 100% criando ni al 100% trabajando.

    ¡Qué difícil es!

    • Muchas gracias por comentar, Teresa, y por contarnos tu experiencia. Sin duda el camino escogido por tu hermano es de lo más difícil. Muchas veces creo que se idealiza el trabajo desde casa cuando en realidad es una tarea muy dura que exige mucho de nosotros y de nuestras familias. Otra cosa es el teletrabajo. Si trabajas desde casa para una empresa X, y dicha empresa te paga un fijo seguramente todo sea más sencillo (o eso creo), pero cuando buscas por tu cuenta la labor la precariedad en profesiones como la nuestra es absolutamente desesperante.
      En fin, gracias de nuevo, y abrazo grande 🙂

  3. Maravilloso Diana! Estoy completamente de acuerdo contigo y me siento muy muy identificada en muchos aspectos.
    Un saludo campeona!

  4. El único sitio donde se puede conciliar es en la Administración ,es una diferencia abismal con el trabajo privado.Requiere mucho esfuerzo para estudiar atentamente es la manera de poder llegar,pero merece la pena,en ello estoy

    • Sí, la verdad es que allí parece más sencillo aunque igualmente si quieres conciliar, creo que pasas por el aro de pagar.

  5. Es que criar es ya un trabajo. Y una persona no puede desdoblarse (aún). Pero es que el problema es que criar no solo es que esté infravalorado, es que somos las propias mujeres las que miramos mal a la mujeres que están en casa criando (yo de boca de mujeres escucho cosas como “maruja”, “vaga”, o “yo no sé como fulanita puede estar todo el día en casa con el niño”…) vamos a ver, señoras, ehh… ¿habéis escuchado lo que es sororidad?. A ver si va a resultar que es igual que “conciliación”, otro palabra chusca y vacía de contenido.

  6. Yo aún no he conocido en carne y hueso a una familia que concilie de verdad. Conozco a unas pocas que han elegido renunciar a salario, puestos y demás para centrarse lo máximo posible en la crianza, y a unas muchas que siguen con sus trabajos robando tiempo a los niños. Y eso no es conciliar nada. Pero como comentas, si emprendes desde casa ¡es aún más estresante! Las 24 horas vas saltando de una tarea profesional a una obligación familiar sin descanso. Resulta agotador mentalmente y físicamente. Hay días en los que dejo a este hombre con los niños y me acuesto yo antes que ellos porque literalmente no puedo más. Ahora me río de esa imagen idílica de acostar a los niños para tener vida en pareja ¡si la que quiere dormir soy yo! En fin, que es muy cansado pero al menos estamos con ellos, aunque tampoco al 100% como querríamos.

  7. Sólo puedo estar de acuerdo contigo. Hace cuatro años tras reincorporarme de la baja de maternidad me despedían. Por el bien del bebé era la razón que se esgrimía. En fin me plantee parar por un tiempo dado que todos los proyectos que me ofrecían implicaban viajar con un 40% anual, y no tenemos apoyo familiar, además que no quería internar a mis hijos 7 a 5 en la guardería y luego que los recogiera alguien más porque yo sencillamente no llegaba, lo mismo su padre, pero por más que mi esposo ha estado al pie del cañón la etapa de bebés requiere maternaje, y hay cosas que biológicamente por más excelentes padres que sean nuestros maridos, biológicamente no lo pueden hacer, y el niño necesita a su mamá, y las gran mayoría de las madres también tenemos la necesidad de estar con nuestros bebés. Así que decidí emprender pero salvo aquello de poder recogerles en el cole, llevarles al médico, estar con ellos si enfermaban, pues poco más, porque mi tienda online demandaba mucho y cada vez más de mí. Mi esposo buscando mejorar la situación se fue a UK por trabajo, así que emprender sola, con dos niños pequeños, requiere un esfuerzo titánico, y dejar un poco o bastante se lado a los hijos, porque si no, no lo logras. Esa no era mi idea de conciliación, ni nuestra idea de familia, no hay dinero en el mundo que justifique la separación familiar. Así que nos sinceramos otra vez ahora con otra perspectiva, haber estado de ambos lados, y decidimos buscar tierra neutral, nos vinimos a Bruselas, aquí podemos estar juntos, mi esposo puede despertar, dar desayuno a los niños, vestirles, a veces hasta llevarles al cole, y por las tardes generalmente llega a tiempo para hacer alguna compra en el súper y jugar con ellos en el parque. Yo ahora no trabajo, porque no sé francés, pero creo que superando la barrera del idioma podrían retomar el mercado laborar y aunque podríamos conciliar, obviamente, ya no tengo bebés, ambos van al mismo maternal, y la etapa de la lactancia, exogestacion y otras más han quedado atrás. Me gustaría que esto me lo hubiesen contado hace cuatro años y no hubiese sufrido tanto no me hubiese estresado, porque la sociedad nos vende que la mujer debe ser siempre productiva, minimiza la maternidad, y se juzga a la madre que está e casa, aunque tarabajr ene llamo aaprte del trabajo del hogar y criar.

    • Gracias por contar tu historia porque desde luego que es muy reveladora del gran autoengaño que es pensar que emprendiendo se concilia… Muchísimo ánimo, Verónica, y un gran abrazo.

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