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Historia de un asiento reservado

asiento reservado en transporte publico

Las embarazadas y el asiento reservado

Ese asiento que veis en el tren, en el metro o en el bus está reservado. Y no porque lo diga un cartel, ya que como dice Enrique en este post, “es un auténtico fracaso de nuestra sociedad el hecho de que sea necesario regular, reservar y señalizar específicamente la cesión de ciertos asientos en el transporte público a las personas enfermas, ancianas o con movilidad reducida”, entre otros. Es que los asientos del transporte público son un derecho moral. Este asunto es algo que no alcanzo a comprender porque jamás en mi vida me he hecho la loca, he mirado hacia otro lado o he dudado ni un segundo en ceder mi asiento. Por mucho que me estuviera gustando el libro que iba leyendo en el metro. O por muy cansada que estuviera después de haber salido hacia mi caótico día de universidad y trabajo cuando las calles no estaban ni puestas.

Con estas cosas siempre me acuerdo de mi amiga María. Cuando trabajábamos juntas quedábamos para ir hacia la redacción porque, además de sentarnos mesa con mesa, vivíamos muy cerca. Se enfurecía cuando alguien no cedía su asiento ante un bombo o una persona mayor. Siempre estaba atenta por si una persona necesitaba sentarse, y la indiferencia de la mayoría era objeto cotidiano de nuestras conversaciones. Jamás entendí a las personas que miran hacia otro lado y jamás lo entenderé. Supongo que es algo que tenemos interiorizado hasta la médula y que luego trasladamos a la vida: los enfermos son otros, los pobres son otros, las desgracias son de otros. Mirar hacia otro lado como forma de vida.

¿Cuántas embarazadas viven una situación en el vagón de metro como la de Paula? Ella, la “barriga justiciera”, en busca de su asiento reservado. O como Vanesa, que con bombo y sin platillos no parecía hacer suficiente ruido. Y no sólo embarazadas. Ancianos, personas enfermas, invidentes, con reducida movilidad. Padres o madres con niños pequeños a punto de seguir despedidos en cada frenazo. Bebés en brazos o en mochilas. Podría contar tantas historias como días tiene un año. O más. Muchas de esas protagonizadas por mi. Otras por amigas, conocidas o desconocidas. Pero siempre el mismo argumento de película de serie B.

asiento reservado

Civismo y empatía

Ceder o no ceder el asiento es una cuestión no sólo de civismo si no también de empatía. De solidaridad con el otro. Nadie puede negar que hemos creado una sociedad individualista que sólo sabe mirarse el ombligo. Personas que viven con las narices metidas en su smartphone o en su ebook. Que caminan por la calle como zombies sin levantar la vista del suelo. Y no hace falta subirse al transporte público. En los centros comerciales los aparcamientos para familias o para personas de movilidad limitada son un caramelo para todos aquellos insolidarios a los que aparcar diez metros más lejos de la puerta parece “molestar”. Nunca olvidaré el día en que Adrián, siendo Mara muy pequeña, les decía a dos impresentables que la plaza que estaban ocupando era para familias. “Somos primos”. ¡Brillante!

Nos falta empatía para entender que hay personas que pueden necesitar más el asiento que nosotros. O la plaza de aparcamiento. Y nos falta civismo para entender que el transporte público y los espacios públicos son de todos, y que dentro de ese “todos” hay infinitas circunstancias personales seguramente bastante más complicadas que las nuestras. Sólo hay que levantar la vista. Ponerse en la piel del otro y aportar nuestro granito de arena para intentar conseguir un mundo mejor. ¡Y con algo tan pequeño! Un gesto diminuto puede mejorar infinito el bienestar de las personas que nos rodean.

Por suerte, no todo el mundo es igual. También hay personas como María (aunque cueste más encontrarlas).

¿Habéis vivido experiencias de este tipo con el asiento reservado?

Diana Oliver

Diana Oliver

25 comentarios

  1. A mí me resultó irónico que me cedieran el asiento cuando no estaba embarazada (ahí, llamándome gorda…) Y cuando estaba embarazada con una buena panza no. En mi caso me sorprendió mucho porque tenia la idea de que en Polonia sí se cedía el asiento… Desgraciadamente resultó que no, que tampoco lo hacían… La primera vez que lo hicieron debía de estar de 6 meses o más, y no porque mi barriga no se viese… Cuando llevaba al peque en el fular me lo cedieron más, aunque tampoco pasaba de inmediato, también había quienes se hacían el avión…

  2. Buenas tardes,
    Yo he tenido distintas experiencias que me hacen pensar que hay mucho tirano en el mundo:, y con veinti bastantes estuve algunas horas (si no todo el tiempo) esperando en urgencias de pie con un esguince fuerte en el pie.Estaba sola, porque mi acompañante sí que se había quedado fuera. Había sobretodo gente mayor,y con hasta dos acompañantes sentados, y ninguno se dignó a ofrecerme un asiento. Por otro lado, en el metro una joven casi me tira al salir yo con las muletas y ellla querer entrar..
    Yo siempre cedo mi asiento en el metro, si estoy en un reservado, y en otros a mujeres embarazadas. Pues bien,, no hace mucho, en siitios no reservados, una mujer mayor se sentó a mi lado, y teniendo un sitio vacío delante, me dijo que si me levantaba para que su marido se sentara. Le dije que lo hacía, pero que no debía porque no era un sitio reservado (que, por cierto estaban, completamente vacíos). “Ay, a esos no porque hay que ir allí”. ¿Unos tres metros?. Y el marido “te lo ha pedido por favor”. Pues yo voy a ir a pedirles “por favor” comida o el viaje, a ver si me lo dan. Un chaval de delante se levantó cediéndome el sitio y yo le dije que me sabía mal, que se sentara y que gracias.Estuve de pie los dos viajes que los dos tortolitos querían estar juntos. Y habla una persona con enfermedaddes crónicas, pero que, si puede, evita sentarse en asientos ya asignados.
    Luego, con una contractura, en la calle, me paré a mirar los papeles del diagnóstico un momento. Se me para una mujer mayor delante y se queda quieta. Le digo “no se ruede, no”. Y me suelta “yo voy por mi derecha”. Yo no tenía ganas de explicarle mi vida,y que me paso la vida esquivando sin mirar el lado, sobretodo viejos parados al lado de terrazas que ocupan casi todo, o que van en paralelo. Y de mala leche, sabiendo que ella diría que tiene tal o cual, y que no serviría de nada, le dije que se fuera a la mierda, mientras tenía que esquivarla.
    En general no hay educación: brilla por su ausencia: Y no soporto la gente que que se cree que haga lo que haga tiene las de ganar. Un saludo

    • Vaya siento tu historia. Quizás no solo nos falta educación sino empatía para poder ver casos como el tuyo. Ánimo y gracias por comentar.

  3. Hola! Este es un tema que he hablado mucho durante mi embarazo. Estoy ya de 34 semanas, vivo en Buenos Aires, Argentina.
    La situación aquí es igual. Y yo que pensaba que era sólo un problema nuestro, me indigna más aún saber que esto sucede en todo el mundo.
    Cuando hablo del tema, la gente siempre me sugiere que yo pida el asiento. Y creo que esto en parte tiene su solidez. Sin embargo cuesta hacerlo. Es una situación en la cual uno expone el egoísmo del otro y se expone frente a la mirada ajena con la etiqueta de “justiciera”, cuando muchas veces simplemente quiero llegar a destino sin pasar por estas situaciones.
    Cansada de observar cómo jóvenes duermen ocupando estos asientos, adultos que miran sus celulares o la ventanilla. Supongo que pecamos de inocentes al suponer que el otro debe actuar como uno actúa, al suponer que el otro es empático.
    Claro que no falta el señor colectivero que pide un asiento por mí e inclusive abuelitas que quieren darme el suyo. Esos días en que esto sucede uno vuelve a creer en la solidaridad y el amor universal y regresa a su casa con una sonrisa : )

    • Vaya Agostina, por lo que dices efectivamente es un problema universal de falta de empatía absoluta 🙁 A mi también me ha ocurrido que terceras personas han pedido asiento para mí; a mí la verdad es que me da un corte tremendo pedirle a alguien que se levante, entre otras cosas porque no sé si esa persona está sentada por algo. Qué tema…

  4. Es muy fácil juzgar a los demás desde una visión tan simplista, pero también os podeis plantear que muchas personas que no ceden el asiento a embarazadas a lo mejor lo necesitamos mas pero nuestro problema es invisible. Por ejemplo yo, solo tengo 30 años pero padezco de trocanteritis, no es grave ni se ve, pero estar de pié quieta se me hace un suplicio. Además padezco de tenosinovitis estenosante en las manos (tampoco se ve) y pasarme media hora agarrada a una barra aparte de producirme dolor, hace que después se me queden los dedos en garra durante un buen rato.

    Y como yo, muchisimas personas que aparentemente lucen jóvenes y sanas y no sabéis lo que están padeciendo por dentro.

    Así que no, no cedo el sitio salvo que se trate de ancianitas temblorosas o personas con evidentes problemas motores.

    Si estás embarazada y te da miedo el metro, haberlo previsto antes, los demás no pudimos.

    • Me da a mí la impresión de que tu visión tampoco es que huya mucho del simplismo, ¿no? Evidentemente tu situación es muy diferente de la de una amplia mayoría de la población. ¿O estás diciendo que la mayor parte de la gente que ocupa ese tipo de asientos sin mirar es porque tienen problemas de movilidad? No creo que la entrada del blog vaya precisamente dirigida a ti ni a otras personas que se encuentren en situaciones similares…

      Tú condición lleva asociada como dices y por desgracia la invisibilidad. ¿Significa eso que no hay que proteger legalmente a otras personas en otras condiciones que sí son visibles? Sería un poco egoísta… Pero insisto, no creo que la crítica vaya dirigida a ti, sino a la amplia mayoría de la gente que, necesitándolo menos que otro, ocupa los lugares que, para colmo, están legalmente reservados para casos prioritarios. ¿Habría que incluir casos como el tuyo? Por supuesto, pero sin retirar los que ya están protegidos.

      Y me parece sumamente feo tu cierre, madre mía. Más de la mitad de las ayudas, subvenciones y medidas de protección que constituyen nuestro estado social y del bienestar se podrían mandar al carajo con una argumentación así. «¿Tienes cáncer? Haberlo previsto antes y no haber fumado, que yo no te pago el tratamiento». «¿No tienes para pagar un piso? Pues haber estudiado más, que yo no te doy una VPO ni una ayuda al alquiler.» «¿Te has quedado embarazada? Pues haberlo pensado antes, que yo no voy a pagarle el colegio público a tus hijos que no son míos.». Un poquito de por favor…

      • Gracias Enrique por responder tan bien, tan coherente. Poco más tengo que añadir, la verdad. Bueno, sí, una cosa. Lara, yo no quería sentarme en el transporte público por comodidad. Ni por dolores. Ni por nada parecido. Y, por supuesto, no es a gente como tú a la que va dirigida este post sino a aquella perfectamente sana y lozana que se dedica a mirar el móvil y a leer un libro plácidamente mientras ocupan el asiento reservado a personas ancianas, enfermas, embarazadas, con alguna discapacidad o con un bebé en brazos. Quería un sitio por seguridad; porque si el autobús o el metro frenan bruscamente o se llena demasiado podría haberme golpeado la barriga. Sin más. Supongo que no eres madre, y seguramente no me equivoque. Tal vez si lo llegas a ser algún día nazca también de ti un poco de empatía. Un saludo.

  5. Yo estoy embarazada de 5 meses, se me nota bastante pero aún me puedo el cuerpo. La gente cree que una se victimiza por estar embarazada….y te dice: “Si estar embarazada no es una enfermedad”, pero el asiento no es porque no te puedas la panza o el dolor de espalda te mate (porque si suceden ambas cosas) es por lo peligroso que es sobretodo cuando los usuarios del metro se suben a el como verdaderos vándalos y empujan y golpean sin dudar …yo casi no utilizo el metro por eso. Además, cualquier frenazo en el metro o micro (bus) es peligrosisimo para quienes son abuelitos, están débiles, tienen movilidad reducida, cargan un bebe o están embarazados! es empatía…nada más…pero la sociedad esta cada vez más alejándose de esa palabra…
    ME ENCANTO TU POST

    • ¡Así es! Yo pienso exactamente igual. El tema ya no es estar agotada, que te duela aquí o allá (que también puede ser), sino que un frenazo o un golpe en la barriga pues como que no es nada agradable e incluso puede ser peligroso. Mi miedo siempre es caerme o golpearme de un frenazo o un empujón. La gente es incívica e insolidaria. Gracias por comentar, qué alegría que te haya gustado 🙂

  6. Es la primera vez que comento en tu blog aunque lo sigo de vez en cuando. Quiero contar mi experiencia porque ahora me toca muy de cerca. Estoy embarazada de 5 meses y, al ser el segundo, mi tripa empezó a notarse muy pronto.

    Todos los días viajo en metro al trabajo, a veces incluso cargada con el portátil. Y hasta ahora únicamente me han cedido el asiento 2 veces y día a día veo cómo la gente prefiere no mirar o hacerse la dormida ante la llegada de cualquier persona que necesite el asiento.

    Sinceramente estas cosas me indignan.

    • A mi también, Eugenia. Es que indigna y cabrea… Mucho ánimo y muchas gracias por animarte a comentar <3

  7. Qué triste, por favor. Yo no lo entiendo. Como vivo muy de cerca una situación de estas (mi padre tuvo polio de niño y no puede andar desde los 5 años) es que me hierve la sangre. No veas la de broncas que he tenido por “recordarle” a la gente que no pueden aparcar en plazas reservadas. Desde luego que debemos mirar más al que tenemos delante y ponernos en su lugar. Creo que no es porque la gente sea mala sino porque vamos a lo nuestro y ¡no lo vemos! Pero la verdad es que estas cosas de tan poco respeto son flagrantes. En fin, a ver si vamos mejorando con las nuevas generaciones 😉

    • Totalmente… Es lo que yo digo que no lo vemos. Pero sí creo que hay gente egoísta y mala porque los que nos dijeron “Somos primos” tiene tela.

  8. A mi me indigna estar esperando en un centro comercial que llegue el ascensor, porque llevas un carrito de bebé, o una silla de ruedas, y que llegue lleno de gente normal. Por dios!! Pero si hay escaleras mecánicas! !!! Dejad los ascensores libres! !!

  9. A mí me han cedido más veces ese asiento cuando vivo como gorda normal, que estando embarazada. Recuerdo que en mi anterior trabajo en la universidad, llegó un punto en el que no podía conducir porque literalmente no me cabía la barriga entre el asiento y el volante. Tenía que llegar haciendo una combinación de tren y autobús y en ese bus cuajado de universitarios ¡ni uno se dignó a cederme el asiento nunca!

    • Desde mi experiencia, y mi nada válida estadística personal, los adolescentes y las mujeres de treintaytantos son las personas que menos me han cedido el asiento. Predominan los hombres de edad media jeje… o las personas de otros países.

  10. En Madrid, tanto metro como bus estando embarazada siempre me dejaban asiento, y en Gijón igual, había leído y escuchado tantas historias pero aun hoy cuando me ven con pixelillo me suelen dejar sentarnos y sin decir nada. Hay buena gente por el mundo, es solo que los malos hacen mas ruido.

    • Puede que sea eso… Que al final puede eso porque cabrea más. No lo sé. Yo la verdad es que me he encontrado de todo, pero más de los que “no ven más allá de su propio ombligo” que de los que sí 🙂

  11. En éste como en tantos otros asuntos, me quedo con esta descripción inmejorable de nuestra sociedad: «Mirar hacia otro lado como forma de vida». Es preocupante la falta de capacidad que tenemos para ponernos en el lugar del otro y demostrar la más mínima empatía.

    Yo nunca sabré lo que es estar embarazado, no puedo ponerme físicamente en vuestro lugar, pero todos esperamos, sin embargo, llegar a viejos, ¿no? ¿Por qué nos cuesta tanto entonces pensar en las necesidades especiales que tiene una persona mayor en el metro? ¿No nos gustaría que cuando lleguemos a esa edad los demás nos respeten y ayuden? Aunque solo sea por egoísmo, madre mía…

    Menos mal que por el camino nos encontramos con gente que sí mira hacia donde hay que mirar sumando poquito a poco.

    ¡Un beso!

    • ¡Totalmente! Mi miedo es siempre darme un golpe en la barriga con un frenazo, pero ¿qué pasa con la gente mayor que tiene mayor inestabilidad o que se pueden fracturar más fácilmente un hueso? Por suerte, como dices, encontramos a gente que sí mira por el camino. Aunque sean menos o se vea menos. Besazo.

  12. Mi experiencia la verdad es que es la contraria. Igual es una de las ventajas de vivir en una ciudad pequeña. A mí no sólo me han cedido los asientos reservados sino también los que que no lo están (a veces los reservados están ocupados por personas que lo necesitan).
    Pero no sé si es sólo algo de ciudades pequeñas. Recuerdo una vez en el metro de Londres, ver a una chica con una pegatina que ponía (Pregnant). Estaría de pocos meses y no se le notaba pero con esa pegatina, la gente le cedía el asiento.
    Sólo puedo decir que no desesperes, que hay muchas personas buenas en el mundo (aquí mi lucha es contra las cacas de perro ;P)

    • Qué bien leer eso, de verdad. Estas cosas, y la gente que me voy encontrando que sí cede el asiento, me devuelven un poco la fe en el ser humano. Sólo un poco 😀

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