14

Por qué doy el pecho a mis hijos

 

Con Mara llegamos a 30 meses de lactancia materna. Con Leo acabamos de cumplir el año. ¿Por qué doy el pecho a mis hijos? Pues por muchos motivos pero hay uno en especial que pesa más que ningún otro: el deseo de hacerlo.

 

Siempre cuento que cuando estaba embarazada de Mara el tema de la lactancia materna era totalmente desconocido para mí. Yo, como muchas otras mujeres, me repetía una y otra vez aquello de “si puedo, me gustaría hacerlo”. Sin embargo, poca o nada era la información que tenía al respecto más allá de unos cuantos lugares comunes y la creencia de que aquello no dependía de nada más que de la suerte y del instinto.

Por suerte, gracias a mi amiga Sandra llegué a Un regalo para toda la vida y después de él a un montón de información en la red gracias a asociaciones, profesionales como Alba Padró o grupos en redes sociales. Tras 30 meses de lactancia materna con Mara y de, por el momento, 12 meses con Leo creo que tengo muy claros mis motivos para dar el pecho a mis hijos. O debería decir el motivo, porque no encuentro otro que tenga más peso que el deseo de hacerlo.

Me sobran los motivos

En 2016, desde LactApp lanzaban una encuesta para saber por qué damos el pecho las madres. La encuesta, realizada a más de 3.000 madres, concluía que el principal motivo para amamantar era la salud del bebé para el 89,8% de las encuestadas. Otras motivaciones eran el cuidado del medio ambiente, el ahorro económico o la prevención de la salud propia a largo plazo, entre otros.

Seguramente si pudiera hacer un listado de los motivos por los que doy el pecho a mis niños incluiría todos los citados porque la lactancia materna me ha resultado y me resulta muy práctica; porque es una forma útil y sencilla de cuidar el medio ambiente; porque es un recurso natural gratuito; porque sé que puede contribuir a evitar algunos riesgos para mi salud y la salud de mis niños; porque me regala momentos tiernos y divertidos con ellos; o porque considero que es un derecho de mis hijos.

Pero en realidad, si me paro a pensar en cuál es el motivo fundamental, no considero ninguno de ellos como un motivo de peso para amamantar a mis hijos. Porque realmente, el motivo por el que les doy el pecho no es otro que el hecho de que la lactancia materna me hace sentir en armonía con lo que puedo y quiero hacer. O como me leía el pensamiento Pilar Cámara en una conversación hace unos meses: porque lo siento como la continuación del embarazo y el parto, la siguiente etapa de mi maternidad; y es lo que quiero y necesito hacer para sentirme en paz. Para cerrar el ciclo.

Para mí, no haber amamantado a mis hijos me hubiera llevado a vivir un verdadero duelo porque entraría en contradicción “lo que quiero y puedo hacer” con “lo que hago”, y eso me hubiera hecho infeliz. Ni más ni menos.

 

Decisiones informadas (y felices)

Quizás si no hubiera tenido todo el apoyo y la información que he tenido todo hubiera sido más complicado. Y digo “quizás” porque nunca podré saberlo, pero intuyo que al menos hubiera sido bastante diferente. Cada vez estoy más convencida de que la información en todos los ámbitos es la que realmente nos sirve para decidir con libertad, para tomar nuestras decisiones de manera más consciente. Más plena. Feliz. No sé. Así lo he sentido con respecto a mi lactancia, a mi embarazo, a mi parto, a mi maternidad.

Opino que nunca deberíamos restar importancia a la tristeza de una madre que aún queriendo amamantar no ha podido, bien porque no ha tenido el apoyo suficiente, bien porque ha tenido algún problema, bien porque no ha encontrado el camino para hacerlo por falta de información. Las razones para no amamantar pueden ser tan diferentes como distintas son las formas de vivir la maternidad y restarle importancia no creo que ayude ni a esa madre ni al resto de la sociedad de cara a “normalizar” la lactancia materna.

Creo que pocas frases encierran tanta verdad como ésta de de Alba Padró que destacaban mis compañeras de Mammalia en este post sobre ‘Somos la leche’: “La evidencia científica día a día corrobora que dar el pecho no es malo y que parece favorecer la salud la madre, el bebé y el planeta, pero nada de esto vale la pena si dar el pecho no te hace feliz.”

 

Semana de la #LactanciaMaterna <3

Una publicación compartida de Diana Oliver (@marujismo) el

 

¿Alguna vez te has plateado por qué das el pecho a tus hijos? ¿Qué motivos tienes para dar el pecho?

 

Quizás también te interese:


* Foto principal de Paula Martos.

Otras entradas

Compartir es vivir
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInEmail this to someone
Diana Oliver

Diana Oliver

14 comentarios

  1. Hola!
    Yo llevo cinco años de lactancia (con el mismo niño). He encontrado nulo apoyo, de hecho desde que tiene 2 años dejé de decirlo al médico, pediatra y demás porque te miran como una insensata en el mejor de los casos.
    En un mundo ideal, sería algo como para estar orgulloso, porque me incorporé al trabajo a los 5 meses del entonces bebé, pero nada, en este país tengo que esconderme, llevarlo en secreto y prohibir al niño que lo cuente para que no nos miren como marcianos.
    ¿Por qué lo hago? Él es feliz, él lo pide, son dos tomas al día (al despertar y al acostarse) y no tengo motivos para decirle que no lo haga.
    Un abrazo.

    • Muchísimo ánimo, Elena, y enhorabuena por tu lactancia, pero sobre todo por hacer lo que te nace sin tener en cuenta la presión del entorno. La lactancia a partir del año se ve aún como dices, de Marte. Y es muy triste porque es pura desinformación. Supongo que al final la cultura del biberón ha hecho eso, “desnormalizar” lo que debería ser normal. Un abrazo grande.

  2. Parece mentira que ya haya pasado un año desde que empecé a dar el pecho! El comienzo de la lactancia no fue fácil, tuve que aguantar dolor durante unos dos meses (a pesar de la ayuda que recibí), pero una vez superado el comienzo, todo fue como la seda. Dar el pecho me ha proporcionado tranquilidad y comodidad…es difícil de explicar, creo que simplemente hago algo que siento como instintivo y natural.

  3. Gracias por el artículo!
    A mi hija le di cuatro meses de lactancia materna, un estancamiento en su peso y un frenillo mal detectado se la cargaron. Estuve triste, tuve que pasar un duelo, aún me duele. No todo el mundo lo entiende. Vuelco a estar embarazada y mi mayor miedo es que se nos repita la historia.
    Yo también le di pecho porque me apetecía, me parecía lo mejor que podía darle y era una manera de seguir conectadas a través de nuestros cuerpos.
    Eres enorme mamá jefa!

    • No tiene por qué repetirse. Tienes la experiencia del primer bebé. Te recomiendo muchísimo que leas el libro de Alba Padró (Somos la leche). Es absolutamente fantástico. Beso enorme, Cat, y de grande, nada, de verdad. ¡Ojalá! 🙂

  4. Lo suscribo al 100%. Dar el pecho sin desearlo, sin estar feliz con la decisión (aunque a veces duela, aunque sea difícil y desesperante…), tiene que ser una tortura y no estoy segura de que los beneficios para la salud puedan compensar el desgaste mental y la frustración que algo así podría conllevar. Así que sí, desde luego, el deseo es la mejor razón, y quizás la única, aunque pueda venir acompañada de otras.

  5. Cuando estaba embarazada yo también me planteaba dar el pecho “lo que se pudiera”, al menos mientras la baja maternal porque para eso “me pagaban por estar con mi hijo”… No obstante en las clases de preparación al parto de la matrona me interesaba el tema, descubrí el concepto de “crisis de lactancia” y bueno… fui leyendo sobre el tema.

    Cuando nació no tuvimos ningún problema, aparte del dolor agudo en los pezones cuando se enganchaba los primeros días (cómo apretaba el tío…). Fue creciendo bien y cuando me reincorporé al trabajo ya tenía más de cinco meses y por entonces empezamos con la fruta… pero tuve la gran suerte de que mi madre me le aguantaba despierto para que al volver al mediodía le pudiera amamantar, antes de volver al trabajo (le dejaba sobre las ocho y salía corriendo de trabajar a las dos para darle teta…).

    Mi gran apoyo fue mi madre, porque habiendo tenido tres hijos en plenos ochenta nos dio teta casi un año a cada uno, y en ningún momento me dijo “deja de darle teta que ya es mayor” (aunque sí decía “dale cereales por la noche a ver si duerme más” o “le estás empapigando”). Y así, con su apoyo y el de mi marido cuando la cosa “se alargaba” y nos empezaban a mirar mal (llegó a preparar un dossier sobre los beneficios de la mal llamada lactancia prolongada) mi hijo se destetó por sí mismo pasados los tres años y medio.

    Mis razones… era lo mejor para él (de hecho entró al cole con 21 meses y otras madres nos decían “es que el tuyo nunca se pone malo”), lo mejor para mí (a nivel de salud y de comodidad, de sueño por ese poder de amamantar y volverte a dormir enseguida), para nuestra economía (recuerdo a una farmacéutica que me dijo que si el bote de leche artificial que usaba mi madre para el biberón de media mañana nos duraba más de un mes no había problema y no me iba a vender otro), y por supuesto para el medio ambiente… pero sobre todo y como dices porque era lo que me hacía sentir bien, ese poder calmar a mi hijo de inmediato, sin hacerle esperar, en cualquier momento mientras su madre esté ahí, ese poder mágico de la teta que lo calma todo… Gracias por el post Diana.

    • Qué bonito lo que cuentas, Laura. Es fantástico leerte siempre pero saber cómo fue tu lactancia me ha encantado. “Lo calma todo”. Esa misma sensación he tenido siempre; sobre todo me pasaba con Mara más que con Leo. Y qué afortunada eres de haber tenido a tu madre a tu lado. Un abrazo enorme.

  6. Yo les he dado el pecho porque creo que ha sido lo mejor para ellas. Es nuestra razón fundamental, aparte hay otras muchas cosas como que los primeros meses me ha resultado muy cómodo no tener que llevar biberones ni comida a ningún sitio, y cosas así. Pero para mi lo fundamental es que fue lo mejor para nosotras durante un tiempo, y cuando consideré que ya no era lo mejor, lo dejamos.

    Pienso que dar teta es un tema que va en muchos casos más allá de la alimentación, no en el sentido de apego, que el apego con una madre está ahí, se alimente como se alimente, sino en que afecta o puede afectar a otros ámbitos de la vida del niño o de la mamá, más que el puramente alimentario Por eso, en nuestro caso, a la hora de decidir dar el pecho o decidir dejarlo, tuve en cuenta muchas cosas: obviamente si les afectaba en positivo o en negativo a la alimentación, los beneficios para su salud a largo plazo, si les afectaba al sueño, al comportamiento, cómo encajaba en la dinámica familiar, si todos estámos conformes con esa manera de alimentar y criar… También por supuesto cómo me sentía yo sobre todo esto, pero en mi caso no considero tan importante de dónde sale la leche que le doy a mis hijas, sino el alimentarlas yo y cómo las alimento, por lo que tampoco viví con duelo los destetes, porque todo siguió igual, salvo el de dónde salía la leche que tomaban.

    Con todo este rollo quiero decir que creo que el dar o no el pecho y hasta cuándo, es una decision multifactorial, y que estos factores son unos u otros o tienen más peso relativo entre ellos en cada caso de mamá-bebé. Y cada familia debe valorar y decidir en cada momento.

    Lo que efectivamente veo muy importante es que, si una quiere dar teta, por los motivos que sean, que pueda hacerlo, y tenga el apoyo suficiente en caso de dificultades. ¡Me alegro que en vuestro caso haya ido bien!

  7. No pude dar el pecho “porque tuve poca leche”. Mi hija perdió mucho peso y tuve que empezar con biberones. No obstante seguí dándole pecho antes del bibe. Fue muy triste para mi. Poca gente lo entendió. Gracias por el penúltimo párrafo que hablas de esto.
    Un abrazo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *