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Tabaquismo e infancia: #TuGranRegalo es no fumar

tabaquismo y niños

#TuMejorRegalo es no fumar

El pasado jueves 26 de mayo asistimos en la sede de la Fundación Menudos Corazones a un taller sobre los efectos negativos del tabaquismo en la infancia, y como éste extiende sus efectos el embarazo hasta la la lactancia. La charla, convocada desde Madresfera, nos permitió saber mucho más sobre los efectos del tabaco en la salud de la mano de Alianza Aire, una asociación sin ánimo de lucro que tiene como misión velar por los derechos de los niños ante las infecciones respiratorias, y del neumólogo del Hospital 12 de Octubre Álvaro Gimeno Díaz de Atauri.

Personalmente ha sido sorprendente descubrir muchos datos acerca del tabaco, como por ejemplo:
– Que el tabaco contiene más de 4000 productos químicos, de los cuales se sabe que al menos 250 son nocivos y más de 50 causan cáncer.
– Que sólo un 13% de las embarazadas dejan de fumar durante el embarazo (¡Sólo el 13!) y de ellas, el 41% vuelve a fumar tras el parto.
– Que el tabaco causa daños en casi todos los órganos del cuerpo y aumenta el riesgo de cáncer de nariz, boca, garganta, laringe, faringe, tráquea, bronquios, pulmón, estómago, colon, páncreas, hígado, vejiga, uréter, riñón, próstata, cérvix uterino, ovarios, médula ósea o leucemia. Así como de infarto y problemas del circulación, envejecimiento prematuro, impotencia y disminución de la fertilidad, entre otros.
– Que el tabaco mata a más de 6 millones de personas al año en el mundo.
– Que no hay cantidad de tabaco no perjudicial: Fumando 10 cigarros al día la esperanza de vida disminuye en 5 años con respecto a una persona no fumadora.

tabaquismo

Ahora bien, habrá quien piense: “Bueno estamos rodeados de químicos y de contaminación, al final son muchas cosas“. Bien. ¿Y qué? ¿Con eso queremos decir que como hay muchas cosas que pueden producir cáncer o enfermedades graves da igual sumar una más? Yo creo que no. Es cierto que vivimos en ciudades muy contaminadas en las que cuesta hasta respirar. Comemos peor de lo que deberíamos. Y todo ello en un mundo que funciona muy rápido y resulta muy estresante. Pero no creo que por ello debamos seguir recogiendo papeletas para restar años de vida. O peor. Para vivir años mal. Sí, mal. Porque no son los años vividos sino cómo vivamos esos años. ¿Sin dientes? ¿Con enfermedades causadas por el tabaquismo? ¿Con un respirador artificial? No compensa. A esto hay que sumar la responsabilidad de hacer enfermar o perjudicar a los demás. Sabemos cuál es la verdadera cara del tabaco. Aún así, queremos seguir fumando. De acuerdo, ¿debemos los demás seguir respirando tu humo directo,  ambiental o terciario? Me parece que la persona intolerante es aquella que no acepta que no quieras tragarte su humo, no la que no te deja fumar en una casa o a su lado.

El mejor regalo que le podemos hacer a nuestros hijos, y a los de los demás, es no fumar.

No es una cuestión de intolerancia

El tabaquismo está tan normalizado que te convertirás en un “exagerado”, en un terrible “perseguidor” de fumadores, si anuncias que no puedes comprender como con la información que existe hay gente que sigue fumando. Y mucho menos cerca de embarazadas y niños. ¿Quién no ha estado esperando el bus y le han ahumado? Peor aún, ahora cada vez que pasas cerca de un bar te encuentras con una nube de humo en la puerta o en su terraza. No creo que sea una cuestión de intolerancia sino de sentido común. Y el humo molesta y es perjudicial. ¿Por qué tengo que respirar ese humo perfectamente evitable?

Yo fumé durante años. No hay nada de lo que me arrepienta más en la vida que de eso. Y esa normalización del tabaquismo era parte de la culpa de que llegara a fumar. Recuerdo perfectamente que mi pensamiento inicial era de rechazo. Pero cuando tu entorno fuma (compañeros del cole, tu familia, tus vecinos…) la sensación que te queda es: “No pasa nada por fumar”, “Fumar mola”. Se convierte más en un acto social que otra cosa. Y a eso le sumamos los comentarios del tipo “Fulanito fumó toda la vida y llegó a los 90 años estupendo”. ¿Seguro? ¿Y cuántos fulanitos conoces? ¿Cuántos sí han sufrido los efectos directos del tabaco? Muchos más. Más de 6 millones de personas mueren en el mundo al año por culpa del tabaco, por no hablar de las cifras de enfermos.

También existen mucho mitos alrededor del tabaco como que, por ejemplo, “ventilar” después de fumar o fumar con la ventana abierta o el extractor de la cocina encendido minimiza la exposición al humo. No es cierto: el 85% del tabaco puede ser invisible, e incluso inodoro, pero sigue siendo perjudicial y se mantiene en la casa durante mucho tiempo después de haber fumado. Esto produce lo que llaman tabaquismo terciario y de lo que ya había oído hablar anteriormente: personas no fumadoras que inhalan, ingieren o entran en contacto con partículas residuales del tabaco que permanecen en el entorno después de que se haya fumado. Ese tabaco que queda en las superficies puede permanecer meses e incluso años.

Proteger a los niños del tabaco

Me sigue sorprendiendo que una mujer embarazada fume. Para mi, insisto, no es una cuestión de intolerancia sino de sentido común. Y me sorprende mucho más que se fume delante de los niños, que haya madres que fumen en el parque, algo que por cierto está prohibido, o empujando el carrito. Me enfada mucho estar en una terraza y que a Mara le llegue el humo de terceros pero mucho más estar en un espectáculo infantil al aire libre y que se pongan a fumar a nuestro lado. No soporto entrar en un sitio que huele a tabaco o en el que han fumado. No lo soporto y no quiero eso ni para mi ni para mi familia.

¿Por qué hay que proteger con especial contundencia a los niños y a las embarazadas del tabaco? Pues porque:

El tabaco tiene efectos sobre el feto durante el embarazo: Fumar durante el embarazo tiene una relación clara con riesgos como tener un aborto espontáneo, parto prematuro, bajo peso del bebé al nacer o desarrollo menor, así como alteraciones placentarias. Al fumar la madre, el oxígeno que le llega al feto es menor y existen muchas más posibilidades de que el bebé cuando nazca tenga peor salud y sufra más número de hospitalizaciones en sus primeros años. Lo de “es peor no fumar por la ansiedad que produce” no es cierto. Pero, además, ¿teniendo esta información no te planteas dejarlo antes de quedarte embarazada? ¿Te preocupas por la toxoplasmosis o por el peso y no por evitar posibles problemas a tu futuro hijo?

El tabaco tiene efectos durante la lactancia materna: Si la madre de un lactante fuma, al estar muy en contacto con el bebé, le somete también al humo de su tabaco de una forma muy intensa: la ropa de la madre y ella misma (sus manos, su aliento, pelo, etc.) están impregnadas de tabaco. Esto repercute en el bebé de modo inmediato. Un lactante acusa muy especialmente que su madre fume pero también que se fume en casa, lo haga quien lo haga. Por favor, no fuméis en casa al menos. Pese a esto, siempre será mejor amamantar, aunque se fume, que optar por la lactancia artificial porque los beneficios de la leche materna superan con creces los inconvenientes.

El tabaco tiene efectos sobre el desarrollo y la salud de los niños: Los niños son muy vulnerables al humo del tabaco tanto porque respiran más rápido como porque su sistema inmunitario está en desarrollo al igual que lo están otros órganos. Los efectos del tabaquismo pasivo de los niños son muchos: más infecciones respiratorias, más infecciones de oído, mayor propensión al asma, a la diabetes y a la obesidad o peor salud cardiovascular. Nosotros podemos decidir si queremos seguir dañando nuestro cuerpo o no pero ellos no pueden. No les hagamos respirar el humo del tabaco, ni de forma secundaria ni terciaria.

No fumar

¿Creéis que son necesarias campañas más contundentes contra el tabaquismo?

10 comentarios

  1. Yo como ex-fumadora tengo sentimientos encontrados. Por un lado, soy muy fan de la ley anti-tabaco (que por cierto a mí me ayudó muchísimo en el proceso de dejar de fumar) y de que se respeten los espacios libres de humo y no me hace ni puta gracia que me ahumen, ni que ahumen a mis hijos. Pero también pienso que cada cual es libre de hacer con su cuerpo lo que le de la gana: usarlo, cuidarlo o destruirlo como cada uno quiera. Por otro lado las campañas publicitarias anti-tabaco me chirrían un poco, no porque no crea que el tabaco no sea extremadamente nocivo, claro, sino porque no entiendo por qué es el tabaco lo que está en el punto de mira y no otras cosas. ¿Es peor el tabaco para la salud que las grasas saturadas, que los azúcares, que los coches y los tubos de escape, que el sedentarismo? ¿Para cuándo una campaña contra los coches o las hamburguesas?
    Resumiendo: que los fumadores respeten a los no-fumadores por encima de todo, pero cuentan con mi apoyo para hacer lo que quieran con su cuerpo.
    También te digo que estoy feliz de haber dejado de fumar, que me siento súper contenta y orgullosa de haberlo logrado y que agradezco sentir ahora asquete por el tabaco y tener clarísimo que nunca voy a volver.
    Pd. ¡No sabía que habías fumado!

    • Oye pues esas campañas creo que tampoco estaría nada mal hacerlas 🙂 No sé, es un tema complicado. El otro día en una entrevista Julio Basulto me dijo una cosa que me dio mucho que pensar: “los fumadores no tienen la culpa, son víctimas”. Y… Uf! Es que realmente son víctimas como lo son, por ejemplo, quienes consumen 2 litros de refrescos al día o similares. De acuerdo en que cada uno haga lo que considere con su cuerpo pero, creo, no a costa de la salud de los demás. Quiero decir. Cuando a mi alrededor está fumando un señor me está perjudicando a mi por su libertad de hacer lo que quiera. ¿Dónde está su libertad y la mía?
      No me recuerdes que he fumado, que me arrepiento mucho 😀

  2. En principio no iba a comentar nada sobre este asunto pero bueno, te dejo mi opinión jejeje… Yo soy una antitabaco radical. Para mí los bares existen desde que entró en vigor la ley antitabaco, hasta el punto de que antes eran a evitar a no ser que hubiera terraza y ahora rehuyo las terrazas (sobre todo esas que están tan cerradas para proteger a los “poooobres fumadores” que no dejan ni circular el aire). Tuve la mala suerte de que la ley antitabaco entrara en vigor a los tres meses de nuestra boda, y tuve que soportar el humo de cigarros y puros. Y yo era de las que las pocas noches que he salido de fiesta al volver a casa tenía que ducharme sí o sí porque no soportaba meterme a la cama con ese olor pegado a mi cuerpo. En casa mi madre ha fumado, aunque era sólo de fines de semana y ocasiones especiales, uno después de comer y otro después de fregar, pero solamente en el pueblo nunca en el día a día o sea que si no íbamos al pueblo podía pasar semanas sin fumar. Y ahora con mi niño también llevo muy mal que le toque alguien que justo haya fumado, o que pase cerca del humo de un tabaco incluso en la calle habiendo llegado de ser posible a cambiarnos de acera incluso… En fin, que yo estaría soltera si mi marido hubiese seguido fumando cuando le conocí. Por suerte, lo había dejado ya. Es tal el derroche de dinero, de salud… pero sobre todo el egoísmo de los fumadores para con los no fumadores cuya salud también se ve afectada, por no hablar de que son pocos los que no tiran las colillas directamente al suelo… En fin, que me crispo, así que mejor lo dejo. Enhorabuena por tenerlo tan claro!

    • Comparto cada una de tus palabras. A mi no me parece esto de “radical” sino de sentido común. Como dices es un acto egoísta pero creo que totalmente inconsciente. Aún así a mi me molesta muchísimo, pero no te haces una idea de cuánto. No puedo soportarlo. Y menos aún desde que Mara nació. Ni que la cojan ni nada parecido pero ojo al tema de los espacios públicos… ¡Tremendo! El otro día un señor fumando apoyado en las gradas de los títeres del Retiro. ¿A quién le llegaba el humo? A nosotros. ¿Por qué yo me tengo que tragar su humo? ¿Y mi hija y mi marido? Me puede… Además ya estoy en un punto de rechazo tal que creo que voy a saltar en cualquier momento… ¡Un beso Laura!

  3. La verdad es que el tabaco es muy, muy asqueroso. Lo dice una que ha fumado y lo ha dejado varias veces y que desde que tuvo al enano no fuma más que en momentos puntuales, es decir, no se me puede tachar de radical. Hasta la fecha no he fumado nunca delante de mi hijo y no me gusta que las personas con las que estamos lo hagan, no solo por el humo, que si es al aire libre y no le llega pues ni tan mal, pero es que no me gusta que lo vea. Ja,ja,ja. Porque le parecerá normal si lo hace su padre, sus tíos, los amigos de sus padres. Sé que lo verá en la calle pero cuanto más lejos mejor. Y ojalá no fume… Y que le cojan después de fumar me da un asquete… Yo cuando fumo, o no está o está dormido. Para uno que me fumo muy de vez en cuando…
    La verdad es que he descubierto muchísimas más asquerosidades del tabaco gracias a tu post. Ja,ja,ja. Muy informativo.

    • Es horroroso. Yo también he fumado pero ahora es tal la manía que le tengo que sé a ciencia cierta que jamás volvería a fumar. Con la información que hay sobre el tabaco y el dineral que cuesta matarte así, ¿por qué fumar?

  4. Volvemos en cierto modo a los asientos reservados: ¿por qué cuesta tanto ver que estamos molestando y, lo que es peor, perjudicando a los demás? Es mucho más que una falta de respeto.

    Tengo un buen amigo que no se corta un pelo cuando se encuentra en ese tipo de situaciones en las que le obligan a ser fumador pasivo, especialmente en lugares en los que está prohibido fumar. Ojalá a mí no me diera tanta vergüenza, porque más de una vez me he quedado con las ganas. ¿A quién no le ha pasado? Estás sentado en una terraza comiendo algo y en la mesa de al lado ves cómo se ponen a fumar estirando bien el brazo para que el humo no moleste en su mesa, sin fijarse en que eso hace que te lo comas tú enterito. De verdad que no puedo con estas cosas…

    Desde luego la situación era infinitamente peor hace años; hemos avanzado muchísimo con respecto a aquellos anuncios clásicos en los que se vendía el tabaco como algo positivo para todos, niños incluidos. Sin embargo, sigue siendo un mal normalizado y aceptado y, efectivamente, eres un exagerado si te quejas en ese sentido. A mí me llevan los demonios cuando fuman delante de mi hija o, pero aún, cuando nada más fumar quieren cogerla en brazos o darle besos por toda la cara; me llega a resultar físicamente desagradable y trato de evitarlo como buenamente puedo. Eso es un problema cuando uno de los abuelos es fumador y fuma en casa, por mucho que abra la ventana y cierre la puerta para que no se extienda el humo… Alguna vez hemos tenido que llegar a decirle que nos llevábamos a la niña hasta que terminara de fumar, porque no es consciente de que el humo no son migas de pan que puedas barrer del suelo con la escoba y ya.

    Me callo ya porque me pongo malo, jajaja. Menos mal que lo dejaste, Diana 😀

    • Ay! Totalmente Enrique. No puedo soportar que alguien que está fumando (siempre al aire libre) o que ha fumado la coja o la bese. No lo entiendo por más que lo intento. Tengo tal rechazo hacia el tabaco que no puedo con los fumadores, siento el mismo rechazo. Y no es exagerado. Es que no puedo entender como, por ejemplo, mi madre (con enfisema pulmonar y enfermedad grave en los huesos) puede seguir fumando dos paquetes diarios. Y, encima, fumar antes de ver a Mara. Con una coleta y un chicle, todo arreglado. Pero, no. El humo está en la ropa, en la piel, en su persona. Y no puedo llegar e entender el macabro mecanismo que el tabaco ha instalado en su cabeza para que ni la enfermedad ni una nieta erradiquen por completo un vicio que la está matando lentamente y que perjudica a la niña en pequeñas dosis.
      De verdad que haber fumado es una de las cosas de las que más me arrepiento en la vida y no puedo ni pensar en ello porque me enfado muchísimo conmigo misma 🙁 Ojalá tuviera una máquina del tiempo para no echar a perder tanta salud, tanto dinero y tanto tiempo invertido. De hecho, no podría estar con una persona que fuma (menos mal que a Adrián ni siquiera se le pasó nunca por la cabeza).

      • Antes de mamá —que prácticamente es también antes de Cristo en nuestro caso— tuve una novia fumadora. Creo que nunca podría repetir eso de los besos con sabor a tabaco, ya no. ¡Bien por Adrián!

        • Jajajajajaja… Muy fan. Horrible. Adrián tiene mérito porque cuando nos conocimos yo fumaba. Poco, pero fumaba. Lo dejé antes de que hiciéramos un mes. ¡Pobrecito! Es un santo… Yo no podría 😀

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