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“No comas tumbado que te puedes atragantar”

Últimamente hay una frase que no dejo de repetir: “Mara, tumbada no se come”. Sé que es un #palabrademadre en toda regla y no lo puedo evitar, así que me he preguntado si tengo razones de peso más allá de lo que me dicta el sentido común. Y esto es lo que me han contado los autores de Dos pediatras en casa.


 

tumbada no se come

 

Seguramente todos podamos recordar haber comido tumbados en algún momento de nuestra infancia. Incluso habrá quien aún lo haga mientras disfruta de un binge-watching, o lo que en castellano traducimos por un maratón de series en Netflix o HBO. En los peores casos, habrá quien, de hecho, coma tumbado por enfermedad o patología.

Si nos quedamos con los recuerdos infantiles, probablemente venga a nuestra memoria la imagen de algún miembro de nuestra familia diciéndonos aquello de:

“No comas tumbado que te puedes atragantar”

En casa hemos recuperado la frase, y de vez en cuando nos sale aquello de “Tumbada no se come” cuando a Mara le da por comer el pan o la fruta recostada en el suelo del salón. Y lo cierto es que esto nos ha llevado a preguntarnos si tenemos razones de peso para lanzar semejante mensaje o si por el contrario es una de esos mitos que pasan de generación a generación así que hemos recurrido a Elena Blanco y Gonzalo Oñoro, pediatras, padres y autores del blog Dos pediatras en casa, para salir de dudas.

 

 

¿Realmente nos podemos atragantar si comemos tumbados? Cualquiera que haya seguido de cerca a Elena y Gonzalo sabrán que no dan puntada sin hilo, y que son bastante “estrictos” a la hora de hacer una afirmación o recomendación. Es por esto que reconocen que es complicado dar una respuesta por la ausencia de artículos científicos que traten específicamente si comer tumbado provoca más atragantamientos que en otras posturas en el caso de niños sanos.

Sin embargo, sí han encontrado un artículo que puede ser de utilidad para elaborar una respuesta, que trata sobre como se produce el acto de tragar y que puede descargarse aquí. “Este acto constaría de cuatro fases: una primera fase (oral) en la que se masticaría y se transportaría la comida a la garganta; una segunda fase (deglución) en la que se elevaría el paladar blando y se cerraría la glotis para “recibir” la comida; una tercera (faringea) en la que la comida atraviesa la garganta hasta el esófago; y, por último, cuarta (esofágica) en la que la comida se transporta por el esófago hasta el estómago”, explican.

Según los pediatras, los niños pequeños que toman pecho o biberón realizan toda esta mecánica de forma involuntaria y con poco control sobre los movimientos que se requieren, sin embargo, en los más mayores es voluntaria. Teniendo en cuenta una tabla recogida en el artículo mencionado, uno de los motivos de disfagia es la dificultad para trasladar la comida de la boca a al garganta (fase oral), algo que creen que, por pura mecánica, sería más difícil hacer tumbados que erguidos.

 

 

El atragantamiento es más probable estando tumbado

Según Gonzalo y Elena, la mayoría de los artículos publicados tienen en cuenta a adultos con dificultades para tragar o a niños con enfermedades neurológicas, como causas más frecuentes de disfagia. Señalan también que hay estudios en adultos sanos que evalúan la facilidad para tragar algo en diferentes posiciones y casi todos concluyen que es mas fácil atragantarse en posición tumbado o con la cabeza extendida aunque estén de pie. Esto, cuentan, se debe principalmente a dos cosas: “Por un lado, los músculos involuntarios de la deglución tienen menos tono cuando están tumbados que cuando están de pie, y por otro lado, cuando extendemos el cuello hacia atrás aumentamos el espacio entre la boca y la garganta lo que facilita el atragantamiento“.

Ahora bien, si esto lo trasladamos a un niño los pediatras opinan que, pese a que resulta poco probable el atragantamiento, “ya que la mayoría de los mecanismos de la deglución estarían intactos por ser niños sanos”, la mecánica de la deglución está diseñada para realizarse erguido y, por tanto, “el atragantamiento es más probable estando tumbado que de pie“. Por tanto, ambos son partidarios de dar “un minipunto al sentido común” de las frases de tipo “Tumbado no se come” o “No comas tumbado que te puedes atragantar”.

 

 

Para quien le interese el tema, o busque más argumentos en su favor o en su contra, los autores de Dos pediatras en casa nos dejan algunos de los artículos que han consultado:

– En éste se demuestra que es más difícil tragar en posición tumbado o con el cuello flexionado hacia atrás.
– En este otro se siguiere que el reclinarse hacia atrás aumenta el tiempo de la fase involutnaria faringea y por tanto la comida pasa mas tiempo en la garganta.
Aquí demuestran que estar tumbado hace que la comida llegue más tarde al estómago por que disminuye el aclaramiento faringeo.
– En éste demuestran como el tumbarse modifica el movimiento del paladar y el hueso hioides (un hueso de la garganta) lo que lleva a que la comida se desplace de forma diferente por la garganta.

 


¿Y vosotros? ¿Habéis dicho alguna vez eso de”Tumbado no se come” o “No comas tumbado que que puedes atragatar?

 

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3 Comments

    • Je, je, je… Por aquí estamos igual. A veces los #palabrademadre son muuuuy sabios 🙂

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