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Por una infancia rock and roll

 

Pasé mi infancia entre los acordes de los Beatles y la música instrumental de Mike Oldfield, y mi adolescencia entre las guitarras de Aerosmith, Metallica o Héroes del Silencio. Y yo, ante lo que parece el apocalipsis del rock, me pregunto, ¿con qué música estamos acompañando la infancia de nuestros hijos? 

 

Escuchaba en la radio la semana pasada que la mítica empresa de guitarras Gibson, icono de la cultura musical estadounidense, está en bancarrota. Entre las causas de su ruina señalaban cómo los avances en la edición de la música habían logrado que guitarras más modestas sonaran como los modelos más inaccesibles. También cómo otros géneros musicales habían barrido casi por completo el interés por la música rock.

De hecho, por lo que he podido leer después, esa idea la confirma el último informe anual de Nielsen. En él se destaca que de los grupos y solistas que más discos vendieron en 2017 ninguno pertenece a este género musical, sino que han tomado el relevo otros estilos como el hip hop, el R&B o el pop. La noticia no me ha dejado indiferente porque yo, que desde hace siglos debo vivir en una burbuja, no soy capaz de imaginar mi vida sin los acordes de una guitarra o los platillos de una batería.

 

Música para acompañar una vida

No tuve una infancia ni una adolescencia que a día de hoy pueda definir como feliz. Al acoso escolar y a los castigos cotidianos del colegio se unían la sombra de un cinturón, siempre dispuesto a caer sobre mi espalda, y una carcajada acechando tras cada pensamiento o sentimiento. Supongo que por eso me pasé media vida huyendo de casa; primero hacia la casa de mis abuelos. Más tarde hacia los brazos de cualquiera que me brindara un poco de comprensión. Lo que sí he agradecido después, siendo ya más mayor, es haber crecido entre libros y vinilos, quizás porque la lectura y la música me han salvado infinidad de veces (tantas que es casi imposible recordarlas). O quizás porque creo que eso me ha servido para tener cierto espíritu crítico; no tanto como me hubiera gustado, pero al menos sí el suficiente para intentar hacerlo crecer después.

Crecí escuchando a Janis Joplin, The beach boys, Simon and Garfunkel o los Dire straits. La inconfundible música de Mike Oldfield o The Beatles acompañaba cada fin de semana de mi infancia al molesto sonido del aspirador, ese que mi madre pasaba cientos de veces a la semana. Después hice yo mis elecciones. De Tina Turner pasé a grupos como The doors, Nirvana, Aerosmith, Queen, Metallica o The Cramberries. En alguna época indefinida, supongo que de transición a la búsqueda de mi propia personalidad, recuerdo haber tenido mis coqueteos con el hip hop, el pop más facilón, la música clásica o la electrónica hardcore de la ruta del bakalao. Casi nada.

Después me enamoré del rock transgresivo de Extremoduro, Barricada, Platero y tú o Reincidentes hasta caer rendida ante las letras de Héroes del Silencio, primero, y ante Bunbury en solitario después. Raúl tuvo la culpa del comienzo de aquel amor loco. Tan loco que nadie sabe lo importante que ha sido la banda de Zaragoza para mí. Bendecida, Avalancha, La chispa adecuada, El espíritu del vino, Deshacer el mundo… han marcado los buenos y los malos momentos. Todos. Me gustar pensar que mi primer concierto fue viéndoles a ellos con una entrada de reventa en el antiguo Palacio de los deportes de Madrid. Era el año 1996, el año de la gira Parasiempre, y aunque yo tenía 15 años por aquel entonces tengo la imagen de aquel día tan nítida como si hubiera sido ayer. O eso creo, porque supongo que como dice Rosa Montero, “la memoria es un cuento que nos contamos a nosotros mismos y que vamos rehaciendo”; y vete tú a saber qué queda de realidad en mi cerebro y qué he inventado con el paso de los años.

En la veintena los Red hot chili peppers y REM me acompañaron cada día a la Complutense; de hecho, diría que Losing my religion fue mi himno universitario junto a aquella versión de “Para ser conductor de primera” que cantaba África en nuestras salidas de jueves. He ido a festivales y conciertos de lo más variopintos, desde un agotador Viña Rock acorraladas entre tiendas de campaña, hasta conciertos privados en algún piso de Madrid. Y todos han sido más que disfrutados con la misma emoción que dibuja los recuerdos de las primeras veces.

Ahora hay menos música en directo. Se han incorporado nuevos acordes pero también se mantienen muchos de los ya antiguos, puede que en recuerdo de que “también somos lo que hemos perdido”, que decían en Amores perros. Para mí, más cerca ya de los cuarenta que de los treinta, es imposible no pensar en ExtremoduroQuique González, Vetusta Morla o Iván Ferreiro sin Adrián. O sin Mara y Leo.

 

 

Mi apuesta por el rock and roll

Estoy convencida de que siempre hay una banda sonora que nos acompaña en cada momento. Puede que por eso, porque no entiendo una vida sin música, deseo que mis hijos tengan la suya. Y para que la construyan quiero pensar que puedo ofrecerles música inteligente, lejos de las melodías facilonas de los Cantajuegos o las canciones moralistas del cole.

Supongo que con la música actúo un poco como con la comida: no siempre puedo luchar contra el entorno pero yo sigo ofreciéndoles comida saludable, bajo la máxima de no tener en casa lo que no quiero que coman. Aspiro a ofrecerles otras alternativas para que mañana puedan elegir. Que sepan que hay peces que pueden nadar contra la corriente. Que tengan espíritu crítico a la hora de tomar sus decisiones y construir sus opiniones. Y para eso creo que hay que dejar de tratar a los niños como tontos. Debemos dejar de adelantarnos con un “no le va a gustar”, debemos dejarles “ser”, y que puedan experimentar y descubrir el mundo sin darles todo masticado.

Ojalá su infancia sí sea feliz, o mejor, ojalá que su infancia no sea infeliz. Ojalá recuerden que en casa sonaba Quique González mientras limpiábamos los fines de semana o que La chispa adecuada fue la primera canción favorita de Mara, y que se la sabía de principio a fin y la cantaba una y otra vez; o que fueron a conciertos y disfrutaron del placer de la música en directo en brazos de sus padres, mucho antes incluso de que aprendieran a andar.

Yo, por mi parte, seguiré apostando por el rock and roll. Al menos, mientras me dejen.

 

 

¿Qué os parece? ¿Apostamos por una infancia rock and roll?

 

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Diana Oliver

Diana Oliver

15 comentarios

  1. Ayyyyyyyyyyyyyyy Diana!! Cuanta verdad, hace poco escuchando Rock FM (como sigo añorando al Youngui y al Oldie y a su Di do run fin de las 10:00, nada es lo mismo si ellos) me dió x pensar q el rock estaba muriendo y no tiene herederos q es lo peor.
    Leerte ha sido transportarme a ese 1996, cuando anularon el concierto que tenían previsto Héroes del Silencio en el campo de fútbol de mi barrio por lluvia, poco después se separaron y no fue hasta 2007 q pude quitarme la espinita de verlos en directo en Sevilla, cuando hicieron su breve retorno.
    Yo siempre me he resistido a los Cantajuego si y lo he conseguido, pero si sucumbi a las radiofórmula con canciones de encefalograma plano, hasta q hace poco decidí recuperar la música en casa, saqué los cd’s y ahora mi hija me pide rock & roll (Bunbury) y eso le voy a poner!!!

    • ¡Ostras, Ángela! Qué alegría haberte transportado hasta allí y saber que hay más locas como nosotros. Mara se aprendió la musiquilla de la cortina de Rock FM (fan total) 🙂

  2. No puedo estar más deacuerdo contigo, como subestimamos su inteligencia. Como siempre pines palabras a mis pensamientos. 😘

  3. Hola Diana!! ME emocionan tus palabras, la verdad que puedo imaginar cómo te has sentido. La verdad que son épocas difíciles tanto la infancia como la adolescencia, si lo vives sola al margen de lo que debería ser una familia normal, a mí me sucedió lo mismo, y a esas edades buscas donde refugiarte. Tu banda sonora es muy similar a la mía,( a mi hija , Alma , le chifla Fito y Fitipaldis y cantautores como Ismael Serrano ) .Si la vieras cantar la canción de la belleza de Aute, en la que dice , Viva la Revolución !!! no reímos muchísimo.
    Estoy muy de acuerdo contigo, hay que ayudar a que tengan espíritu crítico. En ocasiones pienso que las canciones infantiles no tratan a los niños con la inteligencia con la que se merecen.

    Un abrazo y un beso muy fuerte!!! Y piensa que somos afortunadas por ser como somos después de haber salido de nuestras respectivas familias.

    • Gracias infinitas por tus palabras, Paula. Cuánto siento que entiendas tan bien como me siento, pese a lo agradecida que me siento de no estar sola e incomprendida lamento que hayas pasado por la ausencia de esa familia “normal”. Te mando un enorme abrazo, y desde luego, como dices, qué fortuna nuestras familias <3

  4. Yo también crecí rodeada de libros y de música, muchos de los grupos que mencionas entre otros. Supongo que también escucharía algo de música infantil, recuerdo las bandas sonoras de las pelis de Disney, pero yo me ponía las cintas o vinilos de mis padres.
    En cada lo habitual es que escuchemos la música que nos gusta al maromo y a mí. Algunas veces cosas como Drilo y tal, pero las menos. Supongo que no nos sale. Yo, además, como no le pongo al mayor, al peque menos todavía, el móvil ni tablet ni nada, pues vivo un poco ajena a las tendencias infantiles jeje.
    En definitiva, ¡estoy contigo!

  5. Perdona si te parece spam pero te aseguro que me he limitado jajajajajaja. De entre los tres trillones de post que tengo sobre el tema te dejo una colaboración (tengo como ocho o nueve sobre este tema) de la musicoterapeuta con la que trabaja, juega, experimenta y disfruta mi hija 🙂

    • ¡Ostras! Qué interesante, Sonia <3 Me ha gustado mucho esto: Aprovechad la oportunidad que os brindan vuestros niños de volver a vivir el mundo con una mirada diferente. Y sabed que, a través de vuestra voz, vuestro ritmo, vuestra música, estáis transmitiendo a vuestros hijos vuestra identidad, vuestra esencia, vuestra cultura, vuestra historia y vuestra pasión por la vida.
      Muchas gracias por compartirlo 🙂 Un abrazo grande.

  6. Que bonito artículo! Me he encanta! Yo a mis niñas les pongo desde Nick Cave &the bad seeds a Neil young pasando por the Smiths y Joy Division… y aunque me repatea que a Bruna le guste también Justin Bieber también se lo pongo para que vea que hay de todo! He trabajado en una multinacional discográfica durante 15 años y de variedad se un rato! Pero intento sorprenderlas, que se vuelvan locas con los primeros acordes que reconocen, que me pidan una del señor con voz ronca o que sepan que el cantante de Coldplay se llama Chris Martin. O que bjork es de Islandia y AC/DC de Australia! (hasta geografía aprendemos!) que si, que la música es vital! Y aporta energía, habla de las emociones y del amor… Y que son nuestros hijos… puro amor! Hasta un playback del Despacito me hice el verano pasado! Así que imagínate! Yo, la indie alternativa! Un abrazo!

    • ¡Qué genial, Raquel! Me gusta mucho lo que dices acerca de no prohibir. Yo creo que eso es lo más importante: no se trata de que no escuchen o de que no compartamos con ellos su amor por otros temas o estilos que nos puedan horrorizar sino de ofrecerles también otras cosas; de ofrecerles música “de verdad” para que ellos tengan opciones y puedan tomar decisiones. Abrazo grande

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