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Vegetarianos concienciados, mucho más que un manual de supervivencia

 

Vegetarianos concienciados, de la nutricionista Lucía Martínez (Dime qué comes), es mucho más que un manual de superviviencia para vegetarianos y veganos. También es el libro ideal para empatizar con las dietas vegetarianas, tener información clara y práctica, e incluso puede ser la puerta de entrada para quienes se estén planteando un cambio de alimentación y no tienen ni idea de por dónde empezar.

 

Durante años hemos recibido tanta información distinta y contradictoria, la mayoría de ella en mensajes cargados de humo, con respecto a nuestra alimentación, que no es de extrañar que estemos hechos un auténtico lío. O peor, que todos pensemos que somos nutricionistas. O pero, aún, que pensemos que siempre se ha hecho así y no pasa nada. Es cierto que no ayuda nada el potente marketing de la industria alimentaria, ni lo arraigadas que están muchas de nuestras costumbres. Tampoco es fácil si pensamos en la cantidad de mitos que existen en torno a la alimentación y que se agarran a la población como garrapatas sin la menor intención de soltarse. Ojiplática me quedé hace poco frente a un grupo de personas en el que todas y cada una de ellas afirmaba que efectivamente, un diabético no puede tomar fruta. Nunca. Jamás. Por suerte, cada vez son más visibles los nutricionistas que luchan contra este tipo de creencias armados con datos y con referencias científicas. Para muestra, textos como este Si tengo diabetes, ¿puedo comer fruta?, de Julio Basulto, publicado en 2014, en el que no sólo lo desmiente sino que afirma que “según las entidades de referencia, las personas con diabetes deberían seguir una dieta rica en alimentos vegetales poco procesados, legumbres, cereales integrales y fruta fresca”.

No me quiero ir por las ramas pero necesitaba mencionar lo anterior porque si con una dieta tradicional ya tenemos suficiente lío montado, si hablamos de dietas vegetarianas y veganas el jaleo es ya inabarcable. El apocalipsis zombie de la nutrición. ¡Boom! Para poner orden en el entramado de ideas sobre este tipo de dietas, profesionales de la salud como Lucía Martínez, dietista-nutricionista y autora del conocido blog Dime que comes, quien lleva años divulgando sobre alimentación saludable y sobre dietas vegetarianas y veganas. Lo hace a través de internet, de colaboraciones en medios de comunicación y del Centro de Nutrición Aleris, del que es co-fundadora, pero también a través de libros. Tiene dos, Vegetarianos con ciencia y el recientemente publicado Vegetarianos concienciados. Dos imprescindibles para todo aquel interesando en este tipo de alimentación, pero también para quien quiera saber qué es realmente una dieta vegetariana. Con datos, con evidencia científica y con honestidad. Libre de humo.

Vegetarianos concienciados, un manual de supervivencia

A diferencia de Vegetarianos con ciencia, publicado en 2016, en Vegetarianos concienciados Lucía no se centra tanto en cuestiones científicas o en datos sino que ofrece ideas, recursos e información para llevar a cabo una dieta vegetariana o vegana. Una información mucho más práctica para el día a día. Cuestiones como qué es y qué no es una dieta vegetariana saludable, si debemos suplementarnoscómo organizar el menú en casa o qué opciones tenemos cuando tenemos que comer en el trabajo, cuando salimos a comer fuera o cuando viajamos se suceden en poco más de 200 páginas.

El libro está escrito con un lenguaje claro, sin tecnicismos, y de una manera muy amena. Impreso a dos tintas, naranja y negro, y deliciosamente maquetado, contiene también cuadros en los que de un solo vistazo tenemos la información clave: los 9 puntos para una alimentación vegetariana saludable, qué es una ración proteica o ideas de aperitivos vegetarianos, por ejemplo. Pero si algo me ha conquistado han sido las recetas y los ejemplos de preparaciones saludables sencillas que nos regala, como pequeñas pinceladas, en el libro.

¿A quién va dirigido? Pues se define como un “manual de supervivencia” para vegetarianos y veganos. Pero más allá, es una guía fundamental tanto para los recién iniciados en este tipo de dietas como para los vegetarianos que quieran mejorar sus hábitos, o comprobar si éstos son mejorables. También para aquellos que necesiten ideas para preparar platos ricos, saludables y sostenibles, o para quienes desean empatizar y comprender qué es, y qué no es, ser vegetariano.

 

 

 

Por qué la gente se hace vegetariana

Cada cual tiene sus razones para hacer la transición de una dieta tradicional hacia una dieta vegetariana o vegana. Lucía lo explica a la perfección al principio del libro a través de varios ejemplos reales. Personas que lo hacen por motivos medioambientales o de sostenibilidad, que lo hacen por cuestiones que tienen que ver con el respeto animal o, incluso, por cuestiones relacionadas con la política. El vegetarianismo también es una forma de activismo.

No es fácil tomar la decisión de seguir una dieta vegetariana. Implica cuestiones que van más allá de un simple “¡Me voy a hacer vegetariana!”. Detrás hay una logística, un proceso de información y, sobre todo, hay que enfrentarse a la exposición social y familiar. Y puede que no me equivoque si digo que éste es uno de los aspectos más complejos porque, aunque cada vez hay más información, y aunque cada vez se ha normalizado (y popularizado) más este tipo de alimentación, siguen vigentes muchos prejuicios, sigue circulando mucha información obsoleta y, por supuesto, aún tenemos una arraigada cultura de la carne.

 

En enero decidí dar el paso. Me hice vegetariana de manera oficial, aunque en realidad llevaba años consumiendo carne o pescado de forma muy puntual, casi por obligación social. Creo que a esto se le denomina “flexitariana”. Hasta ahora no lo había dicho muy alto, me negaba a salir del armario. Siempre he pensado que para hacerse vegetariana, y contarlo, una tiene que ser un poco valiente y un “mucho” rebelde. No es fácil nadar contracorriente, ser un salmón.

Sobre las reacciones cuando dices ¡Ey, que soy vegetariana!, hay de todo. Mi madre, por ejemplo, está encantada. Le parece maravilloso porque ella misma ha sido toda la vida una vegetariana “frustrada”. Nunca se ha atrevido a dar el paso pero lleva décadas comiendo sólo pollo y salmón de manera esporádica. Mis abuelos son más mayores, y ya es otra historia para hacerles entender que el pollo es un animal. En cambio, otras personas sí que me han llegado a preguntar que por qué ahora. ¿Por qué ahora? Pues ahora porque hasta este momento no me había atrevido a dar el paso. Ahora porque antes no sabía ni por dónde empezar ni cómo hacerlo. Ahora porque es cuando he encontrado la valentía suficiente para enfrentarme a los comentarios que te esperan cuando dices que no comes animales. Ahora porque quiero. ¿Y por qué? Pues porque me hace feliz. Me satisface. Me gusta.

En Vegetarianos concienciados también se trata esta cuestión en varios momentos. El más esperanzador es el que escribe Paula González Carracedo con consejos para comunicarnos, tanto si somos nosotros quienes optamos por este tipo de alimentación como si tenemos a alguien en nuestro entorno que sí lo hace. Porque la empatía y la ética, como en tantas cosas, aquí también son necesarias.

 

 

 

 

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Diana Oliver

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6 comentarios

  1. Muy interesante el post, y cuánta razón… es tanta la información en cuanto a temas de nutrición que a veces estamos perdidos. Como sabes a mí me interesa muchísimo todo esto de la alimentación y especialmente desde que soy madre, y para mí el libro Más vegetales menos animales, de Julio Basulto, es fundamental para emprender el camino hacia el vegetarianismo.

    Es cierto que todavía no he dado el paso, y es que en mis circunstancias actuales es complicado. Mi familia materna siempre ha matado el cerdo, y en mi entorno si no comes carne te falta algo seguro, y aunque yo ahora ya sé que esto no es así, si habitualmente comes en casa de tus padres, y el fin de semana en el reparto de tareas uno de los días es tu marido el que cocina… es muy difícil negarse a comer carne.

    Por mi parte, en vacaciones estando el peque y yo solos hemos hecho ya varios días sin carne (pues tengo la suerte de que le gusta el tofu, la soja texturizada, el humus…), y es inimaginable lo bien que le sienta al cuerpo. Porque a mí me pasa que igual sí como una pechuga de pollo, o un poquito de chorizo en el cocido, o atún o caballa de lata, pero ya un filete de ternera o de cerdo me cuesta comerlo, y luego no me sienta muy bien. Así que quizá en unos años sí, yo también sea ya vegetariana, de momento estoy en el camino y aprender sobre ello me resulta muy interesante.

    • Muchas gracias, Laura. Al final yo creo que son muchos factores los que influyen y que no nos dejan actuar con libertad. Yo llevaba siglos con el deseo de hacerlo pero no me atrevía por todo lo que dices. La familia y el entorno condicionan mucho. Por eso, al final, yo creo que la cuestión es adaptar nuestros deseos lo mejor posible a nuestras circunstancias. Hacemos lo que podemos, con las condiciones que tenemos. Que ya es bastante. Un abrazo enorme.

  2. Y he tenido tres embarazos y dos largas lactancias ( la tercera la estrené hace ocho meses) siendo vegetariana. Y sin mayores problemas. Así que bienvenida!!!

  3. Yo me hice vegetariana con 16, hace poco más de veinte años. Y mi tema de conversación más odiado era tener que explicar por qué. Y contestar mil veces a «No echas de menos el jamón?». No, si lo echara de menos, lo comería, no he hecho ninguna promesa, es un acto consciente y voluntario. Nunca comí salchichas vegetarianas, ni hamburguesas procesadas de soja. Comía legumbres, verduras y fruta de temporada. Ahora me da la risa porque resulta que me he convertido en una visionaria…
    Creo que actualmente está mucho más asimilado, tengo alumnos vegetarianos y hay opciones en muchos restaurantes.
    Por cierto, mi madre me llevó al médico (eran los años en los que se hablaba mucho de anorexia, yo soy muy delgada y ella se preguntaba si tendría problemas por falta de nutrientes, aunque en casa no eran grandes.consumidores de carne) y se negó a hacerme análisis. Le dijo que esa dieta deberíamos seguirla todos. Otro viisonario….

    • Qué bien leerte, Marta, porque con 16 años debe ser la pera limonera con respecto al entorno familiar y social. La verdad es que más allá del cambio de alimentación lo más complejo es que los demás lo entiendan. Y eso que ahora supongo que estamos a años luz de lo que sería hace tan sólo una década. Muchas gracias por contar tu experiencia. Un abrazo grande.

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