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Violencia obstétrica: un fenómeno invisible

violencia obstetrica

En el primer número de Madresfera Magazine firmaba un artículo en el que hablaba de como muchas mujeres sufren en todo el mundo sufren las consecuencias de la violencia obstétrica sin que ni siquiera lo sepan. Se trata de un tipo de violencia invisibilizada, y no reconocida socialmente como tal, que se oculta tras la bandera de los supuestos protocolos hospitalarios y de la ciencia pero que queda lejos de ambos.

Un problema de salud pública

La violencia obstétrica es un grave problema de salud pública, como bien ha dejado claro en reiteradas ocasiones la Organización Mundial de la Salud, organismo que en septiembre de 2014 publicaba un documento en el que denunciaba la falta de respeto y el maltrato en la atención al parto. En el mismo, la OMS insistía en la importancia de establecer ciertas medidas de “control de calidad” en los centros hospitalarios, así como la implicación de todos los partícipes, incluidas las mujeres, quienes a menudo no son conscientes de que determinadas actitudes o acciones forman parte de esa violencia invisible. “Dispensar un trato deshumanizado, privar a la mujer de su capacidad de decidir, privarla de intimidad, obligarla a parir en un potro en contra de su voluntad, recibir frases despreciativas con respecto a su capacidad para dar a luz por sí misma, etc. En definitiva, minusvalorar la capacidad de la mujer para dar a luz por sí misma” es la definición que Francisca Guillén, abogada feminista de El Parto es Nuestro y miembro del Observatorio de Violencia Obstétrica, da al término de violencia obstétrica.

Muchas madres quedan marcadas física o/y emocionalmente como causa de prácticas innecesarias o desaconsejadas científicamente. El trato despectivo o paternalista, el abuso de medicación o instrumental y la falta de información a la parturienta son algunas de las formas de violencia obstétrica que muchas mujeres sufren en nuestro país. Para Jorge Romero, matrón del Hospital de Valme de Sevilla y padre de tres hijos, “hay multitud de prácticas que podrían englobarse dentro de esta denominación y que encontramos a diario. Entre las más habituales destacaría el hecho de no informar sobre un procedimiento a realizar que incumbe a la mujer como, por ejemplo, conducir médicamente un parto que aún no se ha iniciado sin motivo para ello con rotura de la bolsa (sin informar de los pros y contras o sin pedir consentimiento para su realización); realizar un tacto vaginal sin presentarse o sin avisar ni pedir permiso; o no tener en cuenta los deseos de la mujer en su plan de parto”. Todas ellas, situaciones que a menudo se viven como naturales porque se han ‘normalizado’ pero que, sin duda alguna, atentan contra el derecho de toda mujer a ser respetada y escuchada en el trascurso de este proceso fisiológico. “Ningún protocolo en un hospital público dice que haya que obligar a parir a la mujer en un potro, ni que haya que hacer una episotomía o romper la bolsa, entre otros. Lo que hacen en muchos paritorios va en contra no sólo de la evidencia científica, de la guía del Ministerio de Sanidad y de las recomendaciones de la OMS, sino también de los propios protocolos de salud de los hospitales que los practican”, nos explica Francisca Fernández Guillén.

La violencia obstétrica en cifras

Sobre violencia obstétrica hay muchísimos datos cualitativos pero no cuantitativos. Es decir, existen datos de en qué consisten estas prácticas, sabemos que son comunes en un montón de países y comunes a la práctica de la obstetricia moderna pero no están cuantificados. En España se desconoce, por ejemplo, la tasa real de episiotomías. Sin embargo, sí que podemos encontrar datos parciales que demuestran que se encuentra bastante por encima de lo recomendado por la OMS. En 2012 superaba el 41% en los hospitales del Sistema Nacional de Salud frente al 6% de países como Suecia. Eso sí, cabe destacar que se ha producido un descenso acusado de 20 años para acá, momento en el que la tasa de episiotomías superaba el 80%. “La episotomía es una práctica violenta porque es una lesión física y moral a la mujer, y aquí la estadística es muy reveladora. Sin embargo, tener datos de las frases que minusvaloran a las mujeres o, incluso, de la maniobra de Kristeller es complicado, y no sabemos si podremos hacerlo, porque todo esto no se anota en los historiales clínicos”, añade Fernández Guillen.

Nuestro sistema es además heredero de un modelo profundamente paternalista. Como apunta el matrón Jorge Romero, “venimos de una sociedad tradicionalmente patriarcal y el hospital no escapa de esas actitudes. Desde que se traslada el parto del hogar al hospital hace más de 40 años, el médico toma el control del cuidado del embarazo y parto de una manera paternalista y sobreprotectora desde su visión de una medicina centrada en la enfermedad, no siendo conscientes de que el parto es un proceso natural y fisiológico que hay que cuidar como tal”. Las mujeres llegan al hospital a dar a luz con un rol ya establecido: el de paciente. “Está muy normalizado que la mujeres vengan al hospital con la denominación preestablecida de “paciente” y que, en el caso de una madre, además esta denominación tenga una carga mayor porque es capaz de ‘dejarse hacer’ cualquier cosa ‘por el bien’ de su hijo”, apunta el matrón quien deja claro que, además, “muchos profesionales ni siquiera conocen el término y no son conscientes de que están ejerciendo sin saberlo algún tipo de violencia obstétrica”.

Marco jurídico

En el año 2007, Venezuela se convirtió en el primer país en definir legalmente la violencia obstétrica y en tipificarla como delito. El artículo 51 de la “Ley orgánica sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia” determina que “Se considerarán actos constitutivos de violencia obstétrica los ejecutados por el personal de salud, consistentes en:

1. No atender oportuna y eficazmente las emergencias obstétricas.

2. Obligar a la mujer a parir en posición supina y con las piernas levantadas, existiendo los medios necesarios para la realización del parto vertical.

3. Obstaculizar el apego precoz del niño o niña con su madre, sin causa médica justificada, negándole la posibilidad de cargarlo o cargarla y amamantarlo o amamantarla inmediatamente al nacer.

4. Alterar el proceso natural del parto de bajo riesgo, mediante el uso de técnicas de aceleración, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.

5. Practicar el parto por vía de cesárea, existiendo condiciones para el parto natural, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer. Otros países como México o Argentina también han dictado leyes específicas para luchar contra la violencia obstétrica.

En España, pese a no estar aún tipificadas como tal, las prácticas constitutivas de violencia obstétrica se encuentran prohibidas en nuestro país, ya que suponen la vulneración de derechos fundamentales reconocidos en nuestra Constitución: a la integridad física y moral (artículo 15), a la libertad personal (artículo 17) y a la intimidad (artículo 18). “Si se aplicaran a las embarazadas las leyes y convenios internacionales sobre derechos humanos frente a las aplicaciones de la medicina, y más en concreto, la Ley de Autonomía del Paciente no tendría sentido hacer leyes específicas para nosotras. Las Convenciones de Derechos Humanos, las leyes de derechos de los pacientes y el Código Penal ya protege frente a la mayoría de situaciones que englobamos bajo el término de violencia obstétrica. Lamentablemente, muchas veces se excluye de ellas a las gestantes, lo que a mi parecer es una forma de discriminación sexista inadmisible. Igual que ocurrió con las leyes sobre violencia de género en el ámbito doméstico, al final hay que hacernos un traje a medida, como si los Derechos Humanos fuesen derechos humanos de los hombres pero no de las “humanas”. A mí me produce cierta desazón, como abogada, que existan instrumentos legales suficientes para luchar contra la violencia obstétrica pero la Administración Sanitaria y los jueces no los apliquen”, explica Francisca Fernández Guillén. “Afortunadamente los profesionales cada vez somos más conscientes y creo que van en detrimento”, opina Jorge Romero.

Para la abogada de EPEN, la violencia obstétrica prospera por la impunidad que hay. “En los Tribunales, los médicos tienen un gran arsenal de argumentos bien preparados que suelen confundir bastante a los jueces pero aún así hay sentencias favorables a esas mujeres que denuncian”. ¿Cuáles son los inconvenientes de denunciar? “Las barreras económicas, ya que pleitear es caro, y las barreras psicológicas, porque muchas mujeres no se atreven a denunciar por la normalización que hay. Pero, con la ley en la mano, lo que se está haciendo en muchos hospitales es ilegal”, responde.

Observatorio de Violencia Obstétrica: un paso más

La violencia obstétrica es un fenómeno invisible. Por este motivo la asociación El Parto es Nuestro, que lucha por mejorar la atención de las madres y de sus hijos durante el embarazo, el parto y el posparto en España, se lanzó a crear el 25 de noviembre de 2014 un Observatorio de Violencia Obstétrica (VO) para denunciar públicamente las prácticas que constituyen este tipo de violencia, una violencia que no sólo se da en el proceso de parto, sino en todas las etapas de la maternidad. El Observatorio está formado por profesionales con muchos años de experiencia en violencia obstétrica desde perspectivas multidisciplinarias. Junto a Francisca Fernández Guillén, abogada feminista especializada en salud de la mujer, encontramos a Ibone Olza Fernández, psiquiatra infanto-juvenil y perinatal, a Charo Quintana, ginecóloga del Servicio Cántabro de Salud, a Jesusa Ricoy, matriactivista y Antenatal Teacher en el National Childbirth Trust, y a Lola Ruiz Berdún, matrona y profesora en la Universidad de Alcalá de Henares de Madrid.

“Hemos creado el Observatorio porque pese a que desde EPEN llevamos tiempo pidiendo que se recogieran las buenas prácticas desde la evidencia científica y siempre hemos denunciado el maltrato, nos parece que ha llegado el momento de que estudiar y catalogar esas formas de maltrato”, explica la abogada de EPEN y miembro del Observatorio.

En el Observatorio por el momento se encuentran en una fase de estudio y de recopilación de información. La idea, de cara al futuro, según Francisca Fernández, es “hacer recomendaciones a las instituciones y profesionales para detectar estas conductas, tipificarlas, catalogarlas, y hacer recomendaciones para evitarlas, porque mujeres de todos los países del mundo sufren las mismas prácticas obstétricas violentas con total impunidad”. Llevan más de un año recogiendo y analizando testimonios de mujeres que han sufrido algún tipo de práctica violenta y esperan no sólo actuar como órgano de recogida, análisis y difusión de información relativa a la violencia obstétrica sino, también, como evaluador de las medidas adoptadas para erradicar este tipo de violencia ejercida contra la mujer.

Artículo publicado en el número 1 de Madresfera Magazine.

 

Diana Oliver

Diana Oliver

13 comentarios

  1. Hola!
    Cuando publicaste el post estaba muy pillada de tiempo pero quería comentar sí . En enero coincidió que hablé con unas cuantas mamás y papás de partos y me quedé atónica de a cuantas le pasa como te pasó con Mara.
    Lo peor es que llegan a asimilar la falta de respeto hacia los padres y especialmente hacia la madre como normales y hasta necesarios(episotomía).
    Desvergüenza y poca educación podrían ser las causas principales aunque creo que la saturación del sistema sanitario y las jornadas interminables, la imposibilidad de conciliación y una formación adecuada estándarizada juegan un papel principal aquí.
    Mi parto fue todo respeto y buenas maneras.
    Me ha encantado la entrevista. Es imprescindible que las mamás sepan a lo que tienen derecho y lo que está mal.
    Besos!

    • Exacto, Marina. Muchas veces determinadas actitudes o acciones se acaban “normalizando” cuando, en realidad, son cuanto menos irrespetuosas, innecesarias o están fuera de lugar. Cuánto por hacer… Suerte de vivir en Suiza, ¿nos haces un hueco? 🙂

  2. A mí me consultaron antes de hacerme la episiotomía (fue minúscula y ni me enteré ni en el momento ni en la recuperación posterior), pero me hicieron una maniobra de Hamilton camuflada como un simple tacto vaginal, que me supuso mucho llanto y hasta un poco de miedo por pensar que esa matrona horrible le podía haber causado algún daño a mi bichilla 3 días antes de que me programasen la inducción, con la excusa de que “así, sí que me pondría de parto por mí misma”.

    • Jolin qué mal, Lucía 🙁 Este tipo de cosas son las que me horrorizan de verdad porque no me puedo creer que no haya más reciclaje y actualización por parte de tantos sanitarios… Y falta de empatía, que muchas veces creo que es de lo que más carecen. ¡Beso!

  3. Otro post para guardar. Mi parto fue horrible, tengo secuelas después de 21 meses, fórceps,desgarros, separación del bebé etc. Sólo espero poder recuperar un poco más

    • Uf Almu como lo siento… Espero que poco a poco te recuperes del dolor físico y emocional que tuvo que suponer para ti 🙁 Un beso enorme.

  4. Un tema espinoso más, ¿eh? Sin haberlo sufrido yo directamente, es algo de lo que casi me da hasta vergüenza hablar. Somos tan poco conscientes de la abrumadora presencia de este tipo de violencia que lo más habitual es que te consideren un exagerado o un loco si pretendes hacerle frente. «No será para tanto. Además, son profesionales y saben lo que hacen, ¿no?».

    En el ámbito sanitario general es imprescindible que se le dé más visibilidad de todas las partes como haces tú aquí, porque incluso aunque muchos hospitales ya tengan protocolos que defienden un tipo de atención mejor, la realidad es que las personas siguen en muchos casos aplicando las formas de proceder «de antes», no sé si por comodidad suya (posición de la madre en el parto, por ejemplo) o por desconocimiento. Y si tuviera que elegir entre las dos causas, no sé cuál me parecería más grave. Si conseguimos que se cree una conciencia contraria a estas prácticas, quizá se pueda avanzar como ya lo han hecho en otros países europeos que nos llevan décadas de ventaja en esto.

    Mientras tanto, sólo queda informar, informar e informar. Si las mamás —y los papás con ellas— no van informadas al hospital, difícilmente van a ser siquiera conscientes de lo que les están haciendo o diciendo. En nuestro curso de preparación al parto, la matrona preguntó quién tenía un plan de parto. Sólo levantamos la mano nosotros, y eso que éramos un montón. Y nosotros lo rellenamos como buenamente pudimos en aquel momento; hoy seguro que lo habríamos hecho de otra manera. Pero para el caso, lo mismo nos habría dado llevar uno que no. Creo que en cualquier hospital español alucinan cada vez que una mamá presenta uno al ingresar para el parto.

    Volver al parto en casa no creo que sea una solución aplicable universalmente. A mí me sigue dando un poco de miedo y prefiero tener toda la ayuda posible lo más cerca posible «por si the flies», pero quizá debamos orientarnos hacia un modelo como el anglosajón de las casas de parto o lo que hace en Francia Michel Odent, no sé.

    Qué difícil todo O_o, pero gracias por empezar a quitarle la capa de invisibilidad al fenómeno 😉

    • Espinoso y necesario 🙂 Yo tengo pendiente el post de mi parto porque realmente fue terrorífico y tuve que pelear un montón; pese a ello caí en cosas que no quería de antemano y que no eran para nada necesarias. El parto en casa no sé si es la solución o no al problema de la medicalización injustificada del parto y de la violencia obstétrica que despachan muchos hospitales pero no encuentro muchos más recursos disponibles para las mujeres que desean un parto más natural, tranquilo y, sobre todo, respetado. Tengo que investigar esto con detalle porque me interesa mucho, mucho 🙂
      ¿Sabes? Muchas veces desearía no saber las cosas que sé y mantenerme en la más absoluta ignorancia porque cuanto más leo sobre maternidad, crianza, lactancia, etc. más me cabreo… A veces me gustaría haber llegado al paritorio y no saber nada pero mucho más a posteriori. Qué complicado, Enrique y como en todo esto, cuánto por hacer!

    • Yo tampoco creo que el parto en casa sea la solución, pero entiendo que el aumento del mismo es una reacción a la mala praxis en algunos centros. Por eso los centros hospitalarios deben ponerse las pilas, ya que los partos pueden complicarse, sin embargo, de primeras hay que actuar con la conciencia de que la mujer no es una enferma, dando confianza y orientación, es decir, tenemos que sentirnos tranquilas y seguras. En mi caso no me sentí violentada durante el parto, el equipo fue maravilloso, no obstante, sí me sentí violenta durante la lactancia, ya que estaban obsesionadas con la teta y a mí bebé le costaba cogerse. Me hicieron sentir bastante inútil y presionada mientras ellas eran “las sabias”, menos mal de mí madre, que aunque sólo nos dio teta dos meses, me apoyó mucho y sobre todo, me dio tranquilidad diciéndome que a mí bebé no le pasaría nada.

      • Bueno lo ideal es que cada cual pudiera elegir dónde y cómo parir, ¿no? El parto en casa me parece una opción igual de válida que el parto en un hospital… No se trata de solución sino de opción, yo creo.

        • Pero sí que es cierto que últimamente se ve en internet que hay muchas mujeres que para ir al hospital se quedan en casa porque algunos parecen mataderos, y eso a mí me parece muy triste, por eso pienso que los hospitales deben ponerse las pilas, ya que en ese caso no hablamos de opción real. Yo desde luego soy partidaria del parto en el hospital, más que nada porque aunque lo normal es que todo salga bien, puede suceder una complicación. Desde luego es sólo mi punto de vista y no lo digo criticando a nadie, espero que no es entienda desde la óptica equivocada. Un saludo y espero no haber ofendido a nadie.

          • ¡Claro que se entiende! 🙂 Me parece una opinión la mar de válida también. Yo creo que el problema de base está en como se hacen las cosas en muchos hospitales; por cierto, me has recordado que tengo que ponerme con el post de mi parto porque fue de traca también 🙁 Un abrazo.

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