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Yolanda Fleta: “La educación alimentaria también forma parte de la educación de los más pequeños”

 

Para Yolanda Fleta, socióloga e investigadora del coaching en el ámbito de la nutrición y la salud, está en nuestras manos “la responsabilidad y la posibilidad de empezar a hacer cambios que nos acerquen a la alimentación y la vida que queremos tener”. En 2008 fundaba junto al dietista-nutricionista Jaime Giménez Nutritional Coaching, una consultoría especializada en el ámbito de la nutrición y la alimentación, formada por un equipo de profesionales que provienen de diversas disciplinas (nutrición, sociología, psicología, deporte, alta cocina, biología, psicopedagogía, coaching y medicina), precisamente para ayudar a quien lo desee a hacer realidad esos cambios de hábitos. Ahora acaba de publicar ‘Coaching nutricional para niños y padres’ (Grijalbo), escrito a cuatro manos junto a Jaime, para que padres y madres tomen conciencia de qué estrategias están usando, qué utilidad han tenido y qué cambios pueden hacer para repercutir en que todos en casa coman mejor.

 

Os lo preguntáis en el libro, pero te vuelvo a hacer la pregunta: ¿Qué puede hacer el coaching nutricional para ayudarnos en la alimentación de los hijos?

Lo que puede hacer es ayudar a los padres a que se sientan capaces y con ganas de liderar el proyecto de cambiar hacia una alimentación más saludable, no solo respecto a sus hijos sino a toda la familia. El coaching puede ayudarnos a tomar conciencia de qué estrategias estamos usando, de qué utilidad han tenido para lograr nuestro propósito y de qué cambios podemos hacer para repercutir en que todos comamos mejor. La idea es poder reflexionar acerca de donde estamos y dónde nos gustaría estar en relación a nuestra alimentación y nuestro estilo de vida, y ganar confianza para poder hacerlo.

El coaching también nos ayuda a ser más conscientes de los motivos por los cuales queremos cambiar, haciendo que el hecho de comer de forma saludable sea una elección propia, y no que lo veamos como una obligación. A nadie le gusta que le prohíban cosas; cuando te prohíben, te rebelas. Si piensas que estás eligiendo, y que estás haciendo renuncias conscientes porque quieres, no sentirás esa necesidad de rebelarte.

Muchos padres verán en el listado de alimentos malsanos cosas tan integradas en nuestro día a día como las galletas, la margarina, el pan de molde o los zumos y se echarán las manos a la cabeza. ¿Cómo es posible que hayamos normalizado tanto determinados alimentos en nuestra dieta? Porque sólo hay que ver las meriendas a la salida del cole…

Los hemos normalizado porque nos los han vendido hasta la saciedad. La industria alimentaria y la publicidad de sus productos están muy presentes en nuestras casas. Entran diariamente varias veces en nuestros hogares a través de los diferentes dispositivos (televisión, ordenador, teléfono…) lanzándonos mensajes acerca de padres y madres felices de darles a sus hijos el producto en cuestión, ya sea una chocolatina, unas galletas o una bebida azucarada. No es raro que tu hijo te pregunte por qué no le compras ese producto que en la tele están diciendo que es tan bueno para la salud, rico en calcio y vitaminas. Ahí es cuando desde pequeños podemos aprovechar para desarrollar el espíritu crítico en nuestros hijos y de paso reforzar el nuestro. Igual que tú no te crees que la crema anticelulítica va a acabar con tu piel de naranja en una semana, ¿o sí te lo crees?, ellos deben saber que no todo lo que aparece anunciado en la tele es cierto.

Otro motivo es que los padres les dan este tipo de alimentos a los niños porque se los comen sin rechistar y a algunos padres ya les va bien así. Les importa que su hijo coma, sin valorar la calidad de lo que se come. Aquí quizás los adultos no son conscientes de que la educación alimentaria también forma parte de la educación de los más pequeños.

Por cierto, ya que he mencionado las galletas, me sorprende mucho que cuando saltaron las alarmas recientemente por el aceite de palma, muchos padres muy preocupados por la salud de sus hijos se lanzaron a buscar galletas sin aceite de palma pero no se han parado a pensar en el alimento en cuestión que le dan a sus hijos… ¿Cómo hacerles “ver” esto?

Periódicamente vivimos crisis alimentarias que nos hacen llevarnos las manos a la cabeza. Cuando los medios se hacen eco nos sensibilizamos durante un tiempo y luego volvemos a lo mismo. Sí es cierto que muchos padres prestaron atención al contenido en aceite de palma, buscando productos alternativos, pero es curioso porque casi nadie preguntó por el contenido de azúcar u otros aceites que pueden ser igual o más peligrosos que el de palma. En definitiva, puede ser que los padres no dispongan de información suficiente y vayan a golpe de pito: ahora suena esta alarma, evitan estos alimentos, luego aparece otra y modifican otra cosa. Pero todo ello sin prestar una atención global sobre los alimentos que les facilitan a sus hijos.

La labor de los padres es ofrecer una gama amplia de alimentos saludables a sus hijos para que ellos puedan elegir entre diferentes opciones. Mi voluntad es la de mantener una actitud proactiva con mi alimentación y la de mi familia; eso es lo que fomenta la perspectiva del coaching nutricional. Está en nuestras manos buscar fuentes de información fiables, consultar con un dietista-nutricionista si tenemos dudas acerca de qué alimentos son saludables y cuáles no, no dejarnos llevar por las modas que entronizan a ciertos alimentos o criminalizan a otros, y saber interpretar las etiquetas nutricionales es básico. Tampoco pretendo criminalizar a los padres que no saben o no pueden hacerlo así. Cada uno lo hace lo mejor que sabe o puede, y entrar en territorio de la culpa no ayuda, sino que genera más frustración y malestar. Eso no significa que no esté en nuestras manos la responsabilidad y la posibilidad de empezar a hacer cambios que nos acerquen a la alimentación y la vida que queremos tener.

 

 

Presencia, tiempo y calma

Me decía el nutricionista Julio Basulto en esta entrevista que “entre las cosas que más influyen en la alimentación infantil está el poco tiempo que le dedicamos a los niños”. ¿Somos padres poco presentes?

En el libro lo decimos, tu hijo no necesita un padre y una madre perfectos, sino padres amorosos y que estén presentes. En muchas familias eso es lo que falta: presencia y tiempo con los hijos. Nos quejamos del uso que hacen los pequeños, y no tan pequeños, de las pantallas, cuando a menudo esos dispositivos están supliendo el tiempo que no les estamos dedicando. ¿Dónde estás tú o qué estás haciendo mientras ellos juegan a la Wii?

Vivimos en una sociedad altamente competitiva y consumista que nos ha hecho creer en la necesidad de buscar fuera, en el terreno profesional, la realización personal. En ocasiones ese viaje en busca del éxito finaliza en la toma de conciencia de que en realidad lo que quieres y necesitas para ser feliz es más tiempo para estar contigo mismo y con tu familia. Cada vez hay más padres y madres que ponen en perspectiva sus proyectos profesionales, otorgándoles la prioridad y el significado relativo que tienen en sus vidas. Ese contrato que quieres cerrar o el reconocimiento por tu trabajo es importante, pero no lo es más que el tiempo que pasas acompañando a tu hijo a su partido de baloncesto, por ejemplo. Y estoy completamente de acuerdo con Julio en el hecho de que cuanto más tiempo le dedicamos a los niños, mejores decisiones tomamos al respecto de su alimentación.

Puede que haya padres que no vean que la alimentación de sus hijos necesite un cambio porque tampoco creen que la suya propia lo necesite. Quiero decir, he observado que hay personas que creen que se tienen buenos hábitos alimentarios, aunque no sea así, y ese modelo de alimentación se lo trasladan a los hijos. ¿Deberíamos empezar por pararnos más a pensar cómo comemos los adultos?

Para cambiar hay que querer hacerlo. Si tú consideras que no estás haciendo nada mal, no vas a querer cambiar. Por supuesto, parar y darse cuenta es el primer paso. La introspección y toma de conciencia es uno de los principios del coaching. El libro es un recurso para que los padres, de forma honesta y amable, reconozcan cuáles son los comportamientos dentro de la familia que les llevan a tener hábitos pocos saludables y puedan sustituirlos por otros más sanos. Y no solos deberíamos pararnos a pensar acerca de lo que comemos, sino también al tiempo que pasamos mirando pantallas, a la actividad física que realizamos, al tipo de ocio que frecuentamos, a cómo nos comunicamos… En general, al estilo de vida que adoptamos como familia, ya que tiene mucho que ver con la alimentación que llevamos los adultos y los niños.

 

 

Puesto que el papel del entorno también es importante pero escapa muchas veces de nuestro control, proponéis una herramienta que llamáis ‘Aliados vs. Saboteadores’ a través de la cual podemos preguntarnos acerca de quiénes son unos y otros, y cómo nos ayudan o nos entorpecen en el camino hacia una mejor alimentación. Qué difícil cuando lo saboteadores crecen en número e impactos…

Sí, es cierto que el entorno es un pelín hostil. No vivimos en “saludibilandia” precisamente. Desde los anuncios de la tele, pasando por las opciones que traen los amiguitos del cole, y acabando por las abuelas, entre otros factores del entorno. La verdad es que son muchos más los inputs que recibimos al día que nos invitan a comer de forma poco saludable que los que nos fomentan lo contrario. Sin embargo, el coaching te ayuda a ver que todos esos elementos están fuera de tu control. No los dominas tú, están fuera de tu círculo de influencia. Lo que tú sí dominas es cómo respondes a ese entorno. Cada vez que abandonas tu idea de comer saludablemente echándole la culpa al entorno, estás saliendo de tu círculo de influencia y entrando en territorio del círculo de preocupación. No decimos que de vez en cuando no vayamos a hacerle una visita a esa zona: entras, te lamentas un rato por la falta de apoyo, o por lo difícil que te lo ponen para hacerlo bien, y vuelves enseguida a tu círculo de influencia para actuar desde allí. En ningún caso te quedas acampado en el círculo de preocupación, esperando que las cosas cambien por sí solas.

Además, sabiendo que en el entorno de los niños también estamos los padres, es muy importante que nosotros nos situemos en el bando de los aliados, no de los saboteadores y actuemos como mejor sepamos y podamos, siendo un ejemplo para ellos. En nuestro círculo de influencia se encuentra el decidir y marcar donde están los límites y mostrárselos a nuestros hijos, o a quien corresponda, cuando sea necesario. Por otro lado, acostumbramos a ver rápidamente a los saboteadores, pero nos cuesta ver a los aliados. Búscalos, también los hay y te harán sentir acompañado. Por ejemplo, cada vez somos más los padres que ofrecemos opciones saludables en los cumpleaños de nuestros hijos, y es una maravilla ver cómo los niños disfrutan de la fiesta y comen fruta en lugar de, o además de, golosinas.

 

 

Comer como acto social

Eres socióloga de formación, ¿ha habido un cambio significativo a nivel social en lo que se considera una alimentación saludable?

La alimentación es un acto que lleva a cabo la persona de forma individual pero condicionada por el contexto social en el que vive. Por ello la alimentación va evolucionando a la par que también lo hace la sociedad en la que se practica. Lo que para nuestros abuelos se podía considerar comida sana puede no serlo ahora. Lo que durante los años 90 se consideraban alimentos sanos porque eran “de dieta”, los desnatados o light, por ejemplo, ahora se miran con recelo.

Las investigaciones en el campo de la sociología de la alimentación afirman que uno de los efectos de la globalización alimentaria es un consumidor confuso al elegir qué comprar y qué comer, y preocupado por la seguridad y el riesgo de los alimentos. La sensación de riesgo es debida, en parte, a la distancia que puede llegar a haber entre el productor y el consumidor hoy en día. La cadena agroalimentaria, el proceso que lleva un alimento desde su origen hasta su comercialización, es cada vez más compleja, alejándonos cada vez más de los alimentos y consumiendo más “productos”, es decir, alimentos que han sido procesados, manipulados y transformados para cubrir una demanda del consumidor.

El mercado ha ido evolucionando ofreciendo al consumidor nuevas opciones: los alimentos funcionales, esos que supuestamente aportan una mejora para la salud; los de tercera gama, es decir los congelados y ultracongelados, y los de cuarta gama, frutas verduras y hortalizas, peladas y envasadas, listas para cocinar o consumir . En la actualidad, esa realidad persiste, pero convive con la tendencia de apostar por lo que llamamos real food, comida real, la que no ha sido procesada ni envasada, mejor si es comprada directamente al productor; que por cierto, era la que comían nuestras abuelas y abuelos. El ahorro de tiempo para el consumidor fue lo que llevó a la industria a crear y ofrecer esos nuevos productos, (funcionales, envasados,…) sin embargo, ahora las personas estamos aprendiendo a utilizar ese recurso, preciado y escaso, que es nuestro tiempo para emplearlo en las cosas que son verdaderamente importantes, como es el cuidado de nuestra salud, de nuestra alimentación y las relaciones con las personas a las que queremos.

¿Cómo influye nuestra cultura en la alimentación de los niños?

Pues la cultura o el ambiente o entorno en el que vivimos, influye tanto a niños como a mayores. Si vives en la ciudad, te habrás dado cuenta de que el ambiente urbano es altamente obesogénico. Este ambiente, en su mayoría, pone a tu disposición una gran cantidad de comida de baja calidad nutricional y te ofrece pocas oportunidades de practicar ejercicio físico, ya que normalmente las distancias no se recorren a pie, sino en vehículos motorizados. Son pocas las ciudades que han adaptado sus calles para que haya alternativas saludables en el desplazamiento, como es la bicicleta. Y más allá del acondicionamiento de las vías, es necesario un cambio de mentalidad en los usuarios y una apuesta firme por parte de los gobiernos para que las ciudades se conviertan en “ciudades amigas de las bicis”.

“Comer en compañía socializa, comer solo animaliza”. ¿Cómo contribuir a crear un ambiente armonioso y hacerles partícipes de las comidas en familia?

Esta es una frase que suele decir Jaume Giménez a menudo en las formaciones que impartimos a nutricionistas y tiene un gran impacto ya que todos nos vemos identificados en esa escena que seguramente todos hemos vivido en la que te pareces más a un animal devorando comida que a un ser humano que está disfrutando tranquilamente de su plato. En lo que respecta a hacer partícipes a los niños, a menudo pensamos que los pequeños no pueden entrar en la cocina ni manipular alimentos. Esto un error porque con las precauciones adecuadas sí pueden hacerlo. Los niños que muestran interés y se implican en la selección de los alimentos, bien en el momento de la compra (hay que enseñarles a moverse por mercados y centros comerciales), bien en la cocina, tienen hábitos alimentarios más adecuados. Después una vez sentados ya en la mesa, hay varias formas de crear un ambiente armonioso y de hacerles partícipes. Lo primero, es comer sin tele, ni móviles, ni demás pantallas. Lo siguiente es tener la voluntad de comunicarte con los demás.

Escucharlos con atención. Si no estáis acostumbrados a compartir vuestras cosas, es posible que os cueste al principio. Toma tú las riendas y empieza compartiendo algo. También puedes invitarles al juego de “dar las gracias”. Se trata de que cada miembro dé las gracias por tres cosas positivas que le hayan pasado en ese día o en el día anterior. Pueden ser cosas sencillas, no es necesario grandes logros, pero es un ejercicio que genera un ambiente maravilloso. La gratitud se ha convertido en ciencia, la ciencia de la gratitud, desde que los psicólogos de la línea de la psicología positiva la han empezado a aplicar y a estudiar, comprobando sus efectos beneficiosos en quienes la practican: optimismo, entusiasmo, vitalidad, esperanza, entre otros.

 

 

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Diana Oliver

Diana Oliver

8 comentarios

  1. Me encanta la entrevista, amiga. Y estoy seguro de que a ti misma te habrá venido bien para paliar un poco nuestras crisis de entorno obesogénico. Esconde tantos titulares que no sabría con cuál quedarme.

    • Ay, no te creas que estoy yo más tranquila… La verdad es que me he relajado y me he resignado con el tema pero sigo espantada con el tema entorno, cole, vida social. Y aún quedan las navidades…

  2. Me encanta el artículo, enhorabuena. Os voy a contar algo que os va a sorprender: vivo en Alemania desde hace 5 años y en los cumples de los niños suele haber ‘crudités’ cortadas en palitos: zanahora, pepino, pimiento, rabanitos… y vuelan de los platos! Igualito que en España, que lo primero que desaparece son los gusanitos y el pan de molde con Nocilla… jaja

    • ¡Vaya Roseta! Es fantástico lo que cuentas. La verdad es que aquí queda mucho por cambiar en ese sentido pero aún somos muy pocos los que hacemos cumples más del estilo a los que cuentas de Alemania :_(

  3. Para mí el objetivo es que dentro de 50 años mis hijos no puedan soltar así como así eso de “pues los foskitos se han merendado de toda la vida y nunca ha pasado nada. Y mira, yo estoy bien”.

  4. Muy buen artículo, muchas gracias. En casa intentamos consumir comida sana y de calidad, pero es cierto que es más cara y no está al acceso de todo el mundo.

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