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El día que cambié mi bolso por una mochila

 

La vida es un cambio constante. La maternidad, con su cansancio más arrollador y su demanda gigante, es la manifestación más brutal de ese cambio. Es un “todo lo que nunca pensaste que harías” y, sin embargo, ahí estás, dejando espacio a otra versión (más) de ti misma. ¿Tenemos capacidad para aceptar los cambios de la maternidad?

 

Decía Virginia Woolf que “el crepitar de la olla en la lumbre o el llanto desesperado de un bebé son distracciones domésticas que impiden que una mujer desarrolle su talento”. ¡Boom! Pero, ¿qué es el talento? ¿No es acaso tener la capacidad para el desempeño de algo? Para mi querida Pilar y para mí, el talento está en perder el miedo a que estalle la olla exprés. Ambas acabamos llevando a la lumbre aquel cacharro peligroso como si estuviésemos haciendo prácticas de artificieras. Siempre decimos que no te conviertes en madre “de verdad” hasta que usas la olla exprés por primera vez.

Hace casi cinco años que me convertí en madre (en realidad, alguno más de mi estreno con una olla exprés). Los mismos que han pasado desde que cambié mis bolsos por mochilas. Grandes o pequeñas, de colores o básicas, pero en ellas siempre llevo lo mismo: mi monedero, las llaves, el móvil y un arsenal de supervivencia compuesto por agua, pañuelos de papel, fruta, frutos secos, pañales, toallitas y crema pañal (la de Weleda, que nos ha acompañado desde que Mara nació y de la poca cosmética que hemos usado). Ahora pienso que quizás el verdadero momento en el que te conviertes en madre sea cuando guardas todos los bolsos y comienzas a llenar mochilas de “por si acasos” que no son para ti. Para eso sí que hay que tener talento.

Porque las cosas cambian

También hay que tener talento para acomodarse a los cambios. Llevo toda la vida intentando cambiar cosas de mí; unas con razón porque no me gustaban, otras, empujada por el beneplácito social y familiar. Soy un rompecabezas, aunque mi esencia se resista a doblegarse. ¡Qué valiente! La propia vida también nos cambia, supongo que por eso sabemos que estamos vivos. No puedes vivir sin cambiar, pero hay que tener el talento para aceptarlo.

La maternidad, con su cansancio más arrollador y su demanda gigante, es la manifestación más brutal del cambio. Es un “todo lo que nunca pensaste que harías” y, sin embargo, ahí estás, dejando espacio a otra versión (más) de ti misma. Una versión con otras prioridades, otros temas de conversación, otras inquietudes, otras necesidades, otros miedos. Te encuentras con otro físico, uno devorado por unas ojeras infinitas y un ombligo que no ha vuelto a su sitio.

Ahora, en el mismo armario te cabe la ropa de invierno y de verano. Entonces te das cuenta de que has conseguido sacar un poco el pie del “materialismo tiránico” que tan bien define Jane Lazarre en El nudo materno. Ya no hay cambios de armario con alma fast fashion. Ahora eres más libre, más práctica. Lo ves incluso en el mueble del baño en el que has dejado de acumular sombras de colores que nunca te pones y en el que ahora apenas hay una crema de caléndula para todos y cepillos de dientes de bambú en lugar de paquetes de 3X2. La nevera y la despensa son una buena muestra de tu propósito de vida sostenible y saludable.

No siempre es fácil aceptar los cambios, vivirlos, y hacerlos tuyos. A veces no sabes si eres el doctor Jekyll o eres Mr. Hyde. Intentas vivir como piensas, ajustándote a esa proyección de lo que quieres ser, pero cada cinco minutos te conviertes en un ser incoherente. ¿Acaso no lo somos todos? Las circunstancias, los acontecimientos, las elecciones, forman parte de nuestra metamorfosis, esa que se manifiesta en el paso de un bolso a una mochila.

 

 

¿Qué pensáis? ¿Habéis cambiado muchas cosas? ¿Qué opináis de los cambios de la maternidad?

 

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Diana Oliver

Diana Oliver

4 comentarios

  1. Olé! Acabas de poner palabras a estos últimos dos años y medio. Me siento identificada desde la primera palabra hasta la última; y qué bueno es saber que no eres la única que se siente así entre cientos de madres con manicuras perfectas y vestidas al último grito que te miran con displicencia. Gracias por ser tan sincera!

  2. Esta noche justamente me he acordado de ciertas barbaridades que decía sobre la maternidad antes de haberme planteado el tener hijos. Es curioso ver como cambian las cosas, como acabas convirtiendote en algo que jamás pensaste que serías, al menos en mi caso. Un solo niño de poco màs de año y medio ha desmontado nuestro día a día, nuestros fines de semana y nuestras “vacaciones”. Tal vez sea el aislamiento por estar en un país en el que todavía no dominamos el idioma, el agotamiento o la falta de familia y amigos, pero el cambio que hemos notado ha sido brutal. Esperemos que el tiempo ayude a recomponer, aunque sea solo un poquito, este rompecabezas personal.

    • Ay, como entiendo lo que dices. Yo también pensaba de una forma completamente diferente. Después llegó Mara y ¡zas! Tuve que guardarme en el bolso todas las cosas que dije 🙂

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