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Pilar Cámara: “Todavía hay un tabú gigantesco en torno a la maternidad”

 

Hablar de Pilar Cámara es para mí como hablar de una hermana gemela. Como si la oveja Dolly hablara de su clon. Es aquella hermana que nunca tuve pero que tanto necesité en mi infancia. Por suerte, el destino nos cruzó en el camino en la universidad hace ya unos cuantos años, cuando ya llevábamos unos cuantos cursos de Periodismo. Y me siento muy afortunada y agradecida por ello, porque además de tener a mi lado a una mujer que nunca me ha soltado de la mano, he podido aprender muchas cosas de ella. Infinitas. Y eso me ha hecho crecer tantas y tantas veces que no tendría vida suficiente para agradecérselo.  Madre, periodista, cofundadora de Blue Bird Comunicación y de Murray Magazine y autora de Rouge, Pilar Cámara ha participado recientemente en Discípulas de Gea de Inventa Editores, un libro colaborativo que une a 36 mujeres con “ganas de hacer de este mundo de mierda un lugar mejor, a través del arte”.

 

Participas en el libro Discípulas de Gea (Inventa Editores) con varios poemas. ¿Cómo surge la idea de un libro colaborativo entre 36 mujeres?

La idea es de Juan Trenado y de Iván Casuso, de Inventa Editores. Contactaron conmigo a finales de 2016 (es increíble lo rápido que pasa todo) para ofrecerme colaborar en un proyecto feminista, colectivo y solidario, realizado únicamente por mujeres artistas y, por supuesto, no pude decir que no. Sobre todo, porque sus beneficios van a ir destinados íntegramente a víctimas de la trata y la explotación sexual, a través de la asociación Guada Acoge.

Para financiar su publicación se optó por el micromecenazgo. ¿Es complicado lanzar este tipo de trabajos al mercado literario?

Justo antes de la presentación en Madrid de Discípulas de Gea el pasado 1 de diciembre, tuve la oportunidad de entrevistar a Iván Casuso y me comentó que se había elegido el crowdfunding por ser la manera más coherente con el sentido del proyecto. Es decir, el reflejo de la fuerza colectiva, de ese “people have the power”, de Patti Smith, que aparece en la contraportada de la obra, que también por su financiación es de todos y todas. De todos modos, y centrándome en tu pregunta, sin ser editora -¡ojalá!, es un sueño por cumplir- creo que sí es muy, muy difícil. Especialmente, este libro, con un formato tan cuidado, ilustraciones, color… Los gastos de edición e impresión deben ser brutales.

¿Qué te llevó a elegir los cinco poemas que forman parte de Discípulas de Gea? ¿Qué representan para ti en este Discípulas de Gea?

Son cinco poemas que, en realidad, conforman un todo, en el que la culpa se entremezcla con la muerte y con la incapacidad de dar vida. Esa culpa que se nos carga a la espalda desde niñas, esa vergüenza que nos provocan nuestros cuerpos cosificados. Y la muerte, triunfadora, enfrentándose con la posibilidad rota de ser madre. Es curioso, porque cuando tuve el libro entre mis manos y me releí me sentí muy yo, pero un yo muy lejano.

 

discípulas de Gea

 

Mujeres

La fotografía, la poesía, la ilustración, el relato… cada una de vosotras aporta una forma de expresión a este ambicioso proyecto. ¿Cómo conseguir que ese intenso diálogo no pactado cobre sentido?

Lo curioso es que no nos dieron indicaciones ni pautas. Nos dieron libertad casi absoluta y lo cierto es que, tal y como se habló en la presentación de Madrid, al final todo ha cobrado sentido. El arte, el amor, la maternidad, la libertad, la familia, los sueños, las pretensiones, Gloria Fuertes, Frida Kahlo, Sylvia Plath… De alguna manera todo eso está en nuestro imaginario colectivo y es inevitable que salga.

¿Cuál dirías que es el punto en común que compartís cada una de las 36 mujeres que habéis participado?

Sin duda, el feminismo. Es decir, las ganas de hacer de este mundo de mierda un lugar mejor, a través del arte.

¿Se reconoce y valora la capacidad de creación de las mujeres?

Se dice poeta es un documental maravilloso de Sofía Castañón, en el que más de 20 poetas (mujeres) hablan sobre la creación, la difusión, la crítica y la recepción de su poesía. El título hace referencia a que no les gusta que se les llame poetisas. O, mejor todavía, a que ojalá no hiciera falta puntualizarlo. ¿Por qué un hombre hace literatura y una mujer hace literatura femenina? ¿Por qué recientemente la revista Glamour frivolizó con el suicidio de Sylvia Plath, incluyendo un horno como parte de su look? ¿Por qué el editor de Visor declaro que “la poesía femenina en España no está a la altura de la masculina”? ¿Por qué yo, con estos oídos, he tenido que escuchar que Fulanita sí que es buena poeta de verdad, porque vende y complace a la crítica sin estar buena? ¿Por qué es noticia que en los premios Gaudí se haya pasado de 23 por ciento a 40 por ciento de nominaciones a mujeres? Con todo esto, creo que todavía queda mucho camino para lograr ese reconocimiento. Pero en ello estamos. Mujeres hablando de mujeres y solidarizándose con mujeres.

 

 

La unión hace la fuerza

Comentas al principio que el 40 por ciento de las ventas está destinado al programa ‘Trata y explotación sexual’ de la asociación Guada Acoge. ¿La unión hace la fuerza también en esto?

Sin duda. El problema, creo, es que todavía no somos muy conscientes de lo poderosos que podemos llegar a ser. Como decía Galeano, “mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.

“Todos soñamos con lo que puede llegar a pasar a través de nuestra unión. Podemos girar el mundo”. Imposible también no citar estas palabras de Patti Smith que aparecen en la contraportada porque creo que resumen perfectamente lo que es este proyecto colectivo.

El problema al que nos enfrentamos es que no sabemos ver que sí podemos cambiar el mundo, que sí está en nuestras manos y en nuestras almas, pero, a veces, nos puede el tedio, el conformismo. El sistema ha sabido hacerlo muy bien para que pongamos el foco en lo que de verdad no importa.

Dice Ana Ongil en el epílogo del libro: “Todas saben que necesitan crear para existir, que existen porque crean”. Habéis demostrado que hay muchas formas de “crear”. ¿Esto también es feminismo?

Pienso que sí, porque la creación puede cambiar el mundo. O, al menos, tu mundo. Y el feminismo no es más que la búsqueda de un mundo más justo, más igual.

¿Qué crees que le falta al feminismo de hoy?

¡Qué pregunta tan difícil! Quizá el ser consciente de que se puede ser feminista activista desde muchos frentes diferentes y que ninguno es mejor que otro.

 

 

Maternidad y creación

La vida y la muerte están presentes en Discípulas de Gea, y en tus poemas. También la maternidad. ¿Imposible entender un libro así sin ella?

Cuando se trata de un libro creado únicamente por mujeres es inevitable que aparezca la maternidad. Nos han educado para ser madres desde pequeñas y es imposible que no nos cree un conflicto, ya sea por no querer ser madre o por querer serlo sin lograrlo o por serlo y que sea lo esperado o tantas y tantas situaciones, tantas como mujeres. Todavía hay un tabú gigantesco en torno a todo esto y para eso, para salvarnos de lo que no se habla, aparece el arte.

Dices en este artículo que “estamos rompiendo tabúes con las palabras, rasgando el silencio que hiere, en el último tramo de una época oscura en la que de no se hablaba de ciertas cosas, que ahogaban”. ¿Hasta qué punto es importante desidealizar en la maternidad?

Creo que es importantísimo desidealizar el amor en general. Nos han enseñado que hay que amar 24 horas, los siete días a la semana, los 365 del año de todos los años de nuestra vida. Y yo creo que eso es insostenible. No se puede amar sin descanso ni a los hijos ni a la pareja ni a la familia ni a los amigos, ni siquiera a una misma. Todos necesitamos parar, tomar aire y respirar para poder seguir amando. Las mujeres, además, cargamos en nuestra espalda la responsabilidad de los cuidados y si nos sentimos mal cuidando nos sentimos mal con nosotras misma. Lo cierto es que el capitalismo y el patriarcado lo siguen haciendo muy bien.

 

discípulas de gea

 

¿Estamos preparados como sociedad para aceptar esta ruptura con lo establecido?

Estamos empezando a estarlo. Estamos empezando a dar los primeros golpes para romper el tabú. Estamos empezando a alzar la voz. Estamos empezando a ver y, sobre todo, a aceptar que ni el amor es el de los cuentos de hadas ni la maternidad es la de los anuncios de Dodot. Y lo estamos haciendo juntas, comprendiéndonos unas a otras, abrazándonos con las palabras. Me parece un momento maravilloso. Queda camino, pero maravilloso.

Ni el amor es el de los cuentos de hadas ni la maternidad es la de los anuncios de Dodot.

Escribe Carolina del Olmo en Dónde está mi tribu que es acertado que dejemos de fingir que todo es estupendo en la maternidad pero se plantea por qué tenemos que dar por sentado que los “malvivires” sean consustanciales a la maternidad. “¿No será acertado considerarlos efectos perversos de las inapropiadas condiciones que nuestra civilización impone a madres, padres y niños?”, se pregunta. ¿Qué opinas? ¿Influyen las condiciones que nos rodean en nuestra manera de vivir la maternidad?

Claro que influyen, comenzando por este sistema injusto en el que se nos exige ser madres, unas profesionales excelentes y estar buenas. Luego están las ridículas bajas por maternidad, el individualismo feroz en el que vivimos, la autoexigencia y, muchas veces, una soledad honda, difícil de canalizar.

Por último, antes de Discípulas de Gea, pudimos leerte en Rouge; un poemario tan bello como doloroso que hace que se te encoja el corazón. Recuerdo que en su presentación agradeciste a tus padres que nunca hayan censurado los libros a los que tenías acceso. ¿Hasta qué punto es importante esto para nuestras hijas? ¿contribuye a generar un espíritu crítico y seguir rompiendo tabúes relacionados con la mujer?

Es cierto, en mi casa nunca hubo libros prohibidos. La solución no es prohibir u ocultar, sino acompañar. Los niños son mucho más empáticos y comprensivos de lo que creemos y, a veces, sólo necesitan que les agarremos la mano. Si nuestras hijas crecen sabiendo que no hay una maternidad, la de los anuncios de pañales, sino que hay tantas maternidades como mujeres, esa soledad no será tan honda. Ojalá.

Si nuestras hijas crecen sabiendo que no hay una maternidad, la de los anuncios de pañales, sino que hay tantas maternidades como mujeres, esa soledad no será tan honda.

 

 

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Diana Oliver

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