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El arte de vivir a medias

 

Pese a lo afortunada que me siento, muchas veces no puedo evitar tener la sensación de vivir a medias. Lo queremos todo y lo queremos bien pero, ¿se puede?

 

Me siento muy afortunada y soy más feliz ahora que nunca. Tengo un compañero de viaje increíble con el que continúo sumando kilómetros y dos polizones preciosos que se han colado en nuestro viaje. Estamos sanos, tenemos techo y a nuestro lado, personas que suman. Para colmo tenemos un trabajo que nos encanta, que nos permite vivir y que nos facilita enormemente organizarnos a nivel familiar.

Sin embargo, pese a todo, son muchas las veces en las que tengo la sensación de criar a medias, cocinar a medias, limpiar a medias, hacer deporte a medias, trabajar a medias. Vivir a medias. Tal vez sea porque el día no tiene suficientes horas para permitirme hacer todo lo que a mí me gustaría. O, si no todo, al menos que lo que haga pueda hacerlo de manera más consciente. Sin que el estrés, las prisas y las carreras tomen la batuta de mis días. O tal vez sea que tengo una lista de “cosas importantes” demasiado grande y que si la acortara todo sería más fácil. O tal vez es que somos unos inconformistas de manual. El caso es que cuidar, criar, trabajar, practicar “marujismo”, mantener un mínimo de tiempo de ocio, deporte y conversación, y todo al mismo tiempo, se ha convertido en todo un arte digno de ocupar una sala en el Reina Sofía. Lo queremos todo y lo queremos bien.

El arte de vivir a medias

Decía Cecilia Jan en este artículo publicado el pasado 20 de agosto que “muchas veces no conseguimos quitarnos el chip de la productividad, y nos sentimos en la obligación de hacer cosas que, aunque no nos apetezcan ni pizca, nos parecen importantes para la supervivencia familiar, como poner lavadoras o hacer la lista de la compra”. Y me sentí plenamente identificada con esa sensación porque mi cabeza pasa el día maquinando qué es lo siguiente por hacer.

Me he convertido en una mujer multitarea capaz de ejecutar al mismo tiempo cientos de programas. Por un lado, necesito tener mi memoria RAM en funcionamiento recordándome la siguiente tarea pendiente (la memoria y la agenda, porque de ser por la primera no llegaría a recordar prácticamente nada) y, por supuesto, con la intención de finiquitarla cuanto antes. Esto hace que tenga una sensación permanente de “tengo que…” haga lo que haga y esté con quien esté. Por otro lado, me produce cierta pesadumbre y culpabilidad hacer muchas veces las cosas así: a la vez, tan rápido, tan a golpes. Y al final me queda cierta sensación de hacerlo incompletamente, sin poder pensarlo mucho ni saborearlo. ¡Zas!

Así que, pese a que me encantaría que no fuera así, tengo muchísimas conversaciones de WhatsApp a medias y grupos por los que apenas puedo pasar a saludar (supongo que todos pensarán que soy una rancia de mucho cuidado o que paso completamente cuando no hay nada más lejos de la realidad), juego con mis niños mientras voy y vengo a la cocina para hacer la comida o la cena o tiendo la lavadora o paso la fregona, vamos al parque con mi cuerpo y la mitad de mi cerebro (a la otra mitad la hemos dejado pensando en los correos que tendrá que mandar después), y atesoro un listado de cursos, proyectos, posts y reportajes que, aunque me encantaría poder hacerlos realidad algún día, por el momento se esconden tras la vorágine del día a día. Agazapados, sin atreverse a a asomar ni un pelo, junto a los libros que abandoné hace meses con una página marcada y las ganas de retomarlos. Supongo que es parte del arte de vivir como muchas veces siento que vivo, a medias.

 

¿Qué opináis vosotros? ¿Alguna vez habéis tenido o tenéis la sensación de vivir a medias?

 

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Diana Oliver

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25 comentarios

  1. Así es mi día a día. Mil cosas en la cabeza, intentando hacer todas y al final creo que lo hago ni la mitad. A veces no me da tiempo ni de apuntarlo en la agenda porque de camino a cogerla se me olvida lo que iba a apuntar. Pero como te dije el otro día, muchas veces somos nosotras las que nos ponemos esa presión. El día que digo, venga, hoy no importa si no hago esto o lo otro, todo fluye mejor pero el día que quiero llegar a todo, al final el que lo paga es el peque y me voy a la cama con la sensación de no haber hecho absolutamente nada. A veces me encantaría ser monitoreado, sería todo mucho más fácil pero mi cabecita no piensa lo mismo y no para de pensar mil cosas. Qué duro y que bonito a la vez es ser madre. Un besote.

    • Ay, así es 🙂 Yo no puedo parar de pensar mil cosas, tal cual lo cuentas. Esa sensación horrible de sentir que “no has hecho nada” o que no te ha cundido. O qué sé yo. Me encantó verte por partida doble el sábado. Abrazo enorme.

  2. Ayyy Diana qué bonito es leerte y oye, que haces que me sienta un poco menos rara, que a veces llore sintiéndome un poco menos sola en esto de sentir que no llego a nada y todo me sale a medias!!!
    Te juro que lo intento, disfrutar esas noches que la niña se duerme a la primera, que entro en la cocina, miro todo lo que debería hacer y me voy corriendo al salón a sentarme con los pies en alto porque vuelvo a estar embarazada y de verdad, que estoy muuuuyy cansada. Pero no puedo relajarme. Mi cabeza no me da tregua. Y me agobio por todo lo que debería estar haciendo y no hago. Y no descanso. Y no puedo concentrarme en ese libro que empecé hace meses. Tampoco saco la plancha,ni me aliso el pelo. Y miro al padre de la criatura que está embelesado mirando El Marca y ha conseguido leer sin importarle nada. Y yo, yo es que no puedo…Pero por las mañanas tengo una máxima, y desde que empezó el cole estoy intentando (al menos) disfrutar de mi brujita sin agobiarla con el “que llegamos tarde”. Y estoy llegando tarde al trabajo, pero me derrito cuando intenta calzarse sola, cuando quiere dar los buenos días a los pajaritos por la ventana, cuando se pone uno de mis bolsos y me dice “mami ya estoy lista, vámonos al cole”. Menos mal que con ellos todo tiene sentido, hasta salir de casa en zapatillas o con un zapato de cada color!

  3. Creo que casi todo el mundo en esta sociedad tenemos esa sensación a veces. Yo simplemente la dejo fluir. Intento vivir en el momento al 100% y hacer sólo una actividad, no más de una. Pero si, por lo que sea, hago más de una, lo sigo haciendo sin presión. ¿Por qué no? A veces vivir a medias, si se hace sin presiones, sin castigos y sin más… No esta tan mal!

    PD: En el chat de telegram no pensamos que seas una rancia. De hecho, casi todos te admiramos mucho muchísimo!

    • Ay, a mí me encantaría pero creo que siempre he llevado de serie ser multitarea jejeje 😀
      Mil gracias por tus palabras; cuánto me gustaría tener más horas en el día para hacer todo con más conciencia de lo que hago. Besazo, Marta.

  4. pues te digo una cosa, he aprendido a manejar esa sensación y disfrutar más de la vida… que en el fondo sé que se me acumulan tareas, se me llenan las listas de “pendiente”, el móvil de alarmas, lo que sea… pero si mi hija está charlatana y me monopoliza.. pues me dejo tranquilamente y disfruto del momento, porque lo quiero grabar en mi mente (y con el móvil si me deja, no nos engañemos), porque sé que pasará, y dará micha pena habérselo perdido
    ¡bss!

  5. Hola Diana!!
    Cuanto te entiendo!! He probado muchas cosas para evitar tener esa sensación, como priorizar, dejar de hacer cosas o hacerlas menos a menudo, las que me parecían + importantes dedicarles mas tiempo, compartimentar el dia y la semana para que cada tarea tenga su lugar…..al final siempre hay algo que se desborda. Y esto me ocurría cuando mi marido trabaja mil horas y también ahora que sacamos la faena de casa al 50%….. me ocurria cuando los niños eran pequeños y ahora que ya tienen 8 y 6 años…. Si es cierto que ahora todo es mas sencillo y esta sensación no es continua como antes, pero aún asi a la que me descuido, zas!
    Creo que lo que todo esto esconde es el deseo de huir del malestar, en lugar de abrazarlo y aceptarlo tal y como es, intentamos luchar contra ello para no volver a sentirlo. Es posible que esta sensación nos acompañe durante toda la crianza de nuestros hijos (por nuestra alta exigencia individual, por la sociedad que nos ha tocado vivir, por mil cosas!) pero el caso está en que podemos aprender, como tu bien dices, “el arte de vivir a medias” pero dandonos cuenta de que en realidad no estamos viviendo a medias sino mas al completo que nunca.
    Un abrazo fuerte y espero encontrar mas momentos en “mi vida a medias” para leerte.

    • Millones de gracias por comentar, Nuria. Como la gran Mónica de la Fuente dice: “A veces lo mejor es abrazar el caos”; imprescindible cuando ya no se puede más. Sabias palabras 🙂 Un abrazo enorme.

  6. La pregunta para mi es si se puede no vivir a medias😅. Yo intento centrarme en lo que estoy haciendo pero a veces la multitarea es una necesidad. Yo suelo hacer la cena con Mateo en una teta y ayudando a recoger los juguetes yponerse el pijama a Alexandra. No hay alternativa. Los dos tienen que comer y uno no va a esperar una hora a que el otro esté listo.
    Aún así intento ser menos productiva, vivir en lo que estoy todo lo que puedo y eliminar todas las tareas que puedo.
    Ánimo ya viviremos enteramente(y aburridas) en la jubilación.
    Un abrazo grande!

    • Jejejeje… No sé yo si voy a llegar a la jubilación pero tienes razón. Me ha encantado tu descripción de hacer la cena porque es como la mía 🙂 Un beso.

  7. ¡A diario! Cada minuto, cada segundo de mi vida siento que estoy haciendo una tarea y que tengo otras que debería estar haciendo también. No puedo jugar tranquila con los niños, porque me pasan por la mente todas las demás cosas que podría estar avanzando en ese momento. Y si me pongo a trabajar, pienso en que debería estar más pendiente de ellos, o de la casa y ya de mi pareja ni te cuento. Es una sensación asfixiante, agotadora. Es querer hacer mucho y pensar que al final no hacemos nada bien. Y lo peor es que no se pasa con el tiempo, que no me acostumbro a esto de vivir a medias.

    • Es complicado, la verdad. Yo no sé si es porque yo soy así o porque el ritmo de vida que llevamos. El caso es que son tantas cosas en la cabeza al mismo tiempo que… ¡Ay! Un abrazo, compañera de fatigas 🙂

  8. No es que a veces tenga esa sensación… ¡es que vivo con esa sensación! Esa manía nuestra por querer llegar a todo, y además hacerlo prácticamente perfecto algún día acabará conmigo.
    Me ha encantado leerte, porque alivia muchísimo saber que no estás sola. Y al leerte, soy más consciente de que debería acortar esa lista de prioridades, y eliminar esa especie de obligación autoimpuesta de llegar absolutamente a todo.
    ¡Muchas gracias!

    • Muchísimo ánimo 🙂 Qué difícil. Y millones de gracias por hacerme sentir que no estoy sola. Un abrazo 🙂

  9. Yo creo que esa sensación la tenemos todas las madres y padres, al menos en algunos momentos. Me imagino que el trabajar desde casa no ayuda.
    En mi caso hace un tiempo que estoy mucho más “en paz” en ese sentido, te digo algunas cosas que a mi me han ayudado:
    – Compartimentar el día, y dedicar a cada uno de esos compartimentos a lo que haya decidido, evitando interferencias. Por ejemplo, de 8 a 4 trabajo, luego recojo a las niñas, y estoy con ellas hasta las 9 que las acuesto. Luego está el rato de estar con mi chico a solas. Si ese día por ejemplo tengo además que hacer la comida / cena, pues me digo: primero bajo al parque con ellas, y a las 7 subimos, y de 7 a 7.30 hacemos la cena. Si tengo deporte, lo mismo, lo planifico y encajo en el día, y ese rato es para hacer lo que sea que haya planificado, intentando no pensar en todo lo demás que tengo pendiente o esperándome.
    – Antes me comía más la cabeza con el hecho de trabajar o estar con mis hijas. Ahora he llegado a la conclusion de que prefiero trabajar fuera de casa, ya que puedo hacerlo pero salir para recogerlas del cole o la guarde, y que eso me permita tener una persona en casa unas horas al día que nos ayuda con las tareas del hogar. Así, cuando las recojo del cole, puedo estar con ellas al 100% sin pensar en que tengo que poner la lavadora. Obviamente hay días en que es inevitable tener que hacer algo, pero normalmente esto me permite dedicarme a ellas hasta que se acuestan en los días normales. Y si me tienen que ayudar algunos días a emparejar calcetines, pues me ayudan. 🙂 Pero eso, prefiero trabajar fuera de casa y poderme permitir ciertos lujos como tener ayuda en casa, y llegar a ese entendimiento me ha dado paz mental. Es también mucho más fácil con niños más mayores que van al cole, porque por la mañana igualmente no iba a estar con ellas.
    – He reducido mis ambiciones de planes sin niñas. Antes sufría más por todo lo que no podia hacer, pero poco a poco me fuí dando cuenta de que el tiempo es escaso y hay que elegir qué hacer, y eso no iba a cambiar, así es que me centré en las cosas que más quería hacer, y dejé más de lado las otras. Esto ha hecho que sufra menos en el día a día por las cosas que no puedo hacer y disfrute de las que sí.

    Obviamente nada de esto es perfecto, tengo mis días y épocas de agobios como todos, pero en general, estoy más tranquila en ese sentido. He bajado el ritmo, mi cuerpo lo está agradeciendo, y sigo disfrutando de las cosas que para mi son imprescindibles.

    ¡Ánimo! Seguro que acabas encontrando tu equilibrio.

  10. Totalmente! Me siento así desde hace tiempo, pero antes de las vacaciones llegué a un punto en que ya no era mi mitad, si no que ya no sabía ni quién era . Así que ahora ando pensando en tomarme un tiempo sabático para reencontrarme… Aunque como tú dices, mi cerebro tiene muchos nuevos proyectos y planes que se empeñan en seguir adelante sin contar con mi cuerpo.

    • Sé que tú me entiendes, Sonia 🙂 Te diría que te tomes un tiempo sabático, pero por otro ya sabes lo mucho que me gusta lo que haces. ¡Necesitamos a vitamina D! 🙂

  11. Hola, Diana
    ¡Qué identificada me siento! Creo que alguna vez ya lo comentamos, que aunque algunos expertos digan “la lavadora puede esperar, céntrate en estar con tus hijos”, la realidad, sobre todo si muchas de las tardes está una sola (o solo) con 2 peques, es que esas tareas tienen que salir sí o sí. Así que un ratito te puedes centrar en 1 sola cosa (tus hijos), pero un rato pequeño, las cosas como son. A no ser que tengas una persona interna que te permita dedicarte en cuerpo y alma a tus hijos…
    De todos modos, al menos en lo que al ámbito laboral se refiere, tengo que confesar que cuando era autónoma tenía muchísimo más esa sensación de “a medias”, y desde que trabajo de nuevo fuera de casa, consigo concentrarme mejor. Algo bueno tenía que tener!!!
    Besazos

    • ¡Bel! Qué alegría me da leerte. Alegría porque te sientas identificada pero no me gusta que me entiendas tanto porque eso significa que lo vives parecido… ¿Sabes que llevo semanas para escribirte? Soy el mayor desastre del universo. Espero que me perdones. Beso enorme.

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