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El discurso social de la lactancia materna en la cultura del biberón

 

Una reciente entrevista a una conocida feminista ha servido para volver a sacar a debate el discurso social de la lactancia materna y su relación con el feminismo, la maternidad y la capacidad de decidir de las mujeres. Un debate que vuelve a hablar de blancos y negros, en lugar de una escala de grises para referirse a algo tan personal como la manera de afrontar la maternidad y la crianza.

 

Supongo que a estas alturas serán pocos los que, interesados por el tema de la lactancia y de las prácticas maternales, no se haya enterado de las declaraciones que Beatriz Gimeno, feminista y diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid, le hacía a la periodista Ana Requena en una entrevista en eldiario.es. La excusa era hablar de La lactancia materna. Política e identidad, un libro en el que plantea una posible visión social de la lactancia materna, y cómo influye esa visión en la propia maternidad. Como era de esperar, no han sentado bien muchas de sus afirmaciones. Unas, por avivar esa guerra inventada entre buenas y malas madres. Otras, por la falsedad de sus supuestas indagaciones en cuanto a la veracidad y validez de los estudios científicos publicados hasta la fecha acerca de los riesgos de la lactancia artificial.

Personalmente, de la entrevista me quedo con algunas aportaciones que creo que sí que nos pueden servir para reflexionar, y para conocer otra visión distinta a la propia. Comparto con ella, por ejemplo, que la lactancia materna está llena de significados. “Algunos pueden ser progresistas y unos son muy reaccionarios”, dice. Y seguramente sea así porque la lactancia materna es una cuestión muy cultural, donde habitan muchas sensibilidades y circunstancias que varían de una sociedad a otra, de un momento de la historia a otro. De una familia a otra. Sin embargo, entre otras cosas me choca que continúe afirmando algo, a mi parecer, tan paternalista como que “nos están colando discursos muy reaccionarios acerca de como criar a los hijos, del papel de las mujeres, discursos muy viejos acerca de las hormonas y lo biológico, y se está olvidando todo lo que el feminismo dijo y escribió sobre maternidad”. ¿De verdad estamos tan ciegas quienes no lo vemos? ¿Nos la “cuelan” sin que seamos capaces de tomar nuestras propias decisiones?

Lo progresista respecto a la maternidad para Gimeno “es asumir que las maternidades son múltiples y que todas son válidas, perfectas, iguales y que cada mujer la vive como quiere y como puede”. Ese “como quiere y como puede” es un buen resumen de lo que cada cual podemos hacer en función de las circunstancias que nos rodean. Un que cada cual haga lo que le dé la gana que aplaudo y comparto. Pero lo perfecto no existe. Si hay algo imperfecto es la maternidad, con sus luces y sus sombras. ¿Iguales? No hay dos maternidades iguales, ni todas son válidas. ¿Daríamos por válido el maltrato? Es una afirmación simplista y peligrosa. Como también lo es decir que “la lactancia está sirviendo para marcar el estándar de la buena y la mala madre” porque, pese a que entiendo que quiere aludir a la eterna culpa que nos persigue hagamos lo que hagamos, lo cual comparto, creo que es injusto convertir la lactancia en un barómetro. Nadie da el pecho para colgarse la medalla de la madre del año. Quiero pensar que somos más inteligentes que eso. Más aún cuando la falta de apoyo familiar, social, económico o político, la soledad de la maternidad e, incluso, nuestras propias expectativas cuando nos convertimos en madres boicotean mucho más nuestro propio concepto de madre. Tal vez si dejamos de culpabilizar a la lactancia materna de todos los males, incluida la opresión femenina, podamos poner el foco de atención en lo que de verdad importa, alejándonos de ese mensaje perverso de las buenas y malas madres.

Tal vez si dejamos de culpabilizar a la lactancia materna de todos los males, incluida la opresión femenina, podamos poner el foco de atención en lo que de verdad importa, alejándonos de ese mensaje perverso de las buenas y malas madres.

 

 

Cuéntame tu experiencia y te diré cuál es tu discurso social

¿Influyen nuestras propias experiencias en cómo sentimos el discurso social sobre la lactancia materna? Estoy convencida de que sí. Me cuesta creer que en medio de una cultura del biberón el discurso social imperante sea aquel que presiona para que des el pecho. “Creo que hay un discurso social hegemónico que es que la lactancia es mejor y que hay presión para que des de mamar, también en los hospitales. Las que presionan para que no se informe de los biberones son las prolactancia; las otras exigen para sí una práctica pero no quieren imponerla, nadie dice que se dificulte o estigmatice la lactancia”, explica Beatriz Gimeno.

Partiendo de lo irrespetuoso que me parece el tono despectivo de Gimeno, creo que la entrevistada no es capaz de ver más allá de su propia vivencia. Yo, como muchas otras mujeres que hemos decidido dar el pecho a nuestros hijos, nos hemos encontrado con comentarios desafortunados, e incluso presiones, relacionados con el cómo, el cuánto, el dónde o el hasta cuándo dar de mamar. No dudo que se haya sentido presionada por un entorno que no comprendía su decisión. Muchas mujeres lo han vivido como ella, y se han identificado con esa experiencia. Y es cierto que no se trata de obligar a nadie a dar el pecho si no es lo que quiere, si no de informar, de acompañar y de ayudar a quienes sí. Los mensajes que me he encontrado a lo largo de mis lactancias son muy diferentes a los que expone Gimeno y van precisamente en la línea contraria: “No eres mejor madre por dar la teta”, “¿Todavía le das teta?”, “¿Hasta cuándo le piensas dar teta?”. Hasta me han ofrecido dar de mamar en una sala a parte en medio de una consulta de alergología. Quiero pensar que para que estuviera más “cómoda”. La ayuda que he podido necesitar cuando he tenido algún problema la he encontrado por mi cuenta a través de grupos, redes sociales, blogs o libros. Poco me han ayudado los sanitarios desactualizados que me he encontrado por el camino que desconocían los cambios en el inicio de la alimentación complementaria o que existía un portal llamado e-lactancia.org y que podían recetarme un relajante muscular para una hernia de disco insoportable que fuera perfectamente compatible.

Las madres lactantes también nos enfrentamos a muchos retos cuando damos el pecho. Y el tema laboral es uno de los mayores: ¿cómo puedo seguir dando de mamar en exclusiva si a las 16 semanas tengo que reincorporarme al trabajo aunque no quiera? La lactancia en diferido o hacer una inversión económica en una excedencia son las únicas alternativas. Incluso se ve como algo negativo que quieras aparcar tu carrera profesional para cuidar más tiempo de tus hijos, supongo que ocurre que como me decía Lucía de Planeando ser padres en Twitter “estamos pasando del “no eres mejor madre por dar el pecho” al “eres una tonta a las 3 por dar el pecho”. Y no vayas a acusar de desinformado al que te lo diga tan alegremente, que encima los ofendidos serán ellos”.

 

cuento sobre destete

 

Divulgar o no divulgar, he ahí

Dice Beatriz Gimeno que “El pecho es mejor para unas y peor para otras. En cualquier caso, no se trata de discutir si el pecho es lo mejor o no sino que hay alternativas que son igual de buenas y que no afectan en nada a la salud de madres y bebés”. Estoy totalmente de acuerdo con ella en que es mejor para unas mujeres pero no para otras si hablamos de hacer algo que no queremos hacer. Sin embargo, ese “no pasa nada” me suena al “siempre se ha hecho así y no ha pasado nada”. Al “mira que bien hemos salido”. Y, primero, me vuelve a parecer una afirmación simplista y corta de miras porque también se ha fumado durante muchos años, incluso por prescripción médica, y mira si han cambiado las cosas. Segundo, no creo que el camino sea echar por tierra la evidencia científica para justificar una opinión personal. La lactancia materna es reconocida por toda la comunidad científica como muy superior a cualquier otra forma de alimentación y cuidado de los niños en sus primeros años de vida. Lo es simplemente porque está diseñada específicamente para ellos. Entiendo que quiere quitarle importancia al asunto para que quienes han optado libremente o se han visto obligadas por distintas circunstancias no se sientan mal. La cuestión entonces es por qué se sienten mal pero una afirmación que nos haga sentir en paz o justificar una acción no significa que sea veraz. 

Creo que es sano que seamos críticos con lo que leemos, incluso aunque provenga de entidades sanitarias y científicas, pero me parece peligroso cuestionar la evidencia científica de algo tan ampliamente demostrado como los riesgos de la lactancia artificial. Decir que la lactancia artificial no entraña ningún riesgo para la madre o para el hijo, que es lo que hace Gimeno en la entrevista, me parece una irresponsabilidad para la salud materno-infantil; como lo es afirmar que una copa de vino diaria es buena para el corazón o que el sedentarismo no es peligroso para la salud cardiovascular.

Para reafirmar que no existe ningún riesgo siempre se alude normalmente a que la cuestión de los riesgos es sólo aplicable a los países en vías de desarrollo o subdesarrollados, pero no encuentran que la LA pueda tener riesgos en un país desarrollado. Esto no es cierto porque, de hecho, muchos de los estudios que confirman esos riesgos están realizados en países desarrollados con muestras de miles de niños. En un país en vías de desarrollo es cuestión de vida o muerte. En este documento elaborado por el Comité de lactancia materna de la Asociación Española de Pediatría en 2010, se detallan los perjuicios de no amamantar para madres, niños, familias y la sociedad en su conjunto. Y sí, en países desarrollados.

Me planteo si la alternativa entonces debe ser la de no divulgar acerca de los riesgos de la lactancia artificial. ¿Cómo informar y hacer campañas de promoción de la lactancia materna sin herir sensibilidades? ¿Cómo apoyar y visibilizar sin presionar? De hecho, ¿nadie se ha planteado por qué tuvo que aprobarse un Código del comercialización de sucedáneos de la leche materna?

Todas sentimos presión. Las que damos el pecho y las que no lo dan, las que decidimos aparcar nuestro trabajo y las que no, las que renuncian a una carrera profesional y las que eligen continuar. Da igual lo que hagas, al final se te va a cuestionar permanentemente. La cuestión es que creo que dar como válido que el discurso social imperante es que eres buena o mala madre en función de si das el pecho es erróneo. Más aún cuando vivimos en una cultura del biberón desde hace cuatro décadas. E intentar justificar esto desde el cuestionamiento de la amplia evidencia científica existente no es el camino. Es muy peligroso porque también hay artículos, libros y hasta documentales que encuentran esos “sesgos” en los estudios sobre la seguridad de las vacunas y creo que ningún profesional, ni sanitario ni de la comunicación, con el mínimo sentido común entraría a cuestionar que las vacunas salvan vidas. Y sí, también en los países desarrollados. Como dicen desde APILAM no se trata de una cuestión de fe. Es ciencia.

 

¿Qué opináis? ¿Cuál creéis que es el discurso social sobre la lactancia?

 

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Diana Oliver

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22 Comments

  1. Casos como el tuyo conozco más, en el que se insiste a la madre que siga intentando dar de mamar cuando no puede más (física y emocionalmente). La solución es simple: respetar y dejar a las madres en paz.

  2. Yo estoy muy en la línea de Beatriz Gimeno y aplaudo que dé su opinión abiertamente sobre un tema que se ha convertido en algo tan controvertido y cargado de ideología.

    Mi opinión es que no existe “la cultura del biberón”. Hoy en día está prohibido hacer publicidad de leches maternizadas para recién nacidos (las empresas,se buscaron el truco de sacar las leches de continuación para sortear la ley), está prohibido que el personal sanitario recomiende una marca de leche bajo la falsa premisa de “son todas iguales”, en cualquier consultorio médico encontrarás publicidad sobre talleres de lactancia materna e información sobre las bondades de ésta. En ninguno encontrarás información sobre lactancia artificial, y si la encuentras, lo puedes denunciar. Los hospitales tienen la obligación de fomentar la lactancia materna y desde el primer día que visitas a una matrona te hablará del tema.

    Simplemente observando que se puede anunciar un bollicao (con nulo valor alimenticio, exceso de azúcar y de grasas nocivas) en horario infantil, pero no se puede anunciar leche para lactantes (con valor nutritivo suficiente para alimentar perfectamente a un bebé), se desmonta la “cultura del biberón”.

    Lo que existe es más bien una “guerra contra el biberón”, que al final no deja de ser una guerra contra las madres que no amamantan.

    Se obvia que hay madres que no desean amamantar y que hay muchas más madres que desean amamantar sólo un tiempo, o desean hacer lactancia mixta. En España el porcentaje de bebés amamantados a los tres meses es del 66 % y del 47 %, a los seis.

    Si a las madres lactantes les irrita que se cuestione su decisión bajo la premisa de que están manipuladas, a las que no lo son también les irrita que se les cuestione bajo el supuesto de que si no amamantan o dejan de hacerlo es porque no están bien informadas, o porque no tienen apoyos suficientes.

    En cuanto a la “evidencia científica” de la que las lactivistas hacen bandera, decir que es bastante cuestionable. (Por cierto, el término “lactivista” ya deja claro que hay una fuerte ideología detrás del movimiento pro lactancia, por más que algun@s se empeñen en negarlo)

    Efectivamente existe una alta evidencia de que la lactancia materna proporciona defensas y fortalece el sistema inmunitario del bebé (durante cuánto tiempo, es algo que no está suficientemente estudiadio). En cualquier caso éste es un beneficio que las leches maternizadas hoy por hoy no pueden ofrecer.

    También existe una altísima evidencia de que la leche materna proporciona al bebé todos los nutrientes necesarios (salvo casos excepcionales). También es cierto que las leches artificiales también proporcionan a los bebés los nutrientes necesarios.

    Sin embargo, no existe el mismo grado de evidencia científica sobre otros supuestos beneficios que aporta la lactancia materna. Esto es algo que al movimiento pro lactancia le da igual ya que ponen al mismo nivel la evidencia sobre el beneficio en el sistema inmune, con por ejemplo, un apego más seguro, cuando esta “evidencia” está basada en estudios sesgados y es bastante cuestionable.

    Dejo aquí, por si a alguien le interesa, un link a un artículo en el que se pone de manifiesto existen estudios experimentales sobre los efectos beneficiosos de la lactancia materna, cuyos resultados no son tan favorables como apuntan los estudios observacionales.

    Lo que me parece más interesante es que los investigadores se quejan de que la repercusión de los estudios sobre lactancia materna con resultados menos favorales, son ninguneados por la OMS (esa entidad venerada por el lactivismo, que la presupone neutral y carente de cualquier sesgo ideológico).

    Pido disculas a la autora de este blog por haberme extendido tanto en mi comentario y le agradecería que lo publique, pese a no estar acorde con la línea del blog.

    Por último me gustaría hacer la siguiente reflexión y es que las mujeres no somos menores de edad, ni incapaces. Si decidimos alimentar a nuestros hij@s de una forma u otra debería ser algo que nunca jamás estuviese en discusión. Cualquier mujer feminista debería congratularse de que existan grupos de apoyo a la lactancia o de que el personal sanitario esté formado para apoyar a las madres que lo necesiten y deseen, del mismo modo que deberían hacerlo de que exista la opción de criar niñ@s sanos con leche artificial y que cada día éstas sean de mayor calidad. Esto supone la posibilidad de elegir, y eso siempre debería ser una gran noticia. Lo demás, son dogmatismos.

    • Hola, Laura. Muchas gracias por tu comentario. No estoy de acuerdo en muchos puntos pero tu reflexión me parece respetable, por supuesto 🙂
      Te dejo un documento de la AEP con algunos datos, ya que los que expones son incorrectos, por si te apetece echar un vistazo.
      “A pesar de la importancia reconocida de amamantar, esta práctica aún no está bien implantada
      a nivel mundial, sobre todo en los países más desarrollados. Aunque se han conseguido
      avances en los últimos años, todavía nos encontramos lejos de alcanzar los objetivos de la
      OMS. Dada la gran variabilidad entre países, es conveniente que las estrategias de apoyo a la
      LM sean elaboradas de manera específica para cada país, según sus necesidades.
      En España sería recomendable mejorar el sistema de monitorización y seguimiento de la
      LM. A la vista de la información disponible, parece claro que son necesarias medidas para
      aumentar las tasas de inicio y duración de la LM. Estas estrategias de apoyo deben ser
      multidisciplinares implicando a todos los componentes del sistema sanitario. También es
      necesario que se produzca un mayor apoyo a la LM a nivel social y laboral, no pudiéndose
      responsabilizar únicamente a las familias de realizar todo el esfuerzo para conseguir estos
      objetivos.”

    • Si mi amiga marujista me lo permite, contestaré a este comentario.
      Discrepo en la idea de que no exista algo parecido a una “cultura del biberón”. Es cierto que todo lo que dices sucede. Pero muchas de esas cosas suceden como reacción a una serie de prácticas, llamémoslas “biberónicas”, instaladas y naturalizadas en ciertas culturas y sociedades, incluida la española. Te fijas en ciertos hechos, pero omites otros tantos igual de cruciales. Por ejemplo, que pese a todo, los pediatras siguen prescribiendo sistemáticamente la “ayudita” en situaciones que son completamente innecesarias. O por ejemplo, que es difícil instaurar una buena lactancia cuando se pautan de manera sistemática unos horarios (cosa que sigue haciéndose no sólo en las consultas, sino en tu casa porque así lo han aprendido también tu madre y tu abuela, cuyos médicos ya estaban bien imbuidos por esta cultura). O por ejemplo, que es casi imposible que existan mujeres familiarizadas con las prácticas y experiencias lactantes dado que éstas se encuentran invisibilizadas socialmente.
      Que el lactivismo sea ideológico no tiene nada de malo. Lo malo es obviar que todo en este mundo está atravesado por la ideología. Si la ideología no aparece explicitada no quiere decir que no exista: quiere decir que ésta opera silenciosamente y que existen agendas ocultas. El lactivismo entendido como reacción ecologista y feminista a una sociedad configurada desde un prisma capitalista y patriarcal como la nuestra, me parece perfecto. Otra cosa es que este movimiento haya estado y esté aún integrado por corrientes más conservadoras, que han propugnado la vuelta al hogar de las mujeres. Pero no es ni lo único, ni lo mayoritario que existe ahora mismo dentro del lactivismo.
      Sí estoy de acuerdo en que se da cierto dogmatismo científico en torno a la lactancia. Es verdad que no se cuestionan los organismos científicos implicados en su promoción, desde la OMS hasta la AEPED, cosa que debería ser imprescindible. Con frecuencia me temo que no se revisan los estudios menos afines a la promoción de la lactancia. Y siempre existe una tendencia muy cuestionable a mezclar churras con merinas, dicho claro y mal. La propia AEPED ofrece un popurri muy poco sistemático de estudios más o menos pertinentes (algunos completamente insostenibles y refutados por las propias instituciones a las que hace referencia).
      Personalmente, prefiero tratar este asunto desde otras perspectivas fuera de la científica: como derecho reproductivo muchas veces escamoteado a las mujeres (si fuera de los hombres, seguro que estaba recogido como derecho constitucional); como símbolo y práctica de una concepción más ecológica y sostenible de nuestra sociedad, etc.

      • Por cierto que el principal motivo por el que nuestra cultura no es precisamente pro-lactancia es que nos obliga a volver a trabajar apenas 16 semanas después del parto… Un poco difícil dar de mamar si madre e hijo no están en el mismo sitio. Una de las causas del aumento de la natalidad y la mortalidad infantil en las ciudades industriales en el siglo XIX fue precisamente la incorporación de las mujeres al trabajo en las fábricas: el trabajo impedía la lactancia y sin lactancia los bebés tenían menos posibilidades de sobrevivir, y además las mujeres volvían a embarazarse rápidamente (más natalidad). Es decir existe una relación histórica en los sistemas capitalistas entre el trabajo (productivo) y la lactancia (reproductiva) que afecta negativamente a la segunda.

  3. He vivido todo lo contrario a vosotras. Casi caigo en depresión post-parto por no poder establecer la lactancia materna y negarme (en mi caso y mi opinión influida por 40 semanas de bombardeo con el tema lactancia materna) a intentar dar el biberón y además casi ingresan a mi hija por deshidratación a los 3 días de vida.
    Es algo que hace casi 20 meses que pasó, y que aún tengo ahí.
    Y sí, tengo recuerdo de personal de hospital y de ambulatorios viéndome llorar e insistiendo en intentar la lactancia materna cuando de sobra se veía que no funcionaba en nuestro caso.
    Que es lo más sano es segurísimo y está más que demostrado.
    Sin embargo bajo mi punto de vista, eso de ser lo mejor será según la circunstancia de cada maternidad.
    Las mujeres que podéis practicarla decís que os miran mal y que os critican, las que no podemos/queremos nos demonizan y eso es lo que no me parece justo ni correcto (y me ha pasado no hace mucho)
    Ni una es mejor ni la otra peor ni al revés. Cada madre para sus hijos es la mejor y las demás no tenemos que meternos. Lo que cada cual haga está bien para ella y para su bebé.

  4. Yo en mi primer embarazo decidí desde el principio no dar pecho y en el segundo lo intenté pero por falta de información y apoyos todo salió mal y tuve que dejarlo.
    Parto de la premisa de que el pecho es lo mejor, y en el segundo embarazo me sentía mal por no haber sido capaz de dar el pecho a mi pequeña. Me costó superarlo. En mi caso, puedo decir, que ni mi entorno ni yo estaba en las condiciones idóneas para dar el pecho. Aún hoy, 5 años después, me sigue dando pena no haberlo conseguido.
    Insisto, sé que el pecho es lo mejor pero yo recibí en mi primer embarazo muchas presiones para darlo cuando había decidido no hacerlo, y en el segundo esas mismas presiones hicieron que todo fuera mal.
    Creo que socialmente los primeros meses de vida del bebé está muy aceptado el pecho pero es a partir de la incorporación de la madre tras las 16 semanas cuándo la gente no entiende la lactancia. Es ahí dónde se debe de hacer foco para que las madres que amamantan reciban los apoyos necesarios.
    Muchas gracias Diana

  5. Como que se le ha dado mucho peso a la voz de Gimeno. Desde siempre su discurso parte de la premisa que la lactancia “una servidumbre agotadora”, según palabras de Beauvoir. ¿Habrán vivido experiencias favorables de lactancia? porque si damos por entrada que es “servidumbre” en lugar de algo placentero, un acto de apropiación cultural y además sin dependencia económica desde ahí la lactancia va en detrimento. No creo que el discurso social sea el correcto, no creo en las etiquetas y menos en la “perfección”. Y si, la lactancia no es lo mejor para todas las mujeres, pero si que lo es para todos los bebés.

    • Gracias por comentar, Ana. La verdad es que tu frase final es muy reveladora: La lactancia no es lo mejor para todas las mujeres, pero si que lo es para todos los bebés.

  6. Estoy en tu misma situación. Hasta me han dicho que es normal que el niño sea movido, que con tanta sobreprotección está alterado (por no querer llevarle a guardería todos los días y dejarle a comer allí como me sugería la interlocutora. Para qué si no trabajo). También tengo a los que dicen que no entienden por qué no quiero darle una hermanitA a mí hijo (sí, además al parecer tiene que ser niña), si aún este me diera trabajo pero no da nada de trabajo (PERDOOOOONAAAAA, tú que sabes y además ¿no era muy movido porque estaba alterado?) y del tema de la lactancia que yo sí practico mejor ni hablo. El caso es que no entiendo qué tiene que opinar nadie que no seamos su padre, el niño y yo de esos temas pero lo hace mucha gente aunque no preguntes, aunque pongas mala cara, aunque contestes mal…

    • No sé qué he hecho. Pretendía responder al comentario de Laura Valle pero tengo al. Niño colgado de la teta y al parecer me ha salido mal XD

  7. Ya te lo resumí muy a lo bruto en ese tuit pero sí, la evidencia científica es la que es. A ver, es como si de repente los nutricionistas dejaran de advertir sobre los riesgos del consumo de carnes procesadas para no ofender a quienes nos atiborramos de jamón. Los estudios están ahí, las ventajas y desventajas también. Lo ideal es que tengamos el máximo de información para poder decidir. Nadie está en posesión de la verdad absoluta y cada madre tendrá muchos motivos para elegir criar de una u otra forma, pero que su decisión esté razonada, no empujada por la publicidad, causada por la desinformación. El otro día comentaba que, en mi caso, la lactancia no es ninguna esclavitud, que no voy a ser la madre del año por tener 2 tetas a las que dar uso, y que ojalá esto fuese lo más difícil y exigente que mis hijos demandaran de mí a lo largo de sus vidas. Creo que mezclamos muchos temas a lo loco. La teta es muchas cosas: amor, alimento, apego, consuelo, contacto, la solución para todo, descanso pero nunca se me hubiera ocurrido que tuviera implicaciones ideológicas.

    Pero ojo, normal que la gente desconfíe, si primero llegan las marcas de leche en polvo y nos las meten por los ojos como lo más moderno y lo mejor, y después de décadas de biberones, cuando los hemos asumido como lo normal y lo óptimo, nos dicen que ahora no, que ahora volvamos a la teta que es lo natural y por eso nuestra especie las trae de serie. Pero a los 2 días te salta un reputado pediatra y te dice que sí, que la lactancia está muy bien, pero para el tercer mundo, que nosotros somos ricos y tenemos otras cosas en las tiendas. Y claro, los padres desorientados, normal: hoy lo mejor es esto, mañana es aquello, los profesionales cambian de idea según la mejor oferta de la industria, hay poca regulación en cuanto a salvajadas publicitarias, nada de ayuda para mantener la lactancia más allá de las 16 semanas de la baja de maternidad…. En fin, que no es fácil solucionar el tema y al final acabamos todos radicalizados en uno de los 2 extremos.

    • Sobre ese tema de la esclavitud de la lactancia justo leía el otro día una reflexión muy buena en Facebook. Me encanta lo de “ojalá esto fuese lo más difícil y exigente que mis hijos demandaran de mí a lo largo de sus vidas”. La verdad es que no puedo estar más de acuerdo contigo en todo lo que dices. Un abrazo, Lucía.

  8. Debo reconocer que no había leído esas declaraciones pero creo que porque cuando vi algo al respecto y viendo quién era directamente descarté leerlo… sabía que me iba a cabrear. Y es que una vez más, Diana, estoy de acuerdo completamente contigo, en todo, y qué razón lo que dice Lucía… Maternidades hay muchas, sí, pero la evidencia científica es la que es, y aunque a mí me miren raro más de una cuando les digo que no me siento capaz en mis circunstancias de tener un segundo hijo, no me importa porque soy muy consciente. “Ah, claro, porque es que tú quieres darle teta, y con lo bien que están en la guardería…” Pues no, no voy a traer otro hijo si tengo que dejarle tantas horas en la guardería y voy a tener que renunciar a la lactancia, cuando sé todo lo que sé ahora… Escribes genial y me encanta leerte, ojalá entre todas consigamos que este post y esta visión tengan más visibilidad porque lo que hay que aguantar… Un besazo!

  9. Soy feminista desde hace muchusímo tiempo. Reconozco que hace años pensaba como ella, veía la maternidad como las cadenas de la mujer. Pero desde que soy madre y amamanto me he dado cuenta de que jamás he levantado tan alto mi voz como hasta ahora, nunca me he sentido más poderosa y más segura y fuerte de mi misma y que la maternidad consciente es un acto de rebeldía. Amamanto cuando quiero y donde quiero. Es gratuito y utilizo mis pechos para alimentar a mi bebé. No es la lactancia la que nos pone palos en las ruedas, sino el mercado laboral, las instituciones… mi hijo y mi cuerpo es perfecto, el sistema es lo que me impide avanzar

    • Gracias por comentar, Pilar, y contar cómo lo sientes. Sin duda también creo que la lactancia materna no es la que pone los palos en las ruedas si no el entorno y la sociedad en la que vivimos. Un abrazo.

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