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Sobre los hábitos alimentarios en los centros escolares

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Buenas intenciones para desterrar la bollería industrial en los centros escolares

Hace poco era noticia que Raúl Calvo, médico de familia de un pueblo de Toledo, había conseguido “limpiar” la escuela de bollos industriales. Para conseguirlo, el médico organiza charlas y talleres en distintos centros escolares de Castilla-La Mancha a través de los cuales intenta transmitir a los niños la importancia de alimentarse de forma más saludable. Lo hace a través de juegos y actividades de modo que aprenden y se divierten.

Sin duda, el médico tiene buenas intenciones y es de admirar su labor para mejorar la alimentación infantil. Sin embargo, mezcla algunos conceptos que, desde mi punto de vista, pueden llegar a confundir.

bolleria-industrial-y-bolleria-caseraCalvo asegura en el artículo publicado en El Mundo que “a los niños hay que darles una alegría” e incide en “lo casero” como algo mucho más saludable: “No tienen nada que ver con la bollería que se comercializa en los supermercados porque sería carísima. Se hacen con productos de primera calidad, como huevos o aceite de oliva virgen. Además, no llevan nada de conservantes ni colorantes“. Y yo no dudo que sea realmente mejor la materia prima pero no puedo evitar pensar que el concepto es el mismo: la bollería casera, al igual que la industrial, debería consumirse solo en momentos puntuales¿Por qué? Porque el valor nutricional es casi idéntico.

Dice el médico que para muchos padres “lo fácil” es meter al niño un paquete de galletas y olvidarse de preparar algo más sano refiriéndose a repostería. Sin embargo, introducir un plátano o una manzana en la mochila de un niño cuesta lo mismo que meter un paquete de galletas. ¿La diferencia? La información que tienen esos padres con respecto a la alimentación así como su estilo de vida y costumbres. 

Al menos hasta cierto momento, nosotros somos quienes ofrecemos la comida a los niños y en nuestra mano está darles un bollo “porque se lo comen mejor” u optar por una pieza de fruta o alternativas saludables similares.

El valor del ejemplo

Siguiendo las recomendaciones del citado médico, uno de los centros escolares, el Colegio Público Nuestra Señora del Rosario de Camarenilla (Toledo), ha establecido un menú semanal de almuerzos: los lunes es el día del dulce (pero dulce casero, nada de bollería industrial), los martes es el día del bocata, los miércoles el día de la fruta, el jueves el día de los lácteos y los viernes los días de libre elección.

Las intenciones, sin duda, son estupendas, pero… ¿realmente es una solución al problema de la alimentación infantil? Identificar un día del dulce como algo “sano” porque está “hecho en casa” puede ser peligroso. Así mismo, los días de bocata serían geniales si el contenido del mismo fuera, por ejemplo, hummus, pero ¿y si contiene nocilla? ¿sigue siendo saludable? El jueves es el día de los lácteos pero ¿qué tipo de lácteo? Hay cientos de productos lácteos en los supermercados bastante insanos con unos índices de azúcar preocupantes.

Hay un sinfín de meriendas y almuerzos mucho más saludables que los que contiene el citado menú pero, dejando esto a un lado, ¿funciona la imposición de un calendario si no hay una concienciación previa de las familias acerca de la importancia de la alimentación de sus hijos? ¿Sirve de algo si después en casa no se tiene en cuenta el valor de unos hábitos saludables? ¿Somos conscientes del valor del ejemplo?

Opino que muchas veces todas estas buenas intenciones quedan diluidas por dos motivos fundamentales: porque la información que se ofrece no acaba de ser la más adecuada (bollería casera=alimento sano) y porque el ejemplo del entorno familiar y social no es coherente con los mensajes que se les quiere dar a los niños.

 

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Normalización de hábitos saludables

Quizás lo importante sería importante una normalización de los hábitos saludables. ¿Y cómo se consigue eso? Pues a través de la información, de la educación y de la concienciación. Pero para ello se necesitan profesionales especializados en nutrición y alimentación que realmente ofrezcan información de calidad y no lancen mensajes incoherentes o incompletos. Y personas que estén dispuestas a cambiar sus hábitos. Cada vez tengo más claro lo mucho que influye el entorno en los hábitos de los niños.

Creo que ya he contado muchas veces lo contentos que estamos con la elección del colegio de Mara. En el centro intentan lograr cierta normalización de hábitos más saludables. Por ejemplo, cada día, a media mañana, se celebra el “corro de la fruta”. No hay un “día de la fruta” sino que cada día se consume fruta como un hábito normalizado del que todos participan: cada vez es un niño el encargado de elegir qué fruta quiere llevar a los amigos de clase.

Cuando un niño cumple años, la familia puede llevar un bizcocho a clase para celebrarlo pero nada de chuches. Se incide en la importancia de contemplar este tipo de cosas como algo “puntual”, como cosas que hacemos cuando hay una fiesta pero no como un hábito instaurado cada día de la semana.

Y para terminar de enamorarnos, con la excusa de la inauguración de unas mesas de experimentación en el patio del colegio, las profesoras nos invitaron a los padres a asistir a la misma. ¿Qué prepararon para merendar? Todo lo que podéis ver en la foto: sandía, mandarinas, caquis y plátanos. No quedó nada.

 

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Sin embargo, no todo es perfecto. La semana pasada Mara salía del cole con un calendario del mes de diciembre repleto de caramelos. Cada día del mes hasta las vacaciones de Navidad tenía un caramelo pegado al día, y el objetivo, según rezaba una nota, era que los niños aprendieran los días del mes así como el desarrollo de la capacidad de esperar. Nuestra cara fue un poema porque no veo coherente hacer algo así si lo que se quieren fomentar son hábitos más saludables. ¿Un caramelo por día? A nosotros nos parece una barbaridad pero una vez que ya ha salido con él, ¿cómo hacerlo desaparecer?

De poco nos sirve decirle que este tipo de cosas se toman de forma ocasional si luego en el colegio se hacen este tipo de actividades o por la tarde en el parque nos encontramos con barra libre de galletas.

Así que últimamente no dejo de pensar en lo difícil que es establecer unos hábitos más saludables para tus hijos cuando el entorno no tiene la misma meta. Y que, al final, lo que queda es que somos unos exagerados o, mejor aún, que como dice Pérez Reverte somos unos “talibanes de la alimentación sana“. Qué injusto.

 

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Diana Oliver

Diana Oliver

21 comentarios

  1. Cuando uno se pone a pensar en estas cosas dan —otra vez— ganas de irse a un monte y montar una granja agrícola autosuficiente. Hay que ver la de cosas que nos hace replantearnos la maternidad, tantos comportamientos que nuestra sociedad ha normalizado por comodidad, por desinterés, por falta de información o desinformación… Nos pasa a nosotros como padres cuando intentamos luchar contra la violencia obstétrica, contra el machismo ya desde la infancia… o a favor del porteo, de la lactancia materna… Nos convertimos automáticamente en los raros del grupo, en los «flipados» del barrio que leen demasiado en Internet y que se tienen que creer mejores que los demás en todo, o eso piensa la gente. Pero nosotros ya vamos teniendo una edad y, aunque no estemos de vuelta de todo, sí podemos tener convencimiento, fuerza de voluntad y razones de peso para ignorar la presión y seguir hacia delante.

    Pero cuando son cosas que afectan a los hijos… Cuántas veces habremos hablado de que tarde o temprano perderemos el control. Nuestros hijos nunca podrán vivir aislados y serán receptores del ejemplo de otros padres, de compañeros violentos, de comportamientos machistas, de menús escolares y meriendas de parque de juzgado de guardia… Nos pasará con la comida, y con el alcohol el día que sus amigos empiecen a beber, o a fumar, o a vete tú a saber qué. No podemos hacer nada más que trabajar hasta entonces por darles la mejor educación y las mejores herramientas que podamos para que traten de tener personalidad y fuerza de voluntad suficientes.

    Lo triste es que apenas contemos con ayuda de tan gran parte de la sociedad, no digamos ya de las administraciones públicas. Lejos de eso, nos seguiremos encontrando con los Reverte de turno que prefieren seguir el camino fácil, los que nos llaman exagerados y alarmistas, los que indignados se preguntan que a ver por qué no van a poder fumar a la puerta del colegio.

    Qué lucha más difícil y desigual, qué frustración. ¡Ánimo!

    • Ay poco más que añadir 🙁 Es así de triste y de real. Palabra por palabra. Me ha encantado lo de la gente que se pregunta lo de no fumar en la puerta del cole. Del cole, y de los hospitales, de cada bar, de cada centro comercial… ¿He dicho ya lo mal que llevo el tema del tabaco? Frustración total.

  2. En el cole de mi hijo cada dia un padre es el encargado de traer la fruta para todos los niños de la clase. De hecho, es un momento que a los niños les encanta porque son “los responsables” del almuerzo de toda la clase, y ya se sabe que cuantas más responsanilidades damos a los niños más quieren tener.
    En el comedor se usan al 80% productos locales y bio. Es verdad que es más caro que si fuera otro tipo de comida, pero se hizo una asamblea y ganó por inmensa mayoria la opción más sana frente a la más barata. A fin de cuentas son los primeros años de vida los que van a marcar la diferencia y más vale enseñar hábitos saludables lo antes posible.

    Muy buen post y un saludo.

  3. Cuando mi hijo era un bebé la enfermera de pediatría nos comentó que si se esperaba a que tuviera tres o cuatro años para darle chucherías de mayor no sería tan aficionado a ellas como si estuviera habituado a ellas desde antes. Por mi parte he hecho todo lo que he podido al respecto, básicamente nosotros en casa jamás compramos chucherías (su padre compra bollería pero el niño no la ve) y las que le puedan dar en los cumples más o menos se van escondiendo y aunque va probando cosas en su mayor parte se las come el padre de la criatura o directamente a al basura. Además tiene claro que las galletas son también chucherías así que sólo puede comerlas esporádicamente, si bien en esto tengo que “luchar” con la abuela (mi madre) porque al desayunar con ella en su opinión “es que desde que le das la avena esa con unas pocas cucharadas ya no come más y así cómo va a ir al cole….” Y como no toma leche le hace quesada… en fin, que tengo la suerte de que le encanta la fruta y la verdura así que al menos en casa intento compensar…

    En cuanto al cole, desde hace un año nos dieron una hojita de modo que los lunes toca lácteo (y en eso como odia el queso le tengo que dar batido de chocolate, que eso sí fuera del cole no quiere ni verlo), los martes galletas (intento que sean de avena, integrales…), los miércoles fruta, los jueves cereales y los viernes bocadillo (y ahí he empezado a “trabajar” y se los hago de humus, nocilla casera…)

    Pero luego como bien dices ves a la tarde directamente los envoltorios de pastelería con napolitanas día sí día también, bocadillos de chorizo (“como se les ha dado toda la vida”)… y te catalogan como “madrastrona” o mala madre por no dejarle comer “lo que comen todos los niños”. Pero es lo que tiene esta pequeña lucha. Creo que nos pasa como hace un tiempo nos ocurría por seguir con la lactancia materna más allá de los primeros meses… Gracias por el post, Diana.

    • Ay qué difícil Laura!! Como dices es una lucha pero es una pequeña gran lucha 🙂 Al final parece que lo que hacemos es una exageración y, al menos a mí, no me lo parece. Seguiremos intentándolo al menos, ¿no? Un beso grande.

  4. Qué misión más difícil la de concienciar en habitos alimentarios saludables a la sociedad en general. Diana, entiendo perfectamente lo que quieres transmitir. Es una pena que todo lo que han aprendido en casa (porque es lo que han visto y vivido) en cuanto a alimentación no tenga una continuidad. Ya no digo en la sociedad en general (que sería genial y lo deseable) pero que menos que en los colegios hubiese un poco más de conciencia al respecto. En la guardería de mi hijo, con dos añitos, les dan para merendar un día galletas, otro coca y otro chocolate, todas las semanas!!! Y cuando intentas hacer algo por cambiarlo te contestan que los menús los elaboran profesionales y se quedan tan anchos. A mi se me cae el alma a los pies, pero seguiremos luchando!! 😉

    • Y tanto que es difícil Patricia 🙁 Yo también lo veo igual, no puedo entender que en los coles no haya cierta coherencia en este sentido pero, al final, los coles los hacemos las personas y la sociedad, en general, no está concienciada con este tema… Seguiremos luchando 🙂 Un beso.

  5. En el cole de mis hijos a los de Infantil les dan la merienda de media mañana y todos los días es igual: leche o cola-cao y galletas tipo María. Sólo de vez en cuando organizan el día de la fruta. La verdad es que preferiría que fuera a la inversa.

  6. En el colegio de mis hijos hay servicio de desayuno y merienda, por tema de ampliación de horarios. Las meriendas son un despropósito: zumo envasado dos días por semana, bollo especial los viernes, sándwich de nocilla o jamón york… Nadie dice ni mú. A mis hijos les digo que el día de zumo no le tomen y les digan a las monitoras que les den agua del grifo, y les dicen que no, que no hay agua y que tienen que tomarse el zumo… Me desespero y no sé como pedir al centro que se tomen la alimentación en serio.

  7. Todos debemos ser respetuosos con las decisiones de los demás. El que le da fruta o el que le da un bollo igualmente quiere lo mejor para sus hijos. Yo pienso que cada uno en su casa haga lo que quiera . Mi hijo no come caramelos , gominolas… nunca los ha probado y nunca nos los ha pedido ni si quiera cuando ve a otros niños comerlos y la verdad cuando le ofrecen dice que no , en eso tenemos suerte jamás prueba nada que antes no le hayamos dado en casa, yo creo que es muy desconfiado. Pero también me cuesta que pruebe verduras o frutas que no sean las habituales. Bueno que me estoy liando. Lo dicho vamos a ser todos respetuosos y dejarnos de etiquetas, “ni los raritos de la fruta”, “ni los raritos de la bollería”. Y lo de Reverte pues en su linea, como lo de las feminazis … sin comentarios

    • Hola Pilar, bueno no creo que aquí se esté hablando de etiquetas ni de si uno u otro quiere lo mejor o no parar sus hijos sino de una cuestión de salud y de toma de conciencia. Sin más.Gracias por comentar.

  8. En el cole de mi bichilla dan fruta en el comedor 4 días a la semana y 1 yogur natural el quinto día. Para el desayuno de media mañana, tienen un proyecto de desayuno saludable, según el cual todos los días hay que llevar fruta, la que el niño quiera, en la cantidad que quiera, o algo de frutos secos. Pues bien, tanto se han quejado los padres porque “a sus niños no les gusta la fruta” que ahora los lunes pueden llevar un pequeño bocadillo en lugar de esto. Mi bichilla siegue llevando fruta a diario y no la veo traumatizada porque se la zampa entera, pero es que los padres… ¡somos para echarnos de comer aparte! A mí me preocupa el tema de la alimentación, porque me cuesta muchísimo cambiar mis malos hábitos, dar ejemplo, y me parece que el colegio es un lugar ideal ya que los niños se motivan al hacer lo mismo que el resto de sus compañeros. Si en P3 ya hemos perdido un día de fruta ¡en 4 años habremos caído en la bollería! Y claro, mi mochuela se come la fruta estupendamente pero si se la pongo al lado de una galleta de chocolate ¡ahí flaquea!

    • Ay Lucía, completamente de acuerdo con todas y cada una de las cosas que dices. Eso es exactamente lo que nos pasa a nosotros. Mara come mucha fruta porque ¡LE GUSTA! pero, claro, si el 90% de sus compis se llevan galletas de la patrulla canina para merendar, ¿adivinas qué preferirá? Creo que la mayoría de las veces la buena o mala alimentación de los niños depende de los padres y de su entorno. Y esto es terrible muchas veces si, como en nuestro caso, ocurre que eres el rarito de la fruta. Qué pena…

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