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Cuando las manos de los niños tienen mucho que decirnos

Manos que cuentan de Otanana

‘Manos que cuentan’ o todo lo que unas pequeñas manos quieren comunicar

‘Manos que cuentan’ es un manual de comunicación con signos para bebés y niños, publicado por OB STARE, que busca transmitir, y enseñar, a los padres que las manos de sus hijos tienen mucho que decir. Dice Rosa Jové en el prólogo que el libro “no es un manual de cómo hablar lengua de signos, sino de cómo a través de los signos de esa lengua puedes comunicarte con tu bebé cuando todavía no habla o tiene un vocabulatio limitado… Seguro que una forma de comunicarse en la que palabra y mimos van de la mano va a ser bienvenida por nuestros bebés”.

Y es que, desde muy temprano, los bebés comprenden los signos y los imitan con sus pequeñas manos. A través de ellos no solo nos pueden mostrar lo que necesitan o prefieren, sino que también nos pueden contar lo que piensan, lo que sienten o lo que recuerdan.

Su autora, Ruth Cañadas, lanzaba en 2013 Otanana, un proyecto nacido de su segunda maternidad, que tiene como objetivo compartir con el mundo su experiencia del uso de signos con Nico, su primer hijo. “Quería compartir lo que estaba descubriendo, lo que me estaba enseñando, lo que nos estaba aportando… Lo que no sabía es que iba a tener tan buena acogida. La comunicación con mis hijos a través de los signos ha sido maravillosa. Gracias a este bonito recurso he podido saber qué es lo que querían o necesitaban en un momento determinado. He podido leer sus pensamientos a través de sus pequeñas manos. He podido acompañar mejor sus frustraciones por comprenderles mejor… Mi objetivo es que todos los bebés puedan comunicarse desde muy peques para así poder vincularse mejor con sus figuras de apego y para poder desarrollarse y relacionarse de manera más sana”.

Ruth nos cuenta que la idea de escribir el libro surge a raíz de la web. “En la página tengo algunos artículos sobre lengua de signos para bebés y todos los vídeos disponibles pero me parecía interesante complementar con una visión global y organizada más en formato libro. Me di cuenta de que no todo el mundo se maneja tan bien con internet y pensé en acercar y ampliar la información en formato papel. Me parecía una bonita forma de llegar a más gente”.

En el libro se incluyen muchos ejemplos y fotos para ayudar en todo el proceso por lo que resulta un manual sencillo de leer y con un montón de recursos para tener el vocabulario y la información siempre a mano. “‘Manos que cuentan‘ se gestó con mucho amor y nació para acompañar a muchas familias en la relación y comunicación con sus peques”.

Interior Manos que cuentan

Le preguntamos a su autora que qué le gustaría conseguir con este libro y no lo duda: “Difundir a los cuatro vientos que los bebés tienen la capacidad de comunicarse y que los signos son una bonita forma de hacerlo”. A Ruth le gustaría llegar a muchas familias y profesionales para acercar el vínculo y que la relación mejore. “Para comprendernos más y mejor”.

El libro está dirigido tanto a las familias (madres, padres, hermanos mayores, tíos, abuelos…) como a los profesionales (educadoras infantiles, maestras, madres de día, psicólogas, logopedas). “A todas las personas que tengan la curiosidad de adentrarse en el mundo mágico de los bebés y los niños y se pare a escuchar lo que nos tienen que decir”, insiste.

¿Cómo pueden ayudarnos los signos a nivel comunicativo?

Los signos pueden ayudarnos a comunicarnos con nuestros hijos antes de que empiecen a hablar. “Los bebés se comunican desde el principio a través de su cuerpo. Muchos gestos los hacen desde muy temprano; lanzar besitos, dar palmas, repetir juegos de manos… Ellos son capaces de comunicar mucho más y lo intentan, solo que muchas veces las personas adultas que les acompañamos no les comprendemos y se generan muchas situaciones de tensión. Los signos nos ayudan a entendernos mejor”, explica Ruth, quien insiste en que la comunicación mejora muchísimo y se evitan muchas situaciones de frustración: “El bebé puede usar esta herramienta que le facilita enormemente en su día a día y le proporciona recursos para mejorar su comunicación más y más. Además es fácil y divertida”.

Y es que, muchas veces no escuchamos a nuestros hijos, hablen o no. Dice Ruth que “en general estamos absortos en nuestros propios pensamientos y hay demasiados estímulos que nos alejan del vínculo sano: el móvil, la tele, una conversación…”. Y no le falta razón porque todas estas distracciones hacen que muchas veces no estemos presentes. “Pasamos tiempo con ellos pero no siempre de calidad porque nuestra cabeza está en otro sitio. Dirigimos demasiado a los niños, sin escuchar cuáles son sus necesidades y motivaciones. Simplemente desde la escucha, la observación, la presencia y desde un acompañamiento amoroso todo se simplifica más y podemos generar sistemas de relación más sanos y fuertes”.

Bañar_Otanana

El proceso de signar evoluciona de forma natural

El proceso de signar evoluciona de la misma manera que evolucionan las primeras palabras: ” El bebé primero imita los signos a su manera y poco a poco el signo va cogiendo forma hasta que el peque los hace de la misma manera en la que se lo mostramos. Un paralelismo con el habla sería que el bebé, para decir agua, primero dice “aba” y más adelante va perfeccionando su manera de pronunciar. En algunas ocasiones, el bebé se queda en una fase en la que hace el signo a su forma y la palabra aparece antes de que éste evolucione; en otras ocurre que el bebé tiene necesidad de decir algo que nosotros no le estamos enseñando. Es muy natural que él mismo invente un signo para comunicar lo que quiere. Esto pasa también con las palabras”.

Hay padres que piensan que si sus hijos se comunican por signos, tardará más en hablar. ¿Qué hay de cierto? Ruth nos explica que esto no sólo no es cierto sino que, además, el uso de signos facilita el aprendizaje del habla. “Linda P. Acredolo y Susan W. Goodwyn investigaron durante muchos años sobre el impacto en el habla de los bebés que signaban y descubrieron que los signos son una herramienta comunicativa que no interfiere negativamente en la adquisición del habla. Cuando se los mostramos, los acompañamos de las palabras, es decir, les hablamos al mismo tiempo, recalcando cómo se dice a la vez que les enseñamos el signo. De esta forma, y de manera natural, cuando el peque va adquiriendo las palabras va dejando los signos a un lado”.

Con el uso de los signos nunca dejamos de interactuar y comunicarnos con el niño y siempre hay que tener presente que esto es un recurso que utilizamos con el objetivo de mejorar la comunicación no de sustituir una por otra. Ruth utiliza el paralelismo del uso de signos con el gateo y los primeros pasos: “El gateo no hace que el bebé no vaya a andar, sino que favorece la coordinación, la fuerza en las piernas, etc. para que se produzcan más adelante los movimientos que necesitamos para caminar. El bebé al final deja el gateo a un lado y solo anda. Con los signos pasa algo parecido”.

Mucho por hacer para la integración

Ruth Cañadas, tras haber trabajado durante varios años con personas sordas y sordociegas nos explica que desde su experiencia, en general en nuestra sociedad no existe la integración real. “No integramos a las personas sino que las hacemos adaptarse a lo mayoritario: son ellos los que tienen que leer los labios para entendernos, son ellos los que tienen que usar dispositivos para mejorar su audición, etc.”. Y opina que la sociedad debería acercarse a estas personas para simplemente “intentar comunicarse con ellos”.

Las personas sordas tienen el handicap de pertenecer a las llamadas discapacidades invisibles. “No sabes que una persona es sorda hasta que te tienes que comunicar con ella. Una persona ciega o con dificultades motoras o cognitivas sí llama más la atención y parece que la sociedad se adapta mejor a algunas discapacidades que a otras. La sordoceguera ni siquiera se conoce, por desgracia”, explica Ruth.

Disponer de intérpretes en los informativos, la integración real desde el aula, poner subtítulos en los vídeos son solo algunas de las medidas que Ruth cree que si se llevaran a cabo mejorarían mucho la integración real de estas personas quien apunta que, al menos, “con las nuevas tecnologías, las redes sociales o blogs está mejorando mucho el acceso a la información para este colectivo”.

 

 

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Diana Oliver

Diana Oliver

4 comentarios

  1. Ale empezó a comunicarse por ruidos y señales muy pronto o es que por suerte las dos nos entendimos bien.
    Con el tema de las discapacidades coincido. Cuando era azafata de vuelo (una que ha hecho de todo, jajaja) nos daban unas pautas de como tratarlos con el máximo respeto. Dejar que ellos nos guiaran y no tratarlos como torpes o tontos. Si eché de menos saber un poco de lengua de signos y ser yo la “adaptada” y no siempre ellos. Compartir su esfuerzo.
    Besos!

    • Yo también pienso así, al final creo que nos cuesta ponernos en su lugar. Lo comparo con las alergias, si no tienes una alergia limitante o importante no entiendes lo que es y cuesta encontrar quien empatice contigo. Bueno, en general nos cuesta empatizar y vamos a lo fácil, creo.
      Besazo!

  2. Es completamente cierto: los bebés saben comunicar mucho más de lo que creemos habitualmente. El problema suele estar en nuestro lado, en que no encontramos, por una parte, la capacidad de entenderlos, y en que muchas veces, por otra, ni siquiera les prestamos atención.

    Yo llevo mucho tiempo intentando asociar gestos a algunas de las acciones básicas con Lara, y hay unos cuantos que los repite con precisión desde muy temprano. Conseguir, por ejemplo, que nos indique cuándo quiere comer, creo que es una buena forma de esquivar berrinches por falta de entendimiento cuando tiene hambre.

    Desde luego requiere esfuerzo, constancia y atención, pero merece la pena seguro. ¿Cuánto pagaríamos por poder tener una comunicación funcional básica con nuestros bebés desde pequeñitos? La de situaciones que mejorarían si supiéramos entenderlos… Pues esto es un buen acercamiento.

    • Exacto. Requiere esfuerzo, constancia y atención pero también tiempo y creo que al final muchas veces la vorágine de los días nos consumen y ya no hay espacio para más. Me da una pena terrible porque con Mara sí que nos hemos comunicado más o menos pero es cierto que creo que si hubiéramos aprovechado más este recurso, nos habríamos ahorrado muchos sofocos 🙁

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