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Ser madre de dos o la sorpresa de la bimaternidad

hermanos

Contaba en este post los miedos y preocupaciones que rondaban mi cabeza durante el segundo embarazo. Entre ellas, los celos, la organización y el enamoramiento ocupaban un lugar destacado en mi pequeño gran drama particular. Y la verdad es que durante los 9 meses que Leo estuvo en la barriga intenté ponerme en lo peor, en el escenario más difícil una vez que ya estuviera aquí. “Difícil” entre comillas, claro, porque realmente si se piensa bien estas pequeñas batallas que pasan por nuestra cabeza no son si no problemas menudos en comparación con verdaderos problemas (principalmente, enfermedades graves).

Sin embargo, y de momento, no sé si puedo decir sin el riesgo de enfrentarme a la Ley de Murphy que la llegada de Leo está siendo relativamente más fácil de lo que habíamos imaginado (pese a que vivimos sumidos en un caos absoluto), pero lo que sí puedo asegurar es que está siendo una experiencia totalmente distinta que me está sirviendo para saborear mucho más lo que supone tener un bebé tan pequeño entre los brazos.

¿Experiencia o cuestión de carácter?

Del nacimiento de Mara y los meses posteriores recuerdo una sensación de miedo, de inseguridad y de incertidumbre permanente. Me veo a mí misma sentada en la cama llorando el día que llegamos del hospital y diciendo que no iba a ser capaz de cuidar a aquel bebé diminuto. Era tan pequeña… Y yo no tenía ni idea de cómo hacerlo. Estaba aterrorizada.

No ayudaban los lugares comunes que rondaban nuestra mente. Tampoco los comentarios y consejos (bienintencionados, pero nada acertados) de nuestro entorno. Desde el “¿Aún no te ha subido la leche?” hasta el “No la cojáis en brazos que se va a acostumbrar” o el “Tiene que dormir en su cuna”. Todo era cuestionado. ¡Éramos primerizos!

Pero lo cierto es que todo fue evolucionando y de aquellas inseguridades y miedos, de aquellos enfados ante el juicio permanente de los demás, llegó poco a poco la calma. Mes a mes fuimos aprendiendo todos juntos. Creciendo. También fuimos conociendo más a Mara, sus necesidades, su carácter.

madre-del-segundo-hijoComo nos dijeron un día Paula y Pedro, “cuando llega el primero te conviertes en madre o padre, con el segundo ya lo eres”. Y esto, para mí, hace que todo sea distinto a todos los niveles. Leo ha aterrizado tras tres años de prácticas en esto de la maternidad. Tres años de recopilación de información, de sumar experiencias y de cometer muchos errores (seguramente muchos más que aciertos). Con Mara me convertí en madre y eso supuso un cambio brutal en todos los aspectos. Con Leo ya se ha producido la transformación más brutal y ahora toca seguir aprendiendo porque gozamos de una beca indefinida.

Y realmente no sé si el carácter de Leo es más “fácil” o “tranquilo”. O si, en realidad, somos nosotros los que hacemos que sea más fácil porque ya sabemos cómo es esto de tener un bebé “entre manos” (está claro que la experiencia es un plus). Pero, la verdad, es que poder vivir la bimaternidad con menos miedo, menos cabreos por consejos no pedidos, menos incertidumbre y menos sorpresas, ha logrado que pueda disfrutar de Leo mucho más. Con más calma. Y eso pese a que a las 24 horas del parto ya estaba en marcha recuperando el ritmo diario ya que ahora contamos con la presencia de una niña de tres años.

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La locura del día a día

Desde aquel 8 de octubre de 2013 hasta hoy han cambiado muchas cosas: no solo han sido tres años de prueba y error como padres, también ha cambiado nuestra situación personal, laboral y familiar. A día de hoy vivimos en un caos absoluto de carreras, de búsqueda de horas de calidad para poder trabajar, de organizar comidas y de cenas, de malabares para poder hacer la compra, de lavadoras y secadoras que nunca terminan, de lavavajillas que sacar y cacharros que fregar, de rabietas de gran intensidad, de toneladas de migas y arena por barrer, de virus que llegan y no se van, de tareas pendientes que no dejamos de sumar a una infinita lista.

Hay días en los que no sabemos por dónde seguir, días en los que acabamos absolutamente derrotados y desmotivados. Sin embargo, la bimaternidad me ha sorprendido y me ha enseñado que no todos los bebés son iguales, que cada cual tiene una personalidad y un carácter distinto (ni mejor ni peor, diferente) y que es posible volverse a enamorar cuando le coges por primera vez en brazos, que los celos fraternales no siempre aparecen (al menos en el primer momento), que lo que nos pareció difícil o imposible la primera vez ahora puede convertirse en un juego de niños, que al final lo que importa siempre es hacer lo que “nos nace hacer”, que no hay dos experiencias iguales (ni dentro de la propia familia ni entre familias), que el trabajo en equipo es fundamental para no caer en el abismo y que los hijos, a veces, te pueden conducir hasta personas maravillosas sin las que ya no imaginas tu vida; personas que te ofrecen su apoyo moral, emocional y/o logístico y que hacen que todo sea mucho más fácil a golpe de mensajes emocionantes, de cestas de frutas o de verduras o de generosos surtidos de pañales y de tupers.

¿Y vosotros? ¿Cómo habéis vivido la llegada de otro hijo?

 

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Diana Oliver

Diana Oliver

27 comentarios

  1. Pingback: El amor infinito
  2. Totalmente de acuerdo, la segunda vez hay más trabajo y sin embargo hay mucho menos estrés y agobio. Yo en mi caso creo que es porque ya tenía asumido mi nuevo rol, la primera vez me costó asumirlo…

  3. Yo antes de tener la segunda estaba asustadísima, y eso que las mías no son de alta demanda. Y luego mis miedos no se confirmaron. Me daba miedo no poder prestarle la misma atención a la mayor, cosa que no ocurrió, o que la mayor lo pasase mal por celos, cosa que tampoco ocurrió.

    Yo creo que el tema es que mucha gente me decía de todo en plan agorero, que si no levantas cabeza hasta los no sé cuántos meses, que si haces al pequeño mayor…vamos, de todo. Qué le gusta a la gente asustar o decir cosas catastróficas.

    Luego todo fue mucho más fácil de lo que pensaba, con sus momentos de estrés, vamos cansados o lo que sea, pero en general mucho más fácil de lo que pensaba. Y ellas se adoran, ver cómo se llevan, se quieren…es algo genial.

    Disfrutad mucho de estos momentos.

  4. Me alegra leerte así. A mí me quedan dos meses para ser bimadre y también me pongo en lo peor jajaja. Lo que también pienso es eso, que ya soy madre, que la experiencia hace mucho. De hecho creo que disfrutaré, en cierto sentido, más de este nuevo bebé.

  5. Completamente de acuerdo, Diana. A pesar de ser dos, parece que ya llevas más “camino rodado” y es más fácil. Como bien dices ya sabes cómo va la lactancia, cómo se da el baño, cuándo y cómo va a dormir (básicamente dónde, cuándo y cómo quiera). Así que te estresas menos.

    A nostros nos estresaba casi más cómo lo iba a llevar el hermano el dejar de ser hijo único que cómo nos íbamos a adaptar nosotros. Y debo decir que hemos tenido muchísima suerte y Rafa quiere una bararidad a su hermano pequeño. Nos ayudaba con el baño y cuando se ponía a llorar le buscaba la chupeta y se la ponía ¡Para morirse de amor!

    Un saludo

    • ¡Qué bonito Nazareth! Yo digo “fácil” entre comillas porque realmente está siendo todo una locura pero con ello me refiero a nuestra actitud; a nuestra experiencia con esto de tener un bebé entre manos 🙂 Creo que hay muchas cosas que ya hemos pasado o en las que ahora tenemos más confianza en nosotros mismos. Eso sí, seguro que vendrás otras cosas… Jejeje…

  6. Eugenia, te entiendo perfectamente. Mi primera maternidad fue preciosa, de libro, diría yo: un bebé tranquilo, sin problemas de salud y yo con todo el tiempo del mundo para dedicarle y con una idea muy clara de cómo quería llevar la maternidad, por lo que los consejos no me afectaban (de hecho, solo recuerdo dos que me gustaron; los otros, que seguro hubo, supongo que ni los registré). Mi segunda maternidad fue y sigue siendo totalmente diferente. Para empezar, ha sido bi y trimaternidad a la vez (mellizos) y mudanza incluida. Al margen de los problemas médicos, está siendo muy duro poder atender las necesidades de mis tres hijos, las mía propia y las de mi familia en general. Además, me invade un sentimiento de culpa, por un lado, por no poder dedicerles a mis bebés toda la atención que le di a mi primogénito y, por otro lado, por no poder dedicarle tanto tiempo como antes al mayor. Pero no me quejo, solo que, efectivamente, como dice Eugenia, los segundos no siempre se crían solos y no es tan bonito ni fácil.

  7. Para mí el primer mes fue caótico!! La mayor acababa de cumplir sus (terribles) 2 años y desde que entró su hermana en casa fueron celos horribles hacia ella y hacia mi.esto duro un par de meses.imaginate cuando ya me quede sola con las dos,no podía perderlas de vista ni juntarlas.pasado ese tiempo y el habituarnos los unos a los otros establecer horarios etc y cambiarnos de casa parece que vemos La Luz recién cumplidos los 10 meses de la pequeña.se adoran y a punto de dar sus primeros pasos se ríen e interacción al juntas. Me tienen loca de amor.un beso Diana!!

  8. Si ya lo decía Vanesa: «es peor pensarlo que pasarlo». No todo podía ser más difícil con el segundo. La logística se complica, es cierto, pero a cambio somos una versión actualizada de nosotros mismos con multitud de mejoras y, sobre todo, con bastante más callo. Me alegra leerte en positivo también y tan enamorada de tu niño bonito.
    ¡Un besote!

    • Sí, y eso que no “fácil” no me refiero a que todo sea un camino de rosas. ¡Para nada! Pero es cierto que en lo que tiene que ver con el “funcionamiento de un bebé” me está resultando más sencillo que la primera vez. Quizás es que fui la reina de las mamás pardillas y como no tenía la menor idea de lo que me iba a encontrar… Zas! 🙂
      Beso enorme a esa familia bonita. Os echamos de menos dentro de nuestro caótico universo 😀

  9. Para mí la etapa más caótica fue cuando el pequeño ya andaba por los cinco-seis meses, porque entonces se despertaron los celos del mayor. Fue tremendo y nos puso todo muy difícil. Pero, bueno, todo se supera y la bimaternidad es una experiencia maravillosa (agotadora también, pero llena de cosas buenas). Besos!

  10. Me ha encantado esta entrada. Nosotros estamos planeando la bimaternidad (a ver si llega jeje) y me ha tranquilizado mucho tu experiencia. Coincido en que el segundo me va a traer experiencias nuevas y distintas al primero. Yo pasé unos primeros meses con la niña muy difíciles (siempre digo que tuve depresion postparto no diagnosticada) y ahora espero con mucha ilusión la posible llegada de un segundo. Eso sí, cuando llegue que por ahora estamos en preproyecto jaja

    • Vaya, Tita, siento aquellos primeros meses pero me alegra ver ese optimismo hacia la esperada llegada del segundo 🙂 Un beso y ¡a por ello!

  11. En mi caso la bimaternidad está siendo todo un reto. Mi bebé de casi dos meses tras unas primeras 3 semanas relativamente tranquilas, comenzó a tener episodios de llanto inconsolable a todas horas. Dormir una media de 2 o 3 horas al día, con otro peque de 2 años y medio, un marido que trabaja muchísimas horas y un bebé imposible de calmar, me está agotando física y psicológicamente. No paro de decir que si mi niña fuera la primera se habría quedado hija única 😂. Además, esto me pilla por sorpresa, por eso de que todo el mundo te dice que los segundos se crían solos…en fin, no me queda otra que tener paciencia!

    • Vaya Eugenia, siento leerte 🙁 Eso de que “se crían solos”… ¡Tela! 😀 La verdad es que para mi también es un caos todo esto pero sí que es cierto que me siento más “cómoda”, “segura” con Leo que con Mara aquellos primeros meses. Ha sido esto una sorpresa para bien <3

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